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La balada de la masturbadora
solitaria
 
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La balada de la masturbadora
solitaria
Versión : Griselda
García
Ella es mi taller. Ojo
resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi
aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy
saciada.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi
encuentro.
La taño como a una campana. Me
detengo
en la glorieta donde solías
montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón
floreado.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Toma, por ejemplo, esta noche,
amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto,
debajo, arriba,
el abundante par en espuma y
pluma,
hincándose y empujando, cabeza
contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la
cama.
De esta forma escapo de mi
cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría
poner
en exhibición el mercado de los
sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Entonces llegó mi rival de ojos
oscuros.
La dama acuática, irguiéndose en
la playa,
un piano en la yema de los
dedos, vergüenza
en los labios y una voz de
flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la
escoba usada.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Ella te agarró como una mujer
agarra
un vestido de saldo de un
estante
y yo me rompí como se rompen una
piedra.
Te devuelvo tus libros y tu caña
de pescar.
El periódico de hoy dice que se
han casado.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Muchachos y muchachas son uno
esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan
cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la
luz.
Las brillantes criaturas están
llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más
que saciadas.
De noche, sola, me caso con la
cama.
Gentileza::
gitomin@yahoo.com.ar
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