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Los trastornos de la
personalidad
Por JOSÉ
ANDRÉS RODRÍGUEZ
Una personalidad mal formada
tiene efectos sobre las
emociones, el pensamiento, el
comportamiento y las relaciones
del afectado
Los trastornos de la
personalidad son una patología
que afecta a entre el 5% y el
15% de la población. Se dan
tanto en hombres como en mujeres
e impiden que la persona se
adapte a su entorno y generan un
importante sufrimiento
psicológico. Los primeros
síntomas se dan durante la
adolescencia o al inicio de la
edad adulta. A pesar de que
entre la comunidad científica
predomina la idea de que su
origen se debe a una suma de
factores biológicos y
ambientales, muchos
especialistas consideran que la
raíz de estos trastornos hay que
buscarla en la infancia. Su
tratamiento se realiza, por
norma general, con una
combinación de psicofarmacología
y psicoterapia.
La personalidad: la manera de
ser
La personalidad es la forma
reconocible por uno mismo y por
los demás de comportarse y
relacionarse con el entorno, la
columna vertebral sobre la que
se construye toda la vida
psicológica. El sufrimiento que
generan los trastornos de la
personalidad no tiene que ver
con circunstancias externas sino
que deriva, precisamente, de que
la estructura básica no está
bien formada. La personalidad se
tambalea y la mayor parte de los
ámbitos de la vida de la persona
se ven afectados: las emociones,
el pensamiento, el
comportamiento y las relaciones.
Por este motivo, para
diagnosticar un trastorno de la
personalidad es necesario
descartar que haya factores
externos (divorcio, consumo de
drogas u otros trastornos) que
expliquen los problemas
psicológicos. A pesar de que se
trata de una patología muy
frecuente, no es tan conocida
como la depresión o la ansiedad,
cuya incidencia en la población
es mucho menor. Este
desconocimiento provoca que
muchas personas sufran un
trastorno de la personalidad sin
saberlo.
"Creo que hay muchas personas
con trastorno de la personalidad
que están sin diagnosticar y
que, de manera clara, llevan una
vida de no adaptación al medio",
según Elisabeth Sogorb,
psicóloga especializada en el
trastorno límite de la
personalidad en la Fundación
ACAI-TLP. Aunque no reciban
tratamiento, la intensidad de
estos trastornos suele disminuir
con la edad. Por otro lado, la
prevalencia es mayor en
ambientes marginales y de
desintegración social, y cuando
se mejoran las condiciones en
estas zonas, las cifras
disminuyen.
Características generales
Hay algunos trastornos de la
personalidad graves, como el
trastorno límite y el trastorno
narcisista
Los afectados manifiestan una
serie de comportamientos y
sentimientos rígidos y
desadaptativos que les generan
sufrimiento psicológico y
problemas en sus relaciones
personales. Esta forma de actuar
es duradera y no se limita a
episodios concretos de su vida.
Las primeras señales, a menudo,
se observan ya al final de la
infancia o durante la
adolescencia; y se prolongan
durante la madurez. Estas
personas creen que su forma de
ser es inevitable. Aseguran que,
muchas veces, intentan cambiar
pero sienten que ello no depende
de su voluntad; consideran que
son así, que es su forma de ser.
Actualmente, predomina la idea
de que su origen se debe a una
suma de factores biológicos y
ambientales. De todos modos,
muchos expertos consideran que
la raíz de estos trastornos hay
que buscarla en la infancia.
"Lo principal son los primeros
vínculos del bebé con el
entorno: padre y madre. Si se
crea un buen apego, la
personalidad se puede formar con
confianza y se pueden generar
buenos relaciones también con el
exterior y con las personas de
fuera de la familia (colegio,
amigos, etc.). Aunque las causas
son múltiples: hay aspectos
biológicos y genéticos que hacen
que la persona sea más
vulnerable a padecer un
trastorno de la personalidad, ya
sea por su extrema sensibilidad
o porque es muy reactiva. Y si,
además, se forma en un ambiente
no contenedor, desestructurado,
que no entiende su sensibilidad,
se puede producir un trastorno
de la personalidad", explica
Elisabeth Sogorb.
Diagnóstico reciente
No es extraño que estos
trastornos sean poco conocidos,
porque se empezaron a estudiar
hace treinta años, esto es poco
tiempo en términos de historia
de la ciencia. "Antes no se
hablaba de trastorno de la
personalidad, sino de
personalidad psicopática",
explica Joan Romeu, psiquiatra y
neurólogo. "De esta manera, se
definía a las personas que no
sufrían un trastorno mental pero
que tenían algunos rasgos
psicopatológicos", añade. Da la
impresión de que cada vez se
diagnostican más trastornos de
la personalidad, pero tiene que
ver con el aumento de la
esperanza de vida.
La esperanza de vida es mayor y
hay más tiempo de sufrir más
enfermedades. Además, la
población ha aumentado mucho.
Algunos trastornos de la
personalidad se pueden
considerar como formas menos
graves de otras enfermedades
mentales. Por ejemplo, es el
caso del trastorno esquizotípico
de la personalidad y el
trastorno esquizoide de la
personalidad. Son menos graves
que la esquizofrenia pero
comparten algunos rasgos con
ésta.
Lo mismo sucede con el trastorno
de la personalidad
obsesiva-compulsiva y el
trastorno obsesivo-compulsivo.
De todos modos, cabe remarcar
que hay algunos trastornos de la
personalidad especialmente
graves, "como el trastorno
límite de la personalidad y el
trastorno narcisista de la
personalidad", apunta Romeu.
Tipos de trastornos de la
personalidad
Hay numerosos trastornos de la
personalidad con importantes
diferencias entre ellos. El DSM-IV
(Manual diagnóstico y
estadístico de los trastornos
mentales), que emplean la
mayoría de los psiquiatras y
psicólogos, los divide en tres
ejes o grupos:
Grupo A (trastornos raros o
excéntricos)
Trastorno esquizoide de la
personalidad: personas que no
necesitan a los demás. Son fríos
e introvertidos. Viven muy
aislados. Este trastorno
comparte muchos rasgos con la
esquizofrenia pero es menos
grave. Tiene mal pronóstico
porque es difícil que la persona
que lo sufre se vincule a un
tratamiento.
Trastorno esquizotípico de la
personalidad: las personas que
lo padecen tienen relaciones
personales muy pobres. Además,
se comportan y hablan de una
forma rara, tienen ideas
alejadas de la realidad, son un
poco paranoicos. No hay que
confundir este trastorno con la
esquizofrenia, porque los
esquizotípicos están mucho más
conectados con la realidad y no
tienen alucinaciones.
Trastorno paranoide de la
personalidad: los afectados
interpretan casi siempre las
conductas de los demás como
malintencionadas. Son personas
muy desconfiadas, irascibles y
suspicaces. Intentan comportarse
de forma fría y distante con los
demás porque tienen miedo de que
éstos descubran sus presuntos
puntos débiles y se aprovechen
de ellos.
Grupo B (trastornos dramáticos,
emocionales o erráticos)
Trastorno antisocial de la
personalidad: personas sin
respeto por las normas sociales
o los derechos de los demás.
Muchas caen en la delincuencia.
Tampoco tienen ningún
sentimiento de culpa. Está
considerado como uno de los
trastornos de la personalidad
más difíciles de tratar porque
la persona que lo sufre
difícilmente reconocerá que
tiene un problema. Antiguamente,
eran conocidos como
"psicópatas". Es frecuente que
durante la niñez sufrieran algún
tipo de abandono emocional.
Trastorno límite de la
personalidad: uno de los
trastornos de la personalidad
más graves porque presenta una
alta tasa de suicidio. Se
caracteriza por inestabilidad
emocional, impulsividad,
autoagresiones, intentos de
suicidio, sentimientos crónicos
de vacío y miedo al abandono
real o imaginario. Afecta a tres
mujeres por cada hombre. Las
personas que lo sufren suelen
caer en conductas de riesgo como
promiscuidad o consumo de
drogas. Algunos estudios señalan
que es frecuente que hayan
sufrido algún tipo de abuso
sexual durante la infancia.
Trastorno histriónico de la
personalidad: los histriónicos
actúan de una forma muy
exagerada y dramática porque
quieren llamar la atención.
Pueden ser personas
perfectamente integradas, con
muchas relaciones sociales, con
éxito laboral. Son seductores,
están muy pendientes de lo que
los demás piensan de ellos,
necesitan ser el centro de
atención, son muy expresivos y
exagerados con las emociones
(los demás suelen tener la
sensación de que son muy
afectados) y cambian de estado
emocional de forma muy rápida en
función de sus intereses.
Trastorno narcisista de la
personalidad: los narcisistas
tienen fantasías de grandiosidad
y éxito, necesitan llamar
constantemente la atención, no
pueden empatizar con los demás,
necesitan su admiración y son
muy pretenciosos y soberbios.
Son muy sensibles al fracaso y
la crítica. Esperan ser
admirados. Y, si no se sienten
así, creen que les envidian.
Este trastorno puede ser muy
grave y es muy difícil de
tratar.
Grupo C (trastornos ansiosos o
temerosos)
Trastorno de la personalidad
dependiente: quienes lo sufren
necesitan de manera desesperada
a los demás para satisfacer sus
necesidades psicológicas,
incluso para tomar las
decisiones más sencillas y
tienen mucho miedo a ser
abandonados. No les gusta
sentirse solos. Es uno de los
trastornos de la personalidad
más habituales.
Trastorno de la personalidad por
evitación: la característica
principal es un patrón general
de inhibición social y de
sentirse inadecuado o fuera de
lugar. Sufren por su
aislamiento. Los afectados son
muy sensibles a las opiniones
que los demás tienen de ellas.
Pero no responden con rabia si
sienten rechazadas, sino que
optan por la sumisión. Necesitan
gustar a los demás, tienen
pánico a hacer el ridículo y
evitan el contacto social en la
medida de lo posible. Este
trastorno se parece mucho a la
fobia social, por lo que a veces
es difícil de diagnosticar.
Trastorno de la personalidad
obsesiva-compulsiva: estas
personas están muy preocupadas
por las reglas, el orden y el
control. Tienen muchas dudas y
preocupaciones y son muy
perfeccionistas, escrupulosos y
obstinados. Se quejan de que se
sienten invadidos por
pensamientos que no pueden
controlar. Se da con más
frecuencia en los hombres.
Suelen mejorar de forma más
rápida y evidente que el resto
de los trastornos de la
personalidad.
CÓMO SE TRATAN
En un buen número de casos, los
tratamientos de los trastornos
de la personalidad son una
combinación de psicofarmacología
y psicoterapia. Hay síntomas que
responden muy bien a los
psicofármacos. Por ejemplo,
algunos antidepresivos son
adecuados para los síntomas
obsesivos típicos del trastorno
de la personalidad
obsesiva-compulsiva. Asimismo,
en las personas esquizotípicas
se utilizan antipsicóticos. Por
otro lado, en muchos de estos
trastornos son habituales los
síntomas ansiosos o depresivos,
por lo que se prescriben
ansiolíticos o antidepresivos.
En todo caso, la mayoría de los
expertos coinciden en la
importancia de realizar algún
tipo de psicoterapia para
mejorar el problema de base: la
personalidad. Elisabeth Sogorb
señala que "los tratamientos de
estos trastornos son, sobre
todo, psicológicos, ya que lo
que se ha de cambiar del
paciente es su forma de estar en
el mundo, de relacionarse con
las personas y con ellos mismos.
Lo principal es la terapia
psicológica que reciba el
paciente, sea de orientación
psicoanalítica o de
cognitivo-conductual. Lo más
importante es que el paciente se
sienta cómodo con el terapeuta y
que confíe en él para poder
trabajar".
Gentileza: CONSUMER EROSKI
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