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Despacito,
despacito, despacito.....
Despacito,
despacito, despacito, la dolarización se va instalando.
Hoy, ¿cuántos argentinos cuando la escuchan no tienen la
menor idea de lo que se trata? Hace un año y medio que se
la viene rechazando.....
Lentamente,
de a poquito, se va transformando en una palabra más. Engrosa
el diccionario. Se convierte en «propuesta». ¿Propuesta
loca? Tan loca como la propuesta de privatizar a mediados
de los 80s; con tan poca consenso como la propuesta de
convertibilidad que hiciera Roque Fernández en 1987.....
Como
aquéllas dos «propuestas», la dolarización utiliza maquillaje
de «propuesta económica» para esconder un proyecto de país,
de sociedad. O, mejor dicho, de no país, de no sociedad.
La dolarización no es una discusión económica.
Tan
poco tiene que ver con economía, que sus adeptos (abiertos),
subrepticiamente, hacen uso de la típica argumentación simplista
y falaz: «dolarización => modernización => bueno».
Pero
que la dolarización no sea una discusión económica, no implica
que no tendrá consecuencias económicas. Todo proyecto de
Nación lo tiene. Y la dolarización es el proyecto de la
no Nación. De quienes no tienen interés en sí que exista
la Argentina. De quienes quieren ser simplemente «consumidores
de alto poder adquisitivo en el mercado mundial». De quienes
se sienten satisfechos vivir copiándose de cómo viven en
«el primer mundo». Esa gente, necesita imperiosamente de importaciones baratas. Por eso, la convertibilidad;
por eso, la dolarización.
Por
eso, el pequeño «primer mundo» y el gran «tercer mundo».
Por eso, «la convertibilidad fue buena (para pocos), pero
dejó a mucha gente afuera». Por eso, celulares baratos y
gente durmiendo en la calle. Por eso, negocios de todo por
$2 y fábricas que cierran. Por eso: porque con la convertibilidad
y con la dolarización sólo un pequeño grupo podrá ser, efectivamente,
«consumidores de alto poder adquisitivo en el mercado mundial».
El resto.......
Por
eso, la primer contradicción es defender la convertibilidad
y criticar la dolarización. La dolarización sólo desvelaría
lo que la convertibilidad viene escondiendo: que la Argentina
no tiene moneda propia. ¿Qué capacidad de existencia tiene
un peso sin un dólar detrás? Eso es la convertibilidad.
Así cómo el paso de la convertibilidad a la dolarización
constituye un camino de «des-argentinización», también vemos
que a nivel cultural se está dando el mismo camino, por
ejemplo, con cierta producción cinematográfica que presenta
su valor en que «no se parece cine argentino».
Para
que $1= US$ 1, la Argentina debe ser tan productiva y competitiva
como EE.UU. Esto, claro está, es absurdo. En un reciente
Ránking Internacional de niveles de competitividad entre
50 países, EE.UU. estaba primera y la Argentina 37º. Mayor
productividad implica poder vender cada
unidad a un precio más bajo. Como la Argentina no puede
seguir ese ritmo, la producción local no puede competir
con la internacional, y las empresas nacionales quiebran.
¿Alguien no nota que vienen quebrando? ¿Por qué la dolarización
cambiaría esto? Más bien lo contrario. La convertibilidad
como la dolarización sólo pueden ser recesivas. Los países
que no están dolarizados, pueden devaluar sus monedas para
compensar su menor nivel de productividad. Pero la Argentina
no puede devaluar porque al argentino le importa más cuánto
gana en dólares, que lo que puede comprar con lo que gana.
La mitad de los argentinos gasta hasta el 39% en alimentos;
¿el resto lo destinarán para acceder a las importaciones
para vivir en el «primer mundo»?
Despacito,
despacito, despacito, en abril del año que viene van a cumplirse
10 años de la
convertibilidad. Desde entonces, junto con las otras políticas
llevadas adelante (apertura comercial y financiera, privatizaciones,
desregulaciones), despacito, despacito, despacito ocurrió
esto. Primero la impactante: concentración de riqueza. Mientras
en 1991 el ingreso del 10% más rico de la población era
casi 20 veces el ingreso del 10% más pobre, hoy es casi
30 veces. Actualmente, solamente el 1,6% de los habitantes
reciben un sueldo superior a $2.400, mientras que casi el
75% recibe uno de $600 o menos - y más la mitad de éstos
uno incluso menor a $400. Buenos Aires ingresó al Siglo
XXI con 100.000 personas viviendo en las 18 villas miserias
de la Capital Federal, el doble respecto al momento de inicio
de la convertibilidad. Han quebrado 130 mil comerciantes
y 420 mil jefes de familia mayores de 40 años están sin
trabajo (de los cuales dependen 1,6 millón de personas).
Además, a pesar de
que por las privatizaciones ingresaron
recursos por más de U$S 13.000 millones, entre rescate de
deuda y efectivo, al mismo tiempo, la deuda externa aumentó
en casi U$S 65.000 millones: al 31/12/99 la deuda externa
argentina es de U$S 121.877 millones. Además, la economía
argentina ha sido fuertemente extranjerizada: de las 200
empresas líderes, sólo el 35% es de capital nacional al
revés de lo que sucedía cinco años atrás.
Pero
también despacito, despacito, despacito, otros sectores
fueron incrementado sus ganancias fuertemente y en
términos de dólares. Obvio, son los sectores que quieren
la dolarización: el sistema financiero, las empresas de
servicios públicos privatizados, las grandes empresas que
sí pueden competir a nivel internacional. Son los sectores
«chupa-dólares». Succionan al resto del país, a la capacidad
productiva existente,
su capital hasta hacerlo desaparecer. ¿Las economías regionales?
«Inviables»; ¿las pymes? «ineficientes». ¿Las tarifas públicas?
¡«Ajustadas» a la inflación de EE.UU., a pesar de haber
deflación acá!; El gasto en servicios públicos para las personas de menores recursos
pasó, entre 1986-96, de representar del 9 al 17% de su ingreso.
¿La tasa de interés? Seis veces la tasa de EE.UU.
Los activos del sector
financiero también fuertemente extranjerizado durante
la convertibilidad , en conjunto, se expandieron 293% desde
el día anterior al comienzo de la convertibilidad al 31
de julio de 1999.
Desde
la convertibilidad, despacito, despacito, despacito, no
se implementó «un plan económico»: cambió una sociedad.
Cada vez más parecida a la de EE.UU. En 1999 se denunciaron
un 1.043.757 delitos, casi el doble que en 1992. Mientras
que en 1995 las muertes por delitos cometidos fue, entre
civiles y policías, 194 el año pasado llegaron a 349. Antes
de la convertibilidad, en la Argentina, ¿alguien podría
haber sido candidato a Presidente prometiendo «seguridad»?
La dolarización es el proyecto de profundizar esta
sociedad.
¿Menem
pensó solito la
dolarización? ¡Por favor!
.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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