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Argentina 1989-99: El suicidio de un país.
Diez
años de políticas del Gobierno Menem en la Argentina dejan
como saldo la tremenda concentración de la riqueza.
Ese es el resultado principal de la implementación del recetario
neoliberal. La apertura comercial, la liberalización financiera,
la desregulación de la economía, las privatizaciones, la
convertibilidad, el Plan Brady, todo, todo, se combinó para
generar una sociedad desigual e injusta como nunca antes,
ni cerca, la Argentina había sido.
Para
los defensores del modelo fueron «años de profunda transformaciones
económicas» que permitieron retomar el crecimiento y obtener
la tan deseada «estabilidad», luego de la hiperinflación
de 1989. Pero la realidad no se puede analizar parcializadamente.
Es decir, no se puede desvincular la estabilidad de la recesión
y del desempleo, como así tampoco de la concentración de
la riqueza. Porque sólo hay estabilidad porque hay recesión.
Así,
el dulce sabor de «primer mundo» experimentado entre 1991-94
es cada vez más un lejano y languideciente recuerdo, y el
Plan de Convertibilidad se ha transformado en una pesadilla
que parece no tener ni fin ni salida. Por eso, más del 75%
no quiere profundizar la convertibilidad mediante la
dolarización total. Ni que la inflación acumulada
entre 1991/99 haya sido inferior al 60%, ni que el crecimiento
acumulado superior al 40% sirven para paliar la angustiante
recesión que viven muchos argentinos desde hace cinco años.
En el nuevo modelo argentino, ni con crecimiento económico
disminuye el desempleo. Desde hace cinco años, el
desempleo y la pobreza golpea al menos a la tercera parte
de los argentinos.
Los
números son elocuentes. Hay 12 millones de «pobres», y dos
millones y medio son, además, indigentes; 1.700.000 están
desempleados (12,4%) y 1.300.000 subocupados (13,6%). Estas
tasas nunca hasta 1993 superaron el dígito. El 80% de los
porteños con trabajo tiene miedo de perderlo, y el 35% cree
que si lo pierde, no volverá a recuperarlo. El 60% de los
trabajadores no tiene cobertura social, por lo que más de
8 millones de personas no tendrá ni jubilación ni cobertura
médica cuando no estén en edad de seguir trabajando. La
situación social es tan grave que el Estado debió volver
a emplear la misma cantidad de personas que se había desprendido
desde 1989 (300.000), sólo que en peores condiciones laborales
(transitorios y a menos de $200). Además, subsidia al
sector privado para preservar 450.000 empleos y mantiene
un seguro de desempleo para más de 100.000. Así, el sueldo
total o parcial de más de 3.200.000 personas depende directa
o indirectamente del Estado. Tras las privatizaciones, el
gasto en servicios públicos para las personas de menores
ingresos pasó entre 1986-96 del 9 al 17%. A esto se agrega
que casi el 40% de la recaudación tributaria depende del
regresivo impuesto al consumo, con su exorbitante tasa del
21%. El 68% de los argentinos piensa que el Estado debe
volver a regular la distribución, lo cual debería ser lógico
dado que la productividad del trabajo desde 1990 aumentó
al menos 30%, mientras que el salario promedio nunca desde
1950 estuvo tan bajo.
No
sólo hay más injusticia social; hay también menos Argentina.
la mayor parte de las empresas privadas y públicas argentinas
se vendieron al exterior, y las tierras de la simbólica
pampa húmeda también. Lo mismo ha sucedido con el
sistema financiero y con los inmuebles de mayor importancia.
El especulador Soros, quien para el afamado economista Andrés
Calvo «es más importante que la CGT», hoy es dueño
de casi todos los shoppings de Buenos Aires. La debilitada
Unión Industrial Argentina, firme apoyadora del plan económico
hasta ahora, plantea volver al «compre nacional», pero
la mayor parte de la industria está deshecha. Recientemente,
el campo ha hecho varios paros porque «no puede más», por
lo que la Argentina no es competitiva ni siquiera en
su sector de ventajas comparativas. Pese que con las
privatizaciones se rescató deuda externa por U$S 20 mil
millones (más una reducción de U$S 2.300 millones por el
Plan Brady), la deuda externa siguió en continuo aumento:
U$S 60 mil millones entre 1991-98, y ya llega a U$S 113
mil millones (46% del PBI). El mayor endeudamiento es la
única opción para frenar la recesión: este año se pagarían
U$S 8 mil millones de intereses, el doble de 1994.
Pero
los beneficiados quieren aún más: dejar sin opciones
a la sociedad. Según Carlos Rodríguez, un claro exponente,
«Menem es un caballero porque está haciendo el trabajo
sucio despejándoles el camino» al futuro presidente,
empujando por la dolarización, exigiendo la flexibilización
laboral y procurando profundizar el ajuste bajando el gasto
público. En una de las tantas simplistas y burdas alegorías
que estos economistas cotidianamente construyen, Carlos
Cachanosky anuncia que en estos exitosos años la Argentina
«construyó sólo 15 metros de un dique de 30». Más directamente,
el diario El Cronista Comercial sostiene que la tarea
del Ministro de Economía «hasta el final de su mandato
es desgastar a la opinión pública con sus continuas apelaciones
al ajuste y dejarla preparada para lo que tendrá que hacer
el próximo gobierno».
Que
todavía sea necesario presentar las propuestas neoliberales
como inevitables es la buena noticia para la Argentina.
¿Qué necesidad habría de hacerlo si realmente fuesen
inevitables? De esta manera, otro camino es posible, pero
ciertamente involucra modificar el análisis de lo «bueno»
y de lo «malo» tal como se desprende si se aplica única
o principalmente la «lógica de mercado». Más que
mirar lo sucedido, los argentinos deberán preguntarse hacia
dónde conduce un modelo cuya base esencial consiste en un
proceso de auto anular la autonomía para tomar decisiones.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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