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«En
el largo plazo estamos todos muertos...pero no todos al
mismo tiempo»
En
1923, John Maynard Keynes sentenciaba: «el largo plazo
es una guía confusa para la coyuntura. En el largo
plazo estamos todos muertos. Los economistas se plantean
una tarea demasiado fácil, y demasiado inútil, si en cada
tormenta lo único que nos dicen es que cuando pasa el temporal
el océano está otra vez tranquilo». La coyuntura era
la recesión intensa que vivía Inglaterra en la post - guerra.
El desempleo llegaba al 20%. La solución de los economistas
era la misma que la de hoy: glorificar al mercado, que sólo
exigía una única cosa: tiempo. ‘Las fuerzas de mercado’,
liberadas de toda interferencia, terminarán solucionando
todos los inconvenientes; en ‘el largo plazo’, como se denomina
ese momento en la jerga económica.
La
preocupación de Keynes era que llegar ‘al largo plazo’ lleve
mucho tiempo. Ante fuertes recesiones, una larga espera
puede no ser viable; en el medio, las sociedades pueden
desintegrarse. La actualidad de esta frase para evaluar
los problemas económicos actuales en la Argentina es indiscutible.
Pero se vincula especialmente con el proyecto del gobierno
y de los economistas técnicos de ‘dolarizar’ la economía
argentina, porque en este caso, no sólo se justifica, una
vez mas, en base al mercado como panacea de las fuerzas
del mercado, sino que, además, es una medida de modificación
del propio mercado. Es realmente llamativo como un argumento
tan simplista y abstracto puede ser tan efectivo políticamente,
y en tantas oportunidades. En la Argentina se lo utilizó
varias veces en los últimos años, y siempre con consecuencias
nefastas. En 1976, Martinez de Hoz lo utilizó para efectuar
la apertura comercial y financiera
y la célebre «tablita»; el resultado fue la quiebra de numerosas
industrias y bancos nacionales, la ‘bicliteta financiera,
y la deuda externa. En el Gobierno Menem, el equipo Bunge
y Born nuevamente se basó en los arguemntos del mercado
para repetir una apertura comercial y financiera, pero además
las privatizaciones; después lo usó Cavallo para la implementar
la Convertibilidad; como consecuencia tenemos nuevamente
la quiebra de numerosas empresas nacionales, el fuerte desempleo
y concentración de la riqueza, la desnacionalización de
gran parte de los activos productivos públicos y privadas,
altisimas tarifas de los servicios públicos.
Ahora,
nuevamente, se lo utiliza para justificar el proyecto de
dolarización. Como antes, también los beneficios se verían
en el largo plazo. Es interesante que este proyecto esté
recibiendo bastante rechazo por la opinión pública, mientras
que la Convertibilidad es uno de los estandares políticos
del Gobierno. En efecto como señalan sus defensores, ‘tecnicamente’,
la dolarización no difiere mucho de la convertibilidad.
La mayor prueba de eso es que, como sostiene Cavallo, la
dolarización esta contemplada, como caso extremo,
por la convertibilidad; los argentinos con solo cambiar
sus pesos a dólares habrán dolarizado su economía. Es decir,
no precisa una decisión política: es una opción de los argentinos.
Y sin embargo, es una opción que no se toma. Por qué?
Indudablemente,
comenzando por el propio término, ‘dolarización’ implica
el abandono de cualquier tipo de proyecto nacional. Aunque
«tecnicamente» no difiera tanto de ‘convertibilidad’, ambos
si lo hacen en cuanto al reconocimiento de poseer, o desear
poseer, autonomía nacional. Una cosa es adoptar una convertibilidad
como primer paso para sanear la moneda nacional; lo opuesto
es adoptarla para reemplazarla.
Es
decir, los argentinos quieren que la Argentina continue
existiendo. Es interesante observar que en el pasado la
implementación de medidas de mercado se hacían por el ‘bien
nacional’, hoy el Ministro Fernández califica a quien rechaza
la dolarización de responder a «un falso nacionalismo».
Los argumentos pro mercados, finalmente, se han despojado
con cualquier identificación nacional. Esto es lógico porque
quien glorifica las potencialidades del mercado, se está
basando en un ente abstracto y ahistórico, que no se identifica
con ningún otro factor que
si mismo. Cualquier otra cosa que se cuenta, es, para este
razonamiento, un estorbo al funcionamiento de las fuerzas
de mercado.
Otra
cuestión es si el rechazo constituye «un falso nacionalismo».
Si lo es, por qué EEUU, el país más avanzando del mundo,
no adopta al Euro o al yen como moneda? O por qué los europeos,
que también son más desarrollados que nosotros, no polarizaron
directamente toda Europa en lugar de dedicarse años de trabajo
para unificar su moneda? Liquidar la moneda nacional y adoptar
la de otra país, obviamente, significa que se pierde autonomía,
ya sea frente a otro país o frente ‘al mercado’; si negarse
a perder autonomía es «un falso nacionalismo», cuál es «el
verdadero nacionalismo».
Paradójicamente,
si bien cada vez que en la Argentina se adoptaron medidas
mercadistas se las justificó en nombre del «largo plazo»,
fue inmediatamente en el «corto plazo» que generaron algún
bienestar: «la plata dulce», «el milagro Cavallo». Pero
para el largo plazo dejaron perjuicios casi imposibles:
la deuda externa, quiebras, desempleo. Elementos que aún
perjudican el bienestar de gran parte de los argentinos;
elementos aceptados que durarán un «largo plazo». Por eso
la preocupación de Keynes por la justificativa del largo
plazo es aún válida. Pero mientras llegue el largo plazo,
qué sucede? Cómo es la espera? Si estamos en el medio de
«un temporal», como figurativamente habla Keynes, hasta
que «el oceáno este otra vez tranquilo», es decir hasta
llegar al «largo plazo», donde el mercado resolverá todos
sus desequilibrios, cómo se reparten los costos? Porque
los desequilibrios del mercado son siempre prejuicios para
unos y beneficios para otros. Por eso, Joan Robinson, discípula
de Keynes, agregó que «en
el largo plazo estamos todos muertos...pero no todos al
mismo tiempo». El
proyecto de dolarización justificará esta frase.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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