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Yo llevo toda la vida
haciendo el amor contigo
Por
Antonio Marín Segovia
Yo llevo toda la vida haciendo
el amor, y no me permito tomar
un respiro... No puedo dedicar
unas pocas horas, unos breves
momentos a entregarme a los
juegos y devaneos eróticos con
mi amada como suele hacer la
masa, el vulgo. Eso sería un
insulto y una falta de respeto
intolerable hacia mi propia
persona y hacia la persona que
amo y me ama.
Es preciso dedicar, con la mayor
de las pasiones y furia, todas
las horas del día y la noche a
recorrer el cuerpo y el alma de
la persona que te da su amor y
acepta cobijar todos tus deseos
y alegrías…
Y ese ejercicio amoroso,
requiere y obliga siempre, a
desarrollar una dedicación y
atención completa, dinámica y
permanente. Los verdaderos y
necesarios amantes que nuestro
mundo de hoy reclama a gritos,
necesitan hacer el amor a todas
horas, sin importar la
circunstancia, el lugar…
Y amigos míos, no debemos
olvidar que la única revolución
que siempre obtendrá eco y
seguidores incondicionales es la
revolución del amor, una guerra
incruenta, repleta de secretos,
distancias y furtivas uniones…
Gracias a esa fusión libre e
incontrolable de dos seres, se
pueden y deben derribar muros,
romper espejos, recorrer nuevos
mundos... Gracias al amor
permanente e interminable, serán
abolidos todos los lenguajes y
normas, sin utilizar violencias
ni consignas tristes e
insípidas.
Una mujer y un hombre que
aspiren a ser amor, a vivir el
amor, a ser un fuego amable y
refrescante… deben crear
secretos, misterios y dioses a
diario, renaciéndose nuevos y
distintos siempre, en cada
mirada, en cada abrazo, en cada
beso… En el amor no hay lugar
para la costumbre, el
aburrimiento o la gimnasia
militar.
Lo imposible y la geometría no
pueden existir si sabemos mirar
dentro, muy dentro de lo que
realmente deseamos y amamos.
Amigo lector: no olvides tocar
con tu lengua, rozar con tus
labios el corazón palpitante de
tu amada cada vez que
despiertes… El cuerpo de ella es
lo único verdadero y cierto que
vas a poder ver, sentir y
acariciar en toda la vida que te
queda por vivir.
Cuando aprendemos a amar y
compartimos nuestro amor a toda
hora, es absoluta y totalmente
imposible morir definitivamente,
aunque dejemos de respirar y
seamos simples cenizas… Todo lo
que alguna vez hemos rozado,
mirado, sentido, abrazado,
besado… tiene nuestra huella
exacta, nuestro aliento, nuestro
color, nuestra voz y sabe
reproducir nuestro llanto o
nuestras risas...
Gentileza:: marsegan@hotmail.com
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