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Iran o el derecho a
defenderse
por Raul
Arroyave Arango
Irán, la milenaria Persia de
Ciro y Alejandro, no es un
pequeño país. Tiene una
extensión territorial de
1.648.195 Km2 y una población
superior a los 70 millones de
habitantes. Comparte fronteras
entre otros, con Afganistán,
Pakistán y Turquía. Tiene costas
en el mar Caspio y se conecta
con el Cáucaso a través de
Armenia y Azerbaiyán. Comparte
con Irak una frontera de más de
1.200 Km y por el sur se asienta
en las costas del Golfo Pérsico
y el golfo de Omán. Esta
situación geográfica le da una
ubicación estratégica en el
convulsionado oriente medio.
La confrontación de Irán con
Estados Unidos es de vieja data.
Hunde sus raíces en la década
del 50, cuando después de la
segunda guerra mundial los
Estados Unidos quisieron llenar
el vacío de poder que dejaban
los viejos imperios coloniales.
Entonces la inefable CIA montó
un golpe de Estado para
entronizar al Sha Mohammed Reza
Pahlevi y derrocar a Mossadegh
que había tomado la
determinación de nacionalizar
las riquezas petroleras iraníes.
El gobierno de la corrupta y
proimperialista familia Reza
Phalevi duró hasta 1979 cuando
la revolución islámica de los
Ayatolas lo derrocó.
Desde entonces Irán ha estado en
el ojo del huracán de la
geopolítica gringa que no ha
renunciado a perder esta vital
pieza en el complicado ajedrez
del oriente medio. Después de
fracasados intentos de
subversión interna por parte de
la CIA, los Estados Unidos
resolvieron instigar al Irak de
Saddam Hussein para que librara
una guerra contra Irán bajo el
estandarte de las viejas
rivalidades entre las fracciones
suníes y chiíes del islam. Esta
guerra duró hasta 1988, costó
más de un millón de muertos
entre militares y civiles y se
caracterizó por los horrores de
las armas químicas que los
gringos proporcionaron a Hussein
para que batiera a sus
tradicionales enemigos persas.
Luego, en los años 90, el tema
de Irán mantuvo, aparentemente,
un bajo perfil. Las afugias de
los Estados Unidos se centraron
en atacar, en la primera guerra
del golfo, a Irak, su viejo
aliado y luego se empeñaron a
fondo en los Balcanes para la
disolución de Yugoeslavia,
aprovechando el hundimiento de
la Unión Soviética.
Posteriormente, los atentados
del 11S, les dieron el pretexto
que necesitaban para justificar
lo que después pasaría a
llamarse la guerra contra el
terror y la doctrina de la
guerra preventiva que adquiría
así dimensiones orbitales, bajo
la unilateralidad de Estados
Unidos y con la ONU como
organismo subalterno a toda esta
política.
Estados Unidos o la agresión
para sobrevivir
Los coletazos de la crisis de
otoño de 2008 aun se hacen
sentir a pesar de los más de 800
mil millones de dólares que
gastó Obama en el rescate de las
entidades financieras. La crisis
que afecta a los Estados Unidos
es irreductible. Las tasas de
desempleo se mantienen por
encima del 10% algo inadmisible
para la primera potencia del
mundo. Colapsa su seguridad
social y la reforma obamista a
nadie satisfizo. El empleo
basura del "justo a tiempo" ha
sustituido al mejor remunerado
de las viejas épocas de gloria y
afronta un tremendo déficit
comercial, fiscal y de balanza
de pagos que lo han convertido
en el país más endeudado de la
tierra. Por si fuera poco, han
estallado la xenofobia y las
leyes antiinmigración estilo
Arizona, una implacable
oposición de derecha y
corporativa de la oligarquía
conservadora y surge una
aturdida opinión pública que
comienza a cuestionarse el
atascamiento inadmisible en las
guerras que el imperialismo
alegremente resolvió librar en
Irak y Afganistán.
Si su economía se sostiene y no
colapsa es por su resolución de
continuar dominando al mundo con
los dos instrumentos de fuerza
que aún le quedan: el devaluado
dólar, que a pesar de su venida
a menos sigue conservando su
supremacía como moneda mundial y
base de las principales reservas
internacionales y su formidable
máquina de guerra, el complejo
industrial-militar que en el
último medio siglo ha pasado a
representar el 85% del dinamismo
económico norteamericano. Con el
uno somete a sus competidores
económicos y con el otro
intimida todavía a sus rivales
más osados.
Contradictoriamente, la guerra y
la agresión a pueblos y naciones
se han vuelto una necesidad para
la supervivencia del
imperialismo. Al dar cabal uso a
su hipertrofiado ejército de
mercenarios y a su sofisticado
armamento, dinamizan los
sectores productivos ligados al
complejo industrial-militar y
con ellos la economía en su
conjunto, pero igual, se
embarcan en cuantiosos gastos
que ocasionan el profundo
déficit y le granjean enemigos y
resistencias por los cuatro
puntos cardinales del planeta.
Obama, con premio nobel de paz y
todo, ya está acercando el
presupuesto anual para defensa
al billón de dólares y aun no
sabe cómo concluir la
empantanada guerra de Irak y la
enrevesada batalla en la tumba
de los imperios de las montañas
Afganas. El anuncio del retiro
de un importante contingente de
tropas de Irak, corre paralelo a
la inminente invasión a Irán por
parte de los Estados Unidos e
Israel. Una cuestión absurda si
se miran con lógica los hechos,
pero ineludible si se tiene en
cuenta la inexorabilidad de la
política imperialista que sólo
agrediendo y masacrado puede
imponer su dominio y resarcirles
las tasas de ganancia y la
reproducción de su capital a los
monopolios.
La invasión
Estados Unidos sólo puede
satisfacer por cuenta propia un
25% de sus necesidades
energéticas, el resto debe ser
importado. La Unión Europea es
totalmente dependiente en
provisión de gas y petróleo.
China, India, Japón y las demás
potencias asiáticas, para
mantenerse como potencias en la
industria necesitan del petróleo
y el gas, transportados
básicamente por los poliductos
que atraviesan el territorio
ruso. Más del 70% de las
reservas petroleras mundiales se
encuentran en el triángulo
energético de los mares
[Negro/Caspio/Arábigo] y por el
estrecho de Ormuz controlado por
Irán pasa el 40% de la
producción mundial petrolera.
El eje nodal del control
imperialista sobre el mundo se
concentra en el petróleo de
oriente medio. Se trata no sólo
de garantizar el abastecimiento
a su cada día más deficitaria
producción petrolera, sino
controlar la llave de este vital
recurso energético a sus
competidores de Europa, China y
Japón.
Esto explica la decisión de
agredir Irak, sin evidencia de
prueba alguna sobre su
participación en los atentados
del 11S, y de pasarse por encima
las resoluciones de la ONU
imponiendo el más infame
unilateralismo. Por el
contrario, acudieron al
expediente de fabricar una
montaña de falacias y mentiras
sobre las supuestas amenazas con
armas de destrucción masiva. En
igual sentido tiene que mirarse
la interminable y costosa guerra
afgana.
La alicaída administración de
Barack Obama, el premio nobel de
paz, necesita de una guerra de
esta naturaleza para elevar su
popularidad y ganar las
elecciones parciales que tendrán
lugar en el mes de noviembre
donde se renovarán parte de la
Cámara y el Senado gringos.
Igual que en los tiempos de
Clinton cuando los platos rotos
de sus flirteos sexuales y la
intentona de destitución que
este affaire le produjo en el
Congreso dominado por los
republicanos, los terminaron
pagando los haitianos que fueron
invadidos y pequeñas aldeas y
poblaciones inocentes de Sudán,
Irak y Afganistán que recibieron
una lluvia de misiles lanzados
sin previo aviso por la máquina
de guerra norteamericana.
Utilizando su poder dominante en
la ONU forzaron la aprobación de
la resolución 1929 de junio 9 de
2010 del Consejo de Seguridad
que impone sanciones económicas
a Irán por su negativa de
suspender su programa nuclear.
Aunque Irán nunca ha negado la
autoridad de la AIE, (Agencia
Internacional de Energía) para
sus inspecciones, ni se ha
retirado del Tratado de no
Proliferación de Armas
Nucleares, siempre ha reclamado
el derecho a usar con fines
pacíficos la energía nuclear. Lo
que nadie entiende es porqué la
energía nuclear es un peligro en
manos de Irán y un derecho
plausible en manos de un país
agresor y genocida como Israel.
Un vivo ejemplo de las linduras
mediáticas del imperialismo.
Los Estados Unidos e Israel
adquirieron de la ONU una
especie de patente de corso para
atacar a Irán a nombre del
multilateralismo, pues la
resolución de la ONU no fue
vetada por ninguno de los países
miembros del Consejo de
Seguridad. Para reafirmar esta
determinación de cerco contra
Irán, seguidamente se aprobaron
unilaterales y duras
resoluciones, por parte del
Congreso de los Estados Unidos,
la Unión Europea, Canadá y
Australia. En el mismo momento
en que el Departamento de Estado
declara a comienzos de agosto
que "se está haciendo cada vez
más difícil el hacer negocios en
Irán" por todo aquello del
bloqueo y de las sanciones de
los poderes imperiales a quienes
se atrevan a violentar la
medida, instan a Japón a que
adopte medidas similares, sin
importarles que este país
importa de Irán la mayor parte
de su necesidad petrolera.
Sin embargo, los consensos
alrededor de la cuestión iraní
no son absolutos. India, Brasil,
Turquía y muchos países del
mundo islámico han expresado su
contrariedad. Rusia y China, con
asiento en el Consejo de
Seguridad de la ONU, aunque no
vetaron la resolución, sabrán
que la proyectada invasión es
una amenaza estratégica contra
sus intereses energéticos y
geopolíticos y tarde que
temprano entenderán el peligro
que corren si las mayores
reservas petroleras del mundo
terminan bajo control absoluto
del imperialismo norteamericano.
Una invasión a Irán puede
convertirse en el detonante
final de una crisis regional de
impredecibles consecuencias,
pues los demás países de la zona
ricos en petróleo sentirán más
latente la amenaza imperialista.
Las consecuencias
Toda la estrategia de la guerra
agresora por parte de Estados
Unidos e Israel está basada en
el más inclemente bombardeo a
instalaciones nucleares y
militares iraníes antes que a
una invasión por tierra que les
costaría decenas de miles de
muertos. Este es el plan
estratégico, aspirando dejar sin
ninguna capacidad de resistencia
a los persas, con los
contundentes y devastadores
golpes iniciales. Hasta el
retiro de 150.000 soldados de
Irak anunciado recientemente por
Obama hace parte de ese plan. Se
trata de sacar del teatro de
operaciones a una enorme fuerza
militar vulnerable que quedaría
expuesta a la réplica iraní y
asegurarla como reserva para la
nueva invasión.
Por su parte, la respuesta de
las autoridades de Irán con su
presidente Ahmadineyad ha sido
contundente y de tono resuelto:
¡Resistiremos! ¡NO estamos
dispuestos a soportar la
agresión y perecerán en el
intento! Y no se trata de mera
retórica, en verdad están
determinados a resistir el
ataque. Irán tiene un formidable
ejército de un millón de
hombres, además de las milicias
islámicas que pueden movilizar
en corto tiempo a 20 millones de
combatientes.
La siniestra CIA ha sido actor
clave en todos los intentos
internos para desestabilizar
Irán. Hoy como en 1953 y después
de 1979, conspira desde el
interior de Irán para aunar a
las fuerzas de oposición, que se
supone, levantarán en
insurrección al país y recibirán
con los brazos abiertos a los
agresores, bajo el prejuicio
ideológico de que el pueblo
iraní suspira por la democracia
neoliberal norteamericana. Estos
falsos cálculos también los
hicieron en Irak y allí, una
guerra que pensaron rápida y
contundente, para librarla
exitosamente en unas cuantas
semanas, se les transformó en
una pesadilla de siete años de
la cual aun no han podido salir.
Los preparativos delirantes para
perpetrar el ataque a Irán han
sido ostensibles y hechos sin
ocultamiento alguno. Las
agencias de prensa y los
diversos medios de comunicación
han venido registrando cómo
escuadras de guerra
norteamericana e israelí cruzan
el canal de Suez con rumbo al
mar Arábigo y a la base militar
que Gran Bretaña tiene en la
isla Diego García en el océano
índico. Hacia allí ha viajado
las flotas encabezada por el
portaviones Harry S. Truman,
varios submarinos nucleares y
numerosos buques de guerra con
tremendo poder de fuego.
El acoso contra Irán comprende
no sólo la amenaza militar
directa de esta gran flota, sino
también el aliento permanente a
Israel, el gendarme del medio
oriente, para que escale sus
acciones de provocación. Como si
lo anterior no bastara, en la
Unión Europea tomaron la
determinación de congelar las
cuentas bancarias de diversas
empresas iraníes, sumando a la
cobarde agresión militar el
sabotaje a la economía para que
ella colapse. Se trata de
ostentación de fuerza para
forzar un bloqueo y registro de
las naves que entran y salen de
Irán. El incidente de choque no
tardará en producirse ante la
negativa iraní de cualquier
registro y entonces estallará la
agresión que es el verdadero fin
de este inusual despliegue.
Epílogo
Como dijera nuestro entrañable
camarada Héctor Valencia: "Con
la anunciada ronda militar que
se propone hacer por todo el
mundo asaltando a mano armada
territorios, el imperialismo se
crea más contradicciones y les
abre a los pueblos más frentes
de batalla, por lo que el avance
de su ofensiva le va generando
de inmediato una situación
defensiva cada vez más precaria.
Son pues los pueblos los que
aprovecharán el momento para
apreciar y explotar con su
resistencia las debilidades de
un imperio que comienza a
atravesar etapas agónicas en
donde lo único incierto es su
duración, no su diagnostico"
(Héctor Valencia, Desde la
izquierda, Tribuna Roja
Editores, Bogotá 2009, página
155)
# Raúl
Arroyave Arango, Director del
Departamento de RelacionesInternacionales
de la CUT (CENTRAL UNITARIA DE
TRABAJADORES) COLOMBIA
FUENTE: Rebanadas, por gentileza
de la Ingrid Gámez, Oficina de
comunicaciones de la CUT
nacional
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