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Sadismo de Hillary Clinton:
"Vinimos, vimos y [Gaddafi]
murió"
Thomas
Castroviejo
A Hillary Clinton la muerte
de Gaddafi le pilló frente a las
cámaras. La secretaria de Estado
de Estados Unidos estaba
concediendo una entrevista a la
cadena CBS con su habitual
compostura y frialdad, cuando de
repente una de sus principales
empleadas, Huma Abedin, le pasó
una BlackBerry con la noticia de
la captura de Gaddafi. Las
cámaras pillaron su reacción,
mostrando cómo a esta mujer de
talante contenido se le abren
los ojos y se lleva la mano a la
boca, en un gesto de
satisfacción.
Pero lo que de verdad ha
sorprendido ha sido el
comentario que inmediatamente
hace a la periodista: "Vinimos,
vimos y murió", aclara con
inconfundible satisfacción,
rodeada de cámaras. Cuesta saber
en qué estaba pensando en ese
momento. Se sabe que es una
mujer fría, pero parece que ella
misma ordenó el ataque a Gaddafi.
Es una arrogancia sorprendente
viniendo de la mujer que un día
llamó "cowboy" al presidente
George W. Bush. Y es bastante
probable que nunca se haya reído
tan abiertamente en público.
Por lo raro de ver un momento
tan espontáneo en una mujer tan
soberbiamente correcta, los
videos se han hecho virales
estos últimos días. No obstante,
no hay que ignorar las
implicaciones políticas que da a
entender la ufana Clinton. Su
país se involucró en el
conflicto libio solo tras muchos
días de templados discursos.
Hizo falta que el primer
ministro británico, David
Cameron, y el presidente
francés, Nicolas Sarkozy,
llevaran la resolución al
Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas para que EE.UU.
apoyara abiertamente la
intervención militar en Libia,
así que no sería de recibo que
se apropiaran de la victoria
como si fuera propia.
Es cierto que Libia no le era
totalmente indiferente a EE.UU.:
aproximadamente 200 de sus
ciudadanos murieron en el famoso
atentado de Lockerbie, en 1988,
una época en la que a Gaddafi se
le acusaba de patrocinar
terrorismo antes de pasarse, con
mucho más éxito, a vender
petróleo a las principales
naciones del mundo. Tampoco hay
que olvidar el debate sobre la
conveniencia de intervenir o no
en Libia en el que se sumió
EE.UU. antes de que Sarkozy y
Cameron movieran ficha: ¿podía
intervenir una potencia
occidental en la primavera
árabe? Muchos de sus
protagonistas querían que la
revolución fuera suya propia; no
convertir lo suyo en un Iraq.
Sea como fuere, es difícil
imaginar a Hillary Clinton, la
primera diplomática del país,
yendo, viendo y matando a
Gaddafi. (The Guardian, The
Huffington Post)
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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