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Juro por Dios que me hizo reír,
por Oscar Portela
 
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Juro por Dios que me hizo
Reír
Por Oscar Portela
Eran épocas de posguerra y el
padrazo de Luchiano trabajaba en
una
panadería. Cuando gozaban de
mutua compañía en padre-padrone
y el hijo
trovatore escuchaban en el
pequeño radio la prodigiosa voz
y la técnica del
inmortal Beniamino Gigli. Por
ahí andaba Caruzo que ecléctico
hacia estallar
de pasión el corazón de
multitudes. Y aparecían los
nuevos siempre. Pero
nadie superior a Beniamino.
Hijo y padre solamente
contestes. Un día de esos
Luchiano quedo solo
escuchando el radio y escucho
una voz inusitadamente
expresiva, con
fortísimos impresionantes y un
nuevo modo de melodramatizar la
opera. Quedo
fascinado. Sus ojos se llenaron
de lágrimas. Por fin alguien a
la altura de
Gigli o aún superior se decía el
jovencísimo Pavarotti.
Espero anhelante la llegada del
padre para darle la nueva hasta
que el
obrero abrió la puerta de su
casa. Luciano corrió a abrazarlo
y casi
tartamudeando le dijo: “papa,
escuche a un cantante superior a
Beniamino”…..
Una seca bofetada que dejó su
rostro amoratado fue toda la
contestación del
padre.
La autoridad de Beniamino no era
ni podía ser objeto de
cuestionamientos.
Luchiano lo recordaba entre
alegre y nostálgico. Fue una
lección de amor, al
arte y la autoridad.
Cuando el gran Alfredo Kraus
instaló en los medios el debate
– oportuno y
legitimo- de si la opera debía
ser objeto de adoración de
multitudes en
Estadios, con grandes equipos
sonoros y sin acústica, los
tenores como se
los llamó (Luchiano – el amado
de las grandes bandas del rock)
Domingo y
Carreras, poco dijeron al
respecto.
-
Mario Lanza un tenor heterodoxo
había hecho casi lo mismo cuatro
décadas
antes. Las multitudes tenían
derecho – sin no a gozar de los
grandes teatros
y las versiones totales de
Rossini o Puccini-, de sus
mejores arias. Y así
fue. Y así quedará escrito en la
historia del “bell-canto”.
-
Pasadas las horas de los
divismos (hasta los castratatis
eran divos
intratables), Carreras, Placido
y Luchiano eran seres simples,
gentiles,
bondadosos.
-
Cada año Luchiano reunía a sus
amigos y grababa temas
populares- así sus
dúos con Sting, Suchero u otros)
para mostrar que con cierta
sutileza su
alma podía adentrarse en todas
las melodías y ritmos del mundo.
Siempre con
mesura.
-
Dio lo mejor de su vida a la
música. Al canto. A ese canto
que exige
detenerse en ciertos momentos.
Creo que la vida bajo el telón
en la escena
perfecta. El como su amado
Beniamino es también objeto de
veneración y
culto.
-
Y esto será así para siempre
Luchiano.
Oscar Portela
Oscar Portela
Jujuy 1224- Corrientes.
ddi. 8331.978
Gentileza::
portelao@hotmail.com
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