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de Aller
Atucha Sofía
...Y terminó consiguiendo la libertad
Ella lo conoció el sábado pasado. Era un chico como a ella
le gustaba; además de lindo, gracioso e inteligente. Ella
tenía sus pretensiones.
No sabía que hacer con su padre. Él era el hombre más celoso
y autoritario que Cecilia pudo conocer nunca. Vigilaba quién
llamaba, quién la visitaba, a quién llamaba. Calculaba los
minutos y segundos de llegada y de salida. Pedía que cuando
saliera llamara cada media hora para ver que estaba haciendo.
Era sofocante.
Pobre CECI, para ir a bailar conmigo y verlo a Daniel tenía
que mentir que venía a dormir a mi casa e inventar que mi
teléfono no funcionaba. Me contaba que sufría, que se quería
escapar, pero tenía miedo. Si su padre la llegaba a encontrar
la mataba. De eso estaba segura, porque ya la había amenazado
una vez. Cuando recibió su primer beso.
CECI me contó que fue a ver a un brujo. Le dio una forma para
vengarse y completar su misión en el mundo. Yo no la entendí,
pero esperé que le salga bien.
Los vecinos dicen que fue su alma. Decían que el alma de Cecilia
había matado a su padre. Yo no lo creí, para asegurarme entré
en la casa y vi dos cadáveres.
El primero era el del papá de CECI; el segundo era el de mi
compañera. Los cortados bestialmente, uno con un cuchillo
y el otro brutalmente con un hacha. Me acordé que mi amiga
me había mencionado sobre una carta cuando me salido por última
vez, inmediatamente subí a su habitación lo más rápido que
pude y pude leer esa nota que decía que el brujo le dio un
sistema que no podría fallar para liberarse de su padre de
una vez por todas. Cuando él la mate, el alma de Cecilia saltaría
de su cuerpo con un enorme hacha y se haría cargo del maldito
tal como se lo merecía.
Me quedé unos minutos, y me di cuenta que al final ella era
feliz, que era libre como siempre quiso, sin vida, pero libre.

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