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El amasijo
Asunto de suerte
(Donde se habla de lo mal que
les va a algunos)
Por: John Argerich
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A mí siempre me gustó mirar a la
gente. Pero no por ganas de
afanar nada, que la boca se te
haga a un lado, che. Si junaba
tupido era para aprender a
diferenciar. Un filósofo del
barrio sabía decir "quien nació
para chirola, difícil que llegue
a mango". Y ahí está el relleno
del raviol, aunque sólo después
de nutrido pirulaje uno se
apiola. El pueblo, cuando vota,
es un sólo corazón, dijo mi
general. Pero para todos los
demás efectos se divide en dos
clases ferozmente
irreconciliables. Perro y gato.
Boca y River. Póker y escoba de
15. Whisky y mate amargo. Chicha
y limonada, qué se yo. No
hablemos de oligarcas y
linyeras, que eso es un
accidente del mundo de las
finanzas. O sea, estás en la
vía, te ganás el Prode, y
saltaste a primera división. La
precisa es otra. Piolas y
pajarones, pienso yo.
Tras lo cual concretaremos,
aunque lo siguiente esté más
cantado que Evangelio en día
domingo. Cuando dejás la
mamadera, te largan como perro
en cancha de bochas. Meta
relojear, piñas de todos lados,
y sin pescar un belín. Después
cada cual se apiola como puede,
para ubicarse donde mejor
encaja. Entonces, la máquina del
destino le hace "clic".
¿Genética fría o incontrolable
berrretín? ¡Vaya uno a saberlo!
Y para entrar en materia,
pasemos vista al ayer. Que la
Historia se inventó como
advertencia, pues a esta altura
del partido, ya nada es
original. Una vuelta yo iba
colado en el tren que sale de
Chacarita, y apareció un
curdela. ¡Pobre ñato, más roñoso
que carretilla de ciruja! Y no
bien quiso sentarse, las jermus
paquetonas que iban de compras,
empezaron meta y ponga a
protestar.
-¡Sáquenme de aquí a este chusma
maloliente! -decía una señora
bien.
-¡Saquemén a ese mugriento!
-hizo coro una morocha con pinta
de sierva en día franco.
Se armó un quilombo que ti la
voglio dire, y al ratito
aportaba el guarda. Cuando los
ánimos ya estaban por reventar
de la presión, como dice el
tordo. Y ese funcionario era
todo un personaje. Con una chapa
identificatoria en el saco, que
daba nombre, grado, y número de
legajo personal. Datos
ciertamente innecesarios para
perforar boletos, pero
portadores de una pinta tan
brutoski que imponía autoridad.
-¡Pases, boletos y abonos!
-decía el chancho, con voz
imperiosa que pocas eperanzas
dejaba sobre su apertura al
diálogo con los pasajeros de
garrón. Entonces lo vió al
mamado, y la facha primero se le
puso blanca. Después fue tomando
color granadina, con destellos
tornasol.
-¡Se baja en la próxima
estación, borracho caradura!
-ordenó, pateando al corner
cualquier tentativa de descargo.
Pero el hombre se defendía.
- Mi problema no es el vino, y
si ando a los tumbos, ha de ser
debilidad -dijo- Preguntále al
dotor si no me creés, andá.
-¡Calláte, atorrante!
El intercambio de opiniones duró
un buen rato, pero ninguna
excusa del mamado hallaba eco. Y
cuando llegaron el primer
paradero, el guarda lo bajó a
sopapos. Poco importaba que no
tuviera un sope cortado en
cuatro para tomarse el bondi. Un
pobre diablo, nomás.
-¡Y ahora me se deja de joder!
-dijo el esbirro de Transportes,
mientras el convoy partía
clan-clan-clan rumbo a la noche.
Al ratito, subió al tren un
inglés con pelo amarillo, cara
picada por la viruela, y
cachetes color bordó.
-Good morning, muchachos, hip…!
-dijo en el spanglish gangoso
que se habla en Lomas de Zamora.
El yoni despedía aromas de chupi
made in casa, ése que se fabrica
con alcohol de la farmacia y un
menjunje color marrón. Lo más
rasca que hay. Pero visto su
porte distinguido, nadie se
inmutó.
-Por aquí, señor…
-Thank you, che.
Y entonces, un pebete con ganas
de boludear, empezó a tararear
unas coplas más tristonas que
pena de arrabal.
"Cuando un pobre se emborracha
todos dicen ¡borrachón!
Cuando un rico se remama,
¡qué alegrito va el señor! "
¿Entienden ahora ese asunto de
las diferencias sociales, o no?
Otra vuelta yo había caído en
cana por agarrarme a patadas con
unos hinchas de Huracán, cuando
les llenamos la canasta de
pepinos en la Bombonera. Y en
las mazmorras del Departamento
Central había un tano medio
jovato, que a mayor
abundamiento, le decían don
José.
-¿Qué le ha pasado para terminar
en galera, abuelo? -atinamos a
preguntar.
- Que viene lo cana y me mete in
calabozzo per cantare…
- ¡No lo podemos creer! ¡Qué
atropello a los derechos
humanos!
-Ma, sí... Sono condenato a
trabaco forzato da limpiare lo
baño, ma non mi piace niente.
Entonce me tiro a chanta, y
cuando viene lo comisario y ve
caca embrollata per tutta la
uficina, pregunta chi á pasato.
Lo pensamiento profundo non mi
deca laborare, le dico.
-Expresáte más mejor.
-Cuando uno respira perfume di
letrina, si va via tutta
devozione di ganare il pan
honestamente, signore comisario.
¿Capisci? Alguno cocoliche
filarmónico le puso música di
tarantella a la grande dificoltá.
E come non tengo tanta labia, le
canto la partitura, completando
a pura fantasía la parte que me
olvidé.
"Lunedí, comienza la semana
e per questa macana, no vamo a
laborar.
Martedí, é il giorno
subsiguiente,
per questo inconvieniente, no
vamo a laborar.
Mercoledí, me he despertado
tarde,
me cache puta madre, no vamo a
laborar.
Juevedí, salí medio cansado,
sería mucho malo, si vamo a
laborar.
Venerdí, ha morto Jesucristo,
e come non lo he visto, no vamo
a laborar.
Sabadodí tutti va di viaje,
sería sabotaje, si vamo a
laborar.
Domingodí é día de descanso….
¡Seríamo uno ganso, si vamo a
laborar!"
De los labios entrecerrados de
don Giuseppe Parravicini escapó
un gemido, y después dijo:
-El comisario me miraba con
facha di sorpresa, y yo le
pregunté otra vez,"¿Capisce o
no?"
-¡Siete meses más de cana!
-repuso il disgrasciato, per
tutto comentario.
-¡Pobre diablo! -pensaban los
demás.
¿Para qué seguir?… Cuestión de
tarro. Con esos méritos, a un
ganador lo nombraban director de
orquesta para días de desfile,
poniéndolo inmediatamente en
libertad. A un papafrita, no. Y
por si aún hicieran falta
argumentos para defender esta
tesis, hablaremos de Papelón
García, un valor a contramano
desde el día en que nació.
Primero el nombre, que tiene su
explicación después de siete
chancletas seguidas. Los papás
le querían poner "Bienvenido
Carajo", pero el jefe del
Registro encontró fulera esa
gracia.
-Ojepto el nombre por indecente
-dijo- Y sería un papelón.
¡Para qué habrá abierto la boca!
El escribiente era medio tapia,
y puso lo último que pudieron
descifrar sus oídos cachuzos.
Con lo cual, la partida de
nacimiento quedó así:
Apellido: García.
Nombre de pila: Papelón.
-¿Pantaleón, dijiste? -preguntó
el sargento.
-No, mi jefe… Papelón.
-Traslado al batallón cocina,
donde pelará dos mil papas
diarias, so pena de entregarlo a
la justicia militar, por cargar
a un superior.
-Eso no le pasaba a un tipo
piola… -comentaron los otros
colimbas, sobrándolo con el
desdén que merecen los
perdedores.
Pero en esta vida todo tiene su
explicación. Unos vienen con
estrella y otros nacen
estrellados, enseña el viejo
refrán. Como si al fin de la
línea de montaje el trompa del
show nos encajara un sello en la
frente: "Primera" o "Segunda".
Vos salís a gambetearla, y así
te va después
THE END
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Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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