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El amazijo
(Desde Andaluzìa, penzando en calé)
Pascualina Marilu
(Donde se habla de ayer y hoy)
Por: John Argerich
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En un barcito andaluz, de esos
que abundan en Fuengirola, solìa
encontrarse una nutrida barra de
paisanos. Eufóricos los recien
llegados. Pasándose de vueltas
por volver quienes llevaban años
de destierro. Es que el sol y la
mar azul son muy bonitos, pero
el terruño va convirtiéndose en
un metejón obsesivo que te
aplasta. El bar tenía un nombre
destinado a que los ingleses lo
pudieran pronunciar. Porque la
costa española se ha mestizado
al punto de no saberse ya quien
es quien.
Bar Antoñito
-decía el cartel-
Yor meeting place in the sun.
Pero el gallardete boquense
cubierto de estrellas delataba
su empecinada argentinidad. Lo
que ratificaban unos alfajores
de dulce de leche puestos dentro
de una campana de vidrio, sobre
el mostrador. "Aproveche la
volada"
-había escrito algún paisano-
"Repostería casera a 7 euros el
kilo, nada más"
Y cuando no había karaoke
cantado en extranjero, la
concurrencia estaba pendiente de
cualquier tema que ayudara a
pasar el tufo invernal.
-Vea, mi amigo, sostuvo el tano
Starosta, medio jailaife con
mosca fresca, por fin de
quincena. En este mundo cane
quien no corre vuela, como sabía
decir la nona Pascualina, que en
paz descanse.
-Ma, si... -contestó al unísono
el auditorio, compuesto por dos
mamados sin ganas de discutir
pensamientos profundos.
-¡Otra vuelta e' vino! -ordenó
Pajarito , como también llamaban
al itálico, para expresar su
agradecimiento.
Contento el hombre con ese aval,
porque la pebetada y los curdas
siempre baten la justa.
Retribución de atenciones, por
decirlo mal y pronto. Después
peló la tabaquera, con gesto
cordial.
-¡Fumesén un importado, che!
-La conversa da gusto, con tanta
amabilidad...
Al ratito aportó el mosaico, que
era medio pariente de Starosta,
por ser el dorima de su cuñada
Marilú. Un hembrón de ojos
azules y las curvas más
espectaculares de Pompeya.
Calidad en cantidad, hubiera
dicho Pepsi-Cola.
Como para comprobar que no toda
la carne buena va para
exportación.
-Mujer conocedora, la nona...
-agregó el tano.
-Pero a mayor abundamiento,
¿podría entrar en detalle, don?
¿Qué virtudes rubricaba esa
frase?
¿Que los vivos sobran en esta
país, o sería una referencia a
las olimpíadas del año próximo
en Alemania?
-¡Rajá, chanta! -repuso con
desdén el tano, perdiendo por un
instante la compostura- La nona
falleció en 1995, cuando la
afición todavía tenía frescas
las pichicatas del 10. ¡Mirá si
Pascualina iba a cranear tanta
futurología a los 70 pirulos!
-¡Permitamén ojetar! -dijo unjo
de los curdas- Que los años bien
llevados no afetan la capacidad
crítica del cráneo de la
persona. Mirelón al Borges, si
no. Chicato, arrugoli tipo pasa
de uva, y si no fuera por la
señora, solitario como hongo de
azotea. Pero se mandaba unas
craneadas de mi flor.
-Es un caso en un millón -dijo
el mosaico.
-Propio -agregó el tano Starosta.
-Y si no le dieron el premio
Nobel fue por meterse con los
salvadores de la patria, que
andaban medio desacreditados en
Suecia.
-Pero ese no fue el caso de la
nona Pascualina, que además de
Rosario Central, solamente era
hincha de la difunta.
-¿La Coprrea?
-Otra no conozco, che.
Era obvio que el tema había
entrado al campo de las grandes
definiciones.
Como cuando se patea un penal.
Todo o nada. "¡A los caños!"
dice el ratón.
Parola más, parola menos, así
seguía la charla. Hasta que
empezó a llover.
Primero tranqui, después con
todas las furias del pronóstico.
A baldazos, así me entienden.
Como llueve en Adalucía. De
marzo a diciembre ni por joda,
pero cuando se abre la canilla,
salen unas gotas que parecen
huevos.
-¡Vendo paraguas importados!
¡Aproveche que se acaban! -dijo
un vendedor ambulante anunciando
su precio sin compasión por los
compradores mojados-
Decidido a aprovechar la volada
para enriquecerse a costillas
del respetrable público. Como en
los bondis de Buenos Aires,
salvo que éste era un grone
vestido a su estilo nacional. De
infantería y sin papeles, el
pobre, con toda seguridad.
-Seguinos contando de la nona,
che -dijo el mozo.
-Un monumento al laburo. Nada
que ver con las minusas de hoy.
Y al mosaico se le dibujó una
profunda arruga en la frente,
con el recuerdo de su media
naranja estrenando pollerita
cortona por el barrio. Con
tantos admiradores que a é se le
prendían todas las luces rojas
con cada raid.
-¡Naifas eran las de antres!
-dijo uno, con la seguridad
opinativa que da el alcohol.
-¡Qué monadita, la nona! Hasta
el día de hoy se la extraña
-suspiró el tano, con los ojos
nublados de recuerdos.
Como si estuviera oyéndola
rezongar. Derechita, a pesar de
los años, de delantal blanco,
medias negras y un rodete
inmaculado, del que a veces
pendía una flor.
-¡Me cache en la porca madonna!
-explotaba ella, cuando las
cosas no iban bien.
-¿Cómo dijo, Pascualina?
-Che lo trafuccio di piscoli non
va propio nel focco.
-¿Me podría traducir?
-¡Va fanculo! -Respondìa la
nona, con airada indignación.
Y se iba furiosa, dejando a su
interlocutor en la luna de
Valencia. Esos viejos dialectos
de las aldeas pesqueras
calabresas ya no los entendía
nadie. Recuerdos del ayer, antes
de que los italianos cruzaran el
mar para hacer fortuna. Y no le
fueran a pedir nada prestado,
porque la negativa era
invariable.
-¡Chi presta, tempesta, e chi
acata fa la festa! -sentenciaba.
O sea que el despojado lanza
rayos y centellas, mientras la
contraperte celebra su buena
suerte. Una expresión de
sabiduría popular que conviene
tener presente.
-Tá güeno... -dijo un morocho,
con parsimonia del interior.
-¿Segí cobntando, tanito!
-agregó otro vivanco, en la
espezanza de verse favorecido
por el próximo ambigú.
-También me acuerdo de una vez,
que la escuchamos cantar un
tango. Claro que en cocoliche,
como hablaba ella.
-¿Lo hacía en público?
-No, en el lavadero, para que
nadie la oyera. Pero llena de
inspiración.
"Il giorno del casorio dico el
tipo di sotana"
-decía-
"Lo punto debe sempre mantenere
la fulana, e tra la la..."
-Cuando no la veían, también se
abrazaba a la escoba, para
bailarse con cortes algún gotán.
Mujer bien ubicada, como hija de
partisanos, siempre tenía a flor
de labios un buen consejo.
-Con cana, milico y picapleito
no se meta, que sono tutti
mafiosi -decía- Yo una vuelta
agregué "Los curas también", y
ella me abrazó taratreando "La
internacional".
-¡Bravo ragazzo! dijo después,
levando el puño izquierdo.
Y ya estaban por ventilarse
otros recuerdos y enseñanzas,
cuando apareció Marilú en
persona, para garronearle unos
fasules al mosaico. Se hizo un
silencio tenso.
-¡Buenas...! -dijo ella.
Pero nadie le contestó,
transidos de emoción con ese
despelote de hembra.
Agotado el tema de discusión.
Porque aunque la nona Pascualina
fue un ejemplo de virtudes, su
recuerdo señero mal pudiera
competir con la imagen en vivo y
en directo de ese churro
bestial.
"De carne somos", dice el
refrán.
THE END
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Copyright: John Argerich, 2005
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All rights reserved.
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se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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