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Entrevista a Berta Cáceres,
del Frente Nacional de
Resistencia Hondureña
por Carlos
Aznárez
Resumen Latinoamericano
"La liberación de los
pueblos no será obra de un
partido sino de la lucha
popular"
Berta Cáceres ha sido y es
uno de los grandes motores de la
Resistencia en Honduras. Desde
su sitio de combate, en la
dirección del Consejo de
Organizaciones Populares e
Indígenas de Honduras (COPINH),
Berta analiza con Resumen
Latinoamericano lo que está
ocurriendo en ese país y aporta
importantes conceptos sobre el
tema del Poder, y también habla
de las luchas que vienen.
-Cuál es la situación actual de
Honduras en lo que hace al
avance de las trasnacionales por
las concesiones otorgadas por el
actual gobierno?
-El gobierno ha concesionado los
ríos del país y proyectan
construir más de 300 represas.
Por otro lado, las
trasnacionales mineras han
avanzado un proyecto de ley
favorable a su impunidad para
operar y explotar. En otro
orden, también se va a poner en
marcha un proyecto de
privatización de la educación y
la salud.
-¿Cual es la respuesta que se
dio desde las organizaciones
populares?
-Las lucha histórica de las
comunidades negras e indígenas
está firme, frente a este modelo
de muerte y saqueo. También
estamos haciendo el esfuerzo de
articular a la resistencia de
base, para enfrentar otros
temas, como la militarización y
la represión.
-A propósito, ustedes vienen de
celebrar un importante encuentro
sobre la militarización, en el
que participaron otras
organizaciones.
-Así es. Es parte de un proceso
que emprendimos desde antes del
golpe de Estado cuando
impulsamos en las comunidades
del COPINH y La Esperanza, el
Segundo Encuentro Hemisférico
contra la militarización. Cuando
ocurrió el golpe en Honduras,
concentramos nuestra tarea en el
país, y ratificamos nuestra
insistencia en que Honduras
sigue siendo un portaviones de
los Estados Unidos. Los gringos
han abierto, además de la de
Palmerola, otras bases
militares, como la Caratasca y
Mocorón. También hay otra en
Puerto Lempiras. Las tres en
territorio indígena miskito. Una
más, está instalada en el
Departamento insular de Isla de
La Bahía, que es en la zona
caribeña de Honduras. Ellos
pretenden abrir más, pero no
sólo hay bases militares sino
también se dan operaciones,
entrenamientos, financiamiento y
otras estrategias. Nosotros
creímos que eso había pasado en
el 80, cuando la lucha
contrainsurgente, pero ahora
vemos que esa misma estrategia
la están desarrollando en la
zona del Bajo Aguán, que es
donde más violaciones a los
derechos humanos se están
suscitando en nuestro país.
-¿Cuál es la verdadera causa que
la represión se concentre en esa
zona campesina del Aguán?
-El Bajo Aguán ha sido
históricamente un lugar de lucha
obrera y campesina contra las
trasnacionales. Es una zona
rica, productiva, fértil. Se da
mucho la producción de cítricos,
además está muy cerca el mar y
hay una gran riqueza hídrica.
También tiene potencial
comercial. Por eso, los
terratenientes se han
concentrado, por ejemplo Miguel
Facussé o las trasnacionales
gringas, como la Standard Fruit
Company, que tiene instalados
allí sus grandes monocultivos.
Después del golpe, arreció la
lucha campesina, la resistencia
y también la reacción de los
sectores de poder. Todo el
proyecto de terror que se ha
instalado en el Aguán no es un
hecho aislado, es parte de todo
lo sucedido tras el accionar
represor de los golpistas, del
intervencionismo norteamericano
y la decisión del imperialismo
de asentar su poder económico,
político y militar. Honduras es
parte de ese proyecto de
dominación en nuestro
continente.
El otro elemento a tener en
cuenta, pasa porque esta es una
zona muy apetecida por el
narcotráfico, que es otro mal
terrible que las campesinas y
campesinos tienen que enfrentar.
Es sabido que el narcotráfico se
mezcla con los grandes sectores
económicos y políticos. Esto
hace que allí, la impunidad
torna a ser absoluta: se
asesina, se tortura, se
secuestra, no sólo a los
adultos, mujeres y hombres, sino
que también a los niños. Hay
muchos casos de niños
secuestrados y amenazados. A
algunos se los ha rociado con
gasolina y se les advierte que
si no confiesan donde están
algunos campesinos que están
huídos, se les prende fuego.
También fueron incendiadas
numerosas viviendas y escuelas.
Se producen desalojos constantes
y con mucha violencia. Hay tres
momentos de militarización
intensa y a estas operaciones
las han llamado Satrush I y
Satrush II, que es la que
sufrimos actualmente. Se han
desplegado 12 mil policías y
soldados sobre toda la zona. No
sólo operan esos uniformados
sino que hay ejército gringo.
Los hemos visto, como se
desplazan armados con sus
vehículos militares. Además
operan paramilitares colombianos
y ex oficiales de las Fuerzas
Armadas salvadoreñas. Hasta han
llevado a los Zetas, eso
criminales muy conocidos en
México.. Esos son los que están
torturando a muchos campesinos.
-El regreso de Manuel Zelaya ha
sido visto como un hecho
positivo para la Resistencia o
por el contrario se han
aquietado las fuerzas?
-Creo que la decisión de
concentrarse únicamente en la
batalla electoral es un gran
error, porque desde nuestra
visión, la liberación de los
pueblos no será obra de un
partido sino de la lucha
popular, de los movimientos
sociales y políticos. Hay que
incluir toda su diversidad y
riqueza, que no es un signo de
debilidad sino de fortaleza. La
Resistencia en Honduras tiene
una particularidad especial, que
es muy diversa, y esto la hace
extremadamente compleja, pero
sabemos que en este momento la
única manera de contrarrestar el
avance del neoliberalismo, de la
impunidad, del golpismo y la
violación de los derechos
humanos, es con las luchas
sociales, con la organización
del pueblo, construyendo poder
desde abajo, desde otra
perspectiva y concepto. Hay
varios temas que están en
entredicho, como por ejemplo el
tema del Poder. ¿Por qué se
piensa que el Poder está sólo en
el hecho de ganar el Ejecutivo?.
Nosotros hemos dicho:
pregúntenle a Mel Zelaya si
realmente tuvo el Poder, siendo
Presidente. Le dieron un golpe
de Estado. Y volvió a quedar
claro que el Poder lo tienen los
gringos, las trasnacionales, el
ejército y las 25 familias. Por
eso nosotros apostamos a una
construcción de Poder desde
abajo, y a prácticas políticas
diferentes en nuestros
movimientos sociales. Prácticas
horizontales, incluyentes que
estén muy abiertas a entender
esa diversidad, que tienen
experiencias diferentes en su
organización, en demandas, en
exigencias, en perspectivas
sobre qué Honduras queremos
refundar. Todo esto se diluye si
sólo se apuesta a la vía
electoral.
-La presencia de la mujer ha
sido muy importante en la
Resistencia. ¿Cuáles son los
logros obtenidos en todo este
camino transitado y cuáles son
las cosas que aún faltan por
ganar?
-Esta es una de las cosas que
son aleccionadoras para todos y
todas: la fuerza con que las
mujeres se hacen sentir, se ven,
se escuchan, en el proceso de
Resistencia. En la calle, la
mayoría hemos sido mujeres y eso
hace que haya compañeras
asesinadas, torturadas, se ha
dado el acoso de las militares y
policías. Con el golpe creció el
desprecio a la mujer, y también
el patriarcado, el machismo, el
femicidio. Esto se hace más
notorio si son mujeres indígenas
y negras. El racismo, el
capitalismo, el militarismo y el
patriarcado son una combinación
de muerte para los pueblos.
Frente a todo esto, las mujeres
ganamos las calles y nos dimos
cuenta que además de las
consignas y los gritos, también
tenemos propuestas. El desafío
es que en el Frente Nacional de
la Resistencia y en este brazo
electoral recién formado,
entiendan que las mujeres no
somos ni un adorno ni un número,
y que no vamos a esperar que se
termine el capitalismo para
empezar a echar para atrás el
patriarcado. Las mujeres en
Honduras queremos apostarle a
todas esas luchas.
-¿Les dolió como militantes de
la Resistencia el retorno del
gobierno de Pepe Lobo a la OEA?
-Si, porque somos una
organización que estamos en
lucha y en confrontación con el
capitalismo y los gringos,
porque no tenemos dudas de que a
eso nos estamos enfrentando.
Nosotros nos movilizamos con
nuestra gente hacia El Salvador,
donde se realizó la Asamblea
General de la OEA. Nos movimos
desde nuestras comunidades, con
la esperanza de ser escuchados,
por lo menos por los gobiernos
progresistas, y esto no pasó.
Eso es lamentable y estamos
seguros de que lo que hizo la
OEA es un error histórico que lo
está pagando el pueblo
hondureño. Y no sólo nosotros
sino también el pueblo
latinoamericano. Fue una
bofetada a nuestra lucha y
nuestros mártires. Incorporar al
régimen significó darle visto
bueno a millonarios
financiamientos para el ejército
y la policía, para todo el
proyecto neoliberal, con los
Tratados de Libre Comercio
incluidos. Eso es lo que pasó
inmediatamente con Europa, que
se firmó un TLC. Y otro igual
con Canadá.
Decimos entonces que la agresión
contra el pueblo hondureño ha
sido mayor. La complicidad de la
OEA garantiza la impunidad. Sólo
un país se negó a ello, Ecuador.
Decimos que la OEA es cómplice
de la violación de los derechos
humanos, ya que eso no ha
cesado, sino que al contrario,
ha crecido. La indefensión que
hay en Honduras es tremenda. Ha
crecido la criminalización
contra nuestras organizaciones.
Con la decisión de avalar al
gobierno en su vuelta a la OEA
no se escucharon las legítimas
demandas del pueblo en
Resistencia.
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