Perdidos
Un extraño tiburón se
acercó a la superficie.
Es un tiburón
desconocido, su forma
resulta extraña y no
figura en los catálogos,
su nombre no figura en
los listados porque aún
no tiene nombre. El
mundo se sorprende, la
prensa lo llama “el
tiburón prehistórico”
¿acaso no lo son todos?
Los pseudo científicos
esbozan un pre retrato,
“es un tiburón que vive
a más de mil metros de
profundidad” ¿cómo
aseverar ante lo
desconocido? Tal vez,
ponerle títulos a la
ignorancia nos aleja de
ella.
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Pero… ¿de dónde proviene
la sorpresa? El Censo de
Vida Marina que se está
desarrollando
actualmente indica que
apenas conocemos un 15 %
de los peces existentes
en los mares del mundo.
Lo que significa,
claramente, que el 85%
nos son totalmente
desconocidos. Si sacamos
la cuenta que hay más
peces que aves,
mamíferos y reptiles
juntos podríamos
asegurar que
desconocemos a la mayor
parte de los animales
que pueblan nuestro
planeta.
Apenas podemos
contabilizar aquellos
peces que están al
alcance de nuestras
redes, rozando los
metros cercanos a la
superficie. Si el mar
fuera una naranja
podríamos decir que
conocemos y dominamos
apenas la cáscara. La
pulpa, el interior
permanece totalmente
ajeno a nosotros.
Nuestras escasas
inmersiones científicas
son realmente extrañas
por debajo de los cien
metros de profundidad,
sin embargo se han
registrado animales
vivos en el fondo de la
Fosa de las Marianas a
11.000 metros de
profundidad.
Hay un mundo, diferente
a nuestro mundo que
duerme en el fondo del
mar. Animales que no
podemos imaginar, que
viven en un mundo sin
luz, sometidos a
presiones increíbles y a
temperaturas
extremadamente bajas.
Posiblemente la mayor
biomasa del planeta
descansa sumergida más
allá de nuestro alcance
y de nuestra
imaginación. Animales
más cercanos a Verne que
a Darwin, a los que por
extraños llamamos
“prehistóricos”.
En ocasiones uno de esos
animales, posiblemente
enfermo, probablemente
perdido se acerca al sol
y se expone a nuestros
asombrados ojos. Es un
visitante del planeta
azul que duerme bajo las
olas. Viene del abismo
más profundo, es sólo
uno de miles de
millones. Es un
compañero de viaje. Nos
llevará años
descifrarlo, empezar a
entenderlo, aprender de
él.
Admitir que no sabemos
es sólo el principio.
Admitir que conocemos
más el espacio exterior
que el fondo del mar es
un buen comienzo para
comprender que tal
vez...
La verdad esté ahí
abajo...
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