|
|
El amasijo
Los grandimbento deste mundo
(Donde se habla de tarro e
inspiración)
Por: John Argerich
|
 |
 
|
|
En plena era de la tecnología,
es difícil saber bancársela. O
sea aceptar un mundo cambiante,
donde el bocho nos sorprende
cada día con inventos nuevos.
Algunos medio sofaifas, como la
máquina de hacer llover, que
sólo funcaba a satisfacción en
Londres y Escandinavia. O el
tambor a teclado, capaz de tocar
La Cumparsita a paso de desfile,
pero que apenas logró seducir
unos pocos bailarines de salón.
"¡Tercos como mula en la
retranca, esos reaccionarios!",
hubiera dicho mi abuela, que en
paz descanse. Verdades que Vd.
seguro pescó del vamos, don. Y a
mayor abundamiento, todo cuanto
luce no es oro, pues se han
craneaado cosas buenas, pero
macanas también. Lo que trae a
la memoria un par de casos
célebres.A saber, a fórmula del
chinchulín vegetariano que
entusiasmaba a la Sociedad
Protectora de Animales, el agua
corriente perfumada, sueño de
tanto laboratorio privatizado, y
que sé yo.
Pero hagamos honor a la verdad,
para que no nos tilden de
globeros, gallinas, o afectos al
terrorismo intelectual, que es
aún peor. De tanto pelarse el
coco con pensamientos profundos,
nuestros mayores hicieron
hallazgos capaces de dar color a
la vida. Más que nada rosa o
negro, según con qué pata se
hubieran levantado después de
apoliyar. Asunto dependiente del
cristal con que miráramos, pues
las valoraciones caen de arriba,
como yapa de almacenero. A ver
si me entienden: Cualquiera sea
la facha del balurdo, siempre
puede vérselo de distinta forma.
Lo que se contagia meta y ponga
blablabla, porque entre nosotros
pocos saben callarse a tiempo.
Después vienen las
consecuencias. Por eso decía
Taboada, "el que plantó la
lechuga, me se morfa la
ensalada". Y un filósofo francés
estudió con empeño digno de
mejor causa, ese balurdo. Me
refiero a Jean Paul Sartre,
quien para expresar su
descubrimiento decía siempre lo
mismo. "No hay observación
carente de observador". Pero en
lindo desbole nos metíamos si
fuera al vesre, ¿no? Una
historia como las del fantasma
Benito. Mas pongamos rumbo a la
precisa, que mi cuarto de hora
tiene apenas quince minutos. En
opinión de este sabio, el propio
grasa que mira, es quien después
te la cuenta. ¡Flor de boludez
con cinco estrellas, a pesar de
la fama que tenía el franchute!
Porque su descubrimiento lo
comprueba cada mattina el
paparulo más cualuncue del
elenco nacional. Para llegar a
esas conclusiones no hace falta
un laboratorio pensante, che...
Son ideas berreta que a mí me
vienen al balero aguardando el
colectivo 60, mientras prendo un
importado que quedó en el
paquete la noche anterior.
El tema da para largo, y yo
siempre he respetado la opinión
ajena. Aunque sin fanatismo, sea
dicho, por cuya causa ignoraré
toda convicción que no sea
propia. Y rechazo por cábala
cualquier prepo, que bastante
aguantamos durante los años del
Proceso. Mas la ley del
gallinero es realismo puro. El
autor soy yo, y mientras los que
forman a fin de mes aguanten,
escribo lo que tengo ganas de
contar. Porque llegó el momento
de hablar clarito, sin pelos en
la luenga ni temor reverencial.
La igualdad de oportunidades es
jarabe de pico, señores. Bien
fritos íbamos si no, tratando de
introducir en esta página la
redacción conjunta. Hasta su
nombrecito tan caro a los
sentimientos de un servidor
terminaba en el tacho, si no.
Rechazo todo intento de
rebautismo colectivista. No
faltará algún papafrita que
invocando viejos berretines (no
hay "logos" sin "praxis", por
ejemplo) quiera llamarla "El
amasijo democrático y popular".
Pero decime, ¿qué banco te
presta un mango con ese
nombrecito? ¿Cómo hacés para
levantar las cuotas del terreno
a fin de mes? ¡Dale, pibe, si el
único bicho que se rasca para
afuera es el perro …! Ideología
es una cosa, pero negocios son
otra. Los caporales de este
mundo se llaman don Mango, don
Billete, y don Biyuya. ¿Mundo
cane, dijiste? ¡Despertá,
pierrot!
Pero con tan profundas
disgresiones nos piantamos un
cachito del tema, que era "los
grandimbento deste mundo" -sic.
O sea, fatos que pusieron nuevo
sello al cotidiano devenir. Una
lista interminable, que va desde
el papiro hasta la venta de
forros vía Internet. "Piano
piano, si va lontano", decían
los precursores de este
despelote que llamamos patria
mía. Pasemos revista al tema sin
caer en extremismos, y mucho
menos en el vértigo de la
velocidad. Las cosas requieren
su tiempo, porque previo a
cualquier laburo hay que tomarse
un descansito, como hacen los
suecos. De ahí su desarrollo
cultural. Lea tranqui, chango,
sin apurarse al cuéte, le
aconsejo, que por mucho madrugar
no amanece más temprano. La
lista da para largo, y cualquier
enumeración pecaría de
incompleta, pues nadie puede
ignorar ciertas craneadas que
hicieron época. Por ejemplo el
invento de los escarbadientes,
la vitrola, el dulce de leche,
la estación espacial o el
abecedario. La rueda, el auto,
las tijeras, la imprenta, tango,
milonga y chamamé. El bondi, los
cubanitos… ¿Qué sería de
nosotros sin todo aquello?
Pasemos revista al tema, pues da
para mucho más. Pero sin
fanatismo, ¿eh? Que como se
aprende en la función pública,
el que trabaja ligero, perjudica
al compañero.
Y como todo proyecto empieza
desde el principio, al rastrear
un tema tan peliagudo, conviene
ubicarse metodológicamente, para
no quedar orsái. Los inventos se
dividen en dos clases: Inventos
en serio, e inventos en joda.
Con un amplio campo intermedio
para aquellos que no son ni fú
ni fá. Entre los primeros,
mencionaremos el trabajo,
maldición bíblica que te da el
pesto sin changüe, y ojepto de
odio ancestral. Ello inspiró
nobles versos de denuncia, con
el entusiasmo sincero que tienen
las causas populares.
"… si encontrás al inventor
del laburo, lo fajás…"
-decía Gardel.
Con lo cual dejamos el tema pues
la vida sigue, te guste o no. Y
como muestra de su antítesis, o
sea la invención en joda,
mencionaremos el celibato
sacerdotal. Una norma impuesta
por la Santa Sede para mantener
al clero en permanente estado de
convocatoria. Que se quiebre
pero no se doble, un decir.
Después viene la zona gris de
los fatos raros, donde nadie se
anima a meterse, por jabón de
patinar. La suegra, por ejemplo,
ese invento irracional. Si le
llevás flores, es porque
fantaseaste con su entierro. Si
le llevás bombones, querés
exterminarla de un ataque al
hígado. Si no le llevás nada,
son un garca y un amarro, que
sólo sirve para voltearse a la
nena. Habría para agregar mucho
más, pero visto que "lo bue, si
bre…", cambiaremos de tema con
la justa de esquivar tanto
berenjenal.
Hay más clasificaciones
posibles. Verbigracia, inventos
de tarro e inventos de
inspiración. Por ejemplo, cuando
Newton inventó la ley de
gravedad, ni se lo había
propuesto. El loco solamente
buscaba morfarse una deliciosa,
cuando páfate que se le cae la
fruta en la pensadora. Típico
invento de tarro. No fue así el
caso de Arquímedes, que gritó
"¡eureka!" desde la tina, tras
largo proceso meditativo que
finalmente lo llevó a bañarse,
sin pensarlo más. También
creeemos casual que los
dinosaurios inventaran mucho
antes que nosotros, el complejo
arte de volar. No se lo
barruntaron ni en sus sueños más
audaces. Pero fue un tarro
pinchado, pues les salió el tiro
por la culata, como puede
comprobarse fácilmente al leer
lo que sigue a continuación.
Antes metían pavura, cuando
deambulaban sus brutas moles por
la faz de la tierra, chorreando
sangre de víctimas recién
saboreadas. Inventaron las
plumas, y ¡a evolucionar! Así
terminaron convertidos en
pollos, pavos y codornices, como
parte de la canasta familiar. O
pajaritos, que unos meten en la
jaula y colocan en el balcón. O
lo que es peor, se los morfan
con polenta, como hacían los
nonos, dejando sin gorriones la
zona en que se erigía el Hotel
de Inmigrantes, única posada del
mundo donde daban catrera y
chupi sin garpar.
Hay inventos sonoros y otros
silenciosos. Con olor a flores y
perfumando cloaca. Abstractos y
materialistas. Hablados y
escritos. Colifas y seriecitos.
Nacionales e importados.
Optimistas y funebreros.
Modernosos y castañetas.
Complicados y pavotes. Lindos y
feos. Buenos y malos. Caros y
baratieri. XX y aptos para todo
público. Líquidos y sólidos. De
uso múltiple y de aplicación
restringida a los entendidos.
Diurnos y vespertinos. Acuáticos
y terrestres. Un balurdo de
ideas, formas, y conveniencias…
¿Para qué seguir?
Yo en general había aceptado la
mayor parte de estas novedades,
que el gran público llama
filosóficamente "grandimbento
deste mundo" -sic. Con una
excepción, eso sí. Las
contestadoras automáticas, que
me erizan de bronca cuando añoro
aquellas voces en vivo y en
directo, de amables telefonistas
rubias, dispuestas a solucionar
nuestros problemas. Situación
que manejándola con cierta
cancha, terminaba fijo en
levante. Y no olvidemos la
milonga que son los cambios de
"software" exigidos cada tanto
por algún berretín del mundo
cibernético. Hace poco instalé
en mi viejo p.c. ("La porteña",
se llama) un programa de
traducciones múltiples, y al
probarlo no encuentro nada mejor
que sacudirle una frase latina
que repetían los curas del
Colegio San Miguel.
"Res non verba" escribí, medio
curioso.
Y el aparato devolvió su versión
portorriqueña, tras rumiarla
escasos microsegundos.
-Las vacas no hablan -repuso,
sonando a fanfa por tanto
conocimiento.
Desde entonces me morfan la
azotea muchas dudas sobre este
desbole de los inventos
modernos, que afetan la vida de
la persona. Pero ningún mal dura
cien años, dice el refrán.Ya se
me va a pasar.
THE END

Copyright: John Argerich, 2005
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en 31 medios, de 9 países, existiendo una versión en idioma inglés.
* ** * *
Curriculum
vitae clic aquí
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|