|
Masa: Una escena de la guerra
civil española
Por Manuel
Lasso
A Las Exploraciones Estéticas de
Manuel Lasso
Los momentos espantosos de la
guerra civil española, con sus
innumerables demostraciones de
heroísmo e idealismo, produjeron
marcas imborrables en los
intelectuales de la época. Son
conocidas las atestiguaciones de
Octavio Paz en El laberinto de
la soledad y los testimonios
llenos de nostalgia de Pablo
Neruda en España en el corazón.
César Vallejo también se
conmovió con la violencia de la
contienda. Tras asistir en
Madrid al Segundo congreso
internacional de escritores para
la defensa de la cultura viajó
al frente de batalla donde
presenció personalmente los
horrores de la guerra. Tal vez
en algún momento deseó quedarse,
con un fusil y un revólver
lavado en las manos, para pelear
junto con los otros voluntarios
de la República.
Pero como afirmaba Miguel
Hernández, mientras que algunos
tenían que morir con el mentón
firme y la cabeza bien en alto,
otros tenían que cantar los
hechos por encima de los
fusiles. Entonces Vallejo
regresó a Francia para sentir el
calor diario de la amada debajo
de las cobijas y para redactar,
con todo lo visto y oído, el
poemario titulado España, aparta
de mí este cáliz.
Esta fotografía de un miliciano
herido, que ya dobla las piernas
y suelta el fusil, fue la más
difundida de todos esos tiempos.
En ella se ve caer al
combatiente Federico Borrell
García, de Alcoy, luego de ser
alcanzado mortalmente por una
bala franquista en la batalla
del cerro Muriano durante el
último empeño republicano de
recapturar la ciudad de Córdoba.
Fue tomada por el fotógrafo
húngaro Robert Capa, con una
cámara Laika de 35 milímetros y
apareció publicada en la revista
Vu de París el 23 de septiembre
de 1936, convirtiéndose
innegablemente en la imagen más
renombrada de todo el conflicto.
Al año siguiente, el autor de
Piedra negra sobre una piedra
blanca concluyó su composición
más surrealista y universal, el
poema Masa; y le puso la fecha
del 10 de noviembre de 1937. Es
posible que haya sido concebido
casi al final de la obra, luego
de varios intentos; inclusive el
poema que lo antecede parece ser
un borrador de lo que viene. Sin
embargo no pudo verlo publicado
porque falleció poco después, el
15 de abril de 1938, aniquilado
por una fiebre maligna de origen
incierto que nadie pudo
entender.
Fue como si la formidable Muerte
que Vallejo describiera
caminando por los cementerios
bombardeados y por los campos de
batalla de España, con su cognac,
su pómulo moral, sus pasos de
acordeón y su palabrota, hubiese
venido a buscarlo hasta su
habitación parisina para
llevárselo al Montparnasse
aunque lo hubiese tenido que
hacer en contra de su propia
voluntad.
Hoy, 10 de noviembre, meditamos
por unos momentos para recordar
la mañana en que en una antigua
máquina de escribir César
Vallejo dio forma final a este
poema. Y aunque fuimos los
únicos, nos alejamos caminando
detrás del combatiente que se
acababa de incorporar lentamente
y que se había echado a andar...
Manuel Lasso
10 de noviembre del 2002
Gentileza:: cybermelina_2004@yahoo.com.ar
nadigital
|