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¡¡¡UFFAAAAAA!!! Los perdedores no quieren perder
En
el día 18 de abril pasado en el diario La Nación,
el famoso economista Rudiger Dornbusch, autor junto al actual
representante del FMI Stanley Fisher de numerosos Manuales,
escribió un artículo político sobre la última marcha
contra los organismos el Fondo Monetario Internacional y
el Banco Mundial, y las consecuencias de sus programas.
En
su artículo, el economista manifestó: “lo extraordinario
no son las protestas en sí, sino la capacidad de convocar
y movilizar a tantos grupos distintos, aunándolos en un
aullido gigantesco contra todo lo que anda mal en el mundo.
¿Pero debemos tomar en serio estos alaridos?” Está claro
que, dado el autor, la pregunta se convierte en retórica.
Y como no podía ser de otra manera, la explicación de la
negativa es preservar ‘un sano enfoque económico respecto
a la administración de la economía mundial’. Pero, además,
el economista – político nos advierte de la verdad detrás
de las manifestaciones, y su democrática solución: “la
razón más importante para cerrar los oídos a estos gritos
es que la principal fuerza organizadora de las manifestaciones
es el sindicalismo norteamericano, un movimiento que tiene
problemas terribles con el libre comercio y, en verdad,
con cuanto se asemeje a un mercado libre global.”
Pero
¿sólo el sindicalismo norteamericano tiene problemas con
el mercado libre global? Según Dornbusch pareciera que sí,
porque en su artículo señala que las propuestas de los manifestantes
consisten en rechazar ‘los programas del FMI mediante concordados
y reducciones en perjuicio de los acreedores, programas
sociales más amplios y control del capital’ justamente cuando
“muchos países pobres acaban de recuperarse del impacto
causado por ideas tan disparatadas. Sería trágico que los
indujeran a reinplantar esas políticas erradas y recaer,
así, en la miseria”.
Y
después se pregunta “¿a qué viene tanta cólera en un
país floreciente como los Estados Unidos? A que, pese a
la actual abundancia de empleos y créditos, los trabajadores
guardan el recuerdo de los duros veinte años de despidos.
Ahora quizá tengan trabajo y les sea fácil cambiario, pero
creen que el empleo bueno y seguro es cosa del pasado. Lo
achacan a las codiciosas multinacionales, sobre todo a los
directores que amasan fortunas increíbles decidiendo temerariamente,
a puertas cerradas, la vida de otros.”
¿Por
qué entonces tanta cólera en un país floreciente como los
Estados Unidos?
Quizás será porque en Estados Unidos, durante en esos últimos 20 años
desde la llegada de Reagan al Gobierno, las familias norteamericanas
que en la escala de ingresos pertenecen al 10% por ciento
superior incrementaron su ingreso promedio en 16 por ciento.
Si se toma únicamente la franja del 5% con mayores ingresos,
estas familias vieron éste incrementarse en 23%. Pero tomando
solamente al 1% más alto, se observa que el ingreso de estas
familias aumentó en 50%. Así, las familias con ingresos
pertenecientes al 80% más bajos tuvieron sus ingresos reducidos.
Si se toma a las familias ubicadas en la franja de ingresos
del 10% más bajo, se observa que el mismo se redujo en 15%.
Por lo tanto, si en 1977 el sector de las familias ubicadas
en el 1% más alto de los ingresos era 65 veces superior
respecto al correspondiente a las familias del sector del
10% más bajo, diez años después esa distancia se incrementó
a 115 veces. Por eso, es que se puede decir que Estados
Unidos constituye hoy una de las sociedades más desiguales
del mundo.
Por otro lado, de acuerdo a un reciente artículo del diario Clarín,
“según las estadísticas de Naciones Unidas y al calor de
las políticas neoliberales, un centenar de multinacionales
han logrado imponer sus reglas y acaparar el 75,5 por ciento
del comercio global. Las ventas de las cinco transnacionales
más importantes -General Electric, Ford Motor, Royal Dutch/Shell,
General Motors y Exxon- durante 1999 alcanzaron 670 mil
900 millones de dólares”. Sea dicho de paso, que Dornbusch
firma su artículo como portador de la Cátedra Ford en la
Universidad M.I.T. en los Estados Unidos.
Por eso no se entiende la postura política del economista para rechazar
claros argumentos económicos. Quizás por eso es que en las
marchas de protesta, y frente a las consecuencias de aquellas
medidas de ‘sana administración económica’, se juntaron,
además de sindicalistas, “campesinos, indígenas, estudiantes,
ecologistas, hippies envejecidos y hippies tardíos, ambientalistas,
rabinos, ligas de consumidores, pastores, sacerdotes, anarquistas,
pescadores, gays, lesbianas, defensores de los animales
y de los bosques y académicos para expresar que consideran
al mundo en exceso desigual”. Queda claro
que el 80% restante es muy heterogéneo. Pero, además, saben
que la consecuencia de la aplicación de los programas de
ajuste y destrucción del aparato productivo fuera de los
EEUU, cuyo efecto inmediato para ellos es la tremenda
baja de salarios en el resto del mundo, es que sus fábricas
se van de ese país para trasladarse a donde pueden aprovechar
los menores costos. No es tanto el pasado lo que los asusta,
sino el futuro.
Y así hablan de que se perdone las deudas al tercer mundo. Porque en
el mundo el 20% de la población recibe el 83% del ingreso
mundial, mientras que el 60% más pobre de la población mundial
sólo obtiene el 5.6% de la riqueza mundial. Y aumentar el
comercio mundial no parece ser la solución, sino el problema:
desde 1960 a 1990, treinta años en que el comercio mundial
creció fuertemente, la relación de riqueza entre el 20%
más rico y el 20% más pobre de la población mundial pasó
de ser 30 a 1 a 59 a 1.
Es
claro que no es la visión del economista – político: “La
nueva economía será estupenda para el desempeño económico,
pero impone a mucha gente ajustes, tensiones y un ritmo
de cambio que parecen sobrepasar su capacidad de enfrentarlos”.
Es claro; es estupenda para el desempeño económico.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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