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El amasijo
Cosas del Amor
(Donde se habla de asuntos que
sólo callaríamos amordazados)
Por: John Argerich
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Los poetas siempre cantaron al
amor, desde el más inspirado
hasta el más gil. Y la
indoctrinación sobre las
virtudes de tan noble
sentimiento, empezaba de
pebetes. Un fárrago emocional
que vinculamos al corazón.
Aunque sin exclusiva mundial,
porque para los japoneses, todo
sentimiento noble proviene del
estómago. Órgano que como en
Tokio está repleto de arroz, dió
origen a la tradición de tirar
dicho cereal a los recién
casados. Afortunadamente los
argentinos tenemos otras
costumbres, que de lo contrario,
los novios recibirían un baño de
carne picada con papas suflé a
la salida de la iglesia. Pésima
idea, con lo que cuesta mandar
al tintorero la ropa de
etiqueta. "Ema ama a mamá",
decía un famoso tratado de
alfabetización llamado "¡Upa!".
"Yo amo al general Perón", decía
"La razón de mi vida" en cada
página. "¡Amores eran los de
antes!", decía tía Vicenta,
recordando sus romances del
Parque Japonés. El el amor es un
tema obsesivo en nuestra
cultura, y en mi juventud lo
machacó el bolero.
"Amor, amor, amor...
nació de ti, nació de mí,
de la esperanza..." -cantaba
Gregorio Barrios.
Pero los fanáticos religiosos
están en todas. Y visto el
cuándo, sólo falta imaginar el
cómo. Infiltrarse en la radio,
en la tele, en todas partes,
crucifijo en mano. Para con el
primer descuido, enchufarle al
tema connotaciones metafísicas.
De manera tan sutil, la famosa
copla terminó descubriendo que
el amor no era más huérfano:
"...nació de Dios, para los dos,
nació del alma..." Un éxito
previsible, pues siempre es más
sencillo creerse cualquier
macana, que dejar la osamenta
buscando la verdad. Y mucha
gente se quedaba chocha con ese
lavado de coco. Convencida de
que el amor es afín a la
supuesta bondad del Señor. Como
si no existiesen formas pifiadas
de dicha especie. Por ejemplo el
amor propio, el amor con la
mujer del panadero, o el amor
por la guita ajena, que tantos
problemas ha causado. Pero esas
reservas, por más contundente
que sea su peso intelectual, no
se hacían presentes en el
coloquio diario. -¡Qué amor es
Vd., señor jefe! -dijo la Mónica
Ramírez con una sonrisita
húmeda, en aras de trabajarse al
trompa. Después hizo un
arrugoncito de ñata, y se fue
acariciando el aire con sus
curvas. Viento en popa a toda
vela, pero en este mundo nunca
faltan los escépticos. Y la
oficina mal iba a ser excepción
por tener en la puerta bandera
con escudo. Visto lo cual, un
petiso medio púa llamado el
Cachito Barbieri, que laburaba
como inspector de zócalos,
comentó: -¿Amor? ¿Qué es el
amor, me quieren decir? Había
tirado el guante. Todos se
miraron, y calló el zumbido de
las conversaciones furtivas. Dos
ordenanzas apagaron sus radio a
transistores, y ni los teléfonos
se atrevían a llamar en ese
instante de suspenso.
Conscientes de que la respuesta
al tema no era fácil, pues cada
enamorado aporta su propia
definición. Y si la especie
humana tiene cuatro millones y
medio de pirulos, está claro que
los galanes deben haber sido
muchos. Entonces surgió un
interlocutor, que en vez de
revolver cuestiones teóricas,
fue al grano. -Yo te voy a batir
qué es el amor -dijo el negro
Galíndez con la autoridad que le
daba ser arquero en el equipo de
"casados". O sea un experto en
exquisiteces, que sólo se
aprenden con la práctica diaria
del oficio. Y fue largando
desapacito el rollo.
Exquisitez No.1: -dijo- Amor es
entregarle un salvavidas a la
suegra en la cubierta de un
barco que se hunde, diciéndole
"¡Primero usted, doña Rosa!".
Exquisitez No. 2: -continuó-
Amor es no exigir más de tres
camisas limpias por semana. Si
son almidonadas, te conformás
con dos. Y después siguieron
otras dieciocho reglas, de
notable efecto en el auditorio.
Exquisitez No. 3: Amor es
interrumpir sonrientes cualquier
esparcimiento sano, para ir
corriendo al almacén antes de
que cierren.
Exquisitez No. 4: Amor es tener
presentes todos los cumpleaños
de la esposa, suegros y cuñados.
Si agregamos los primos hermanos
y amigos íntimos, el amor se
convertirá en pasión.
Exquisitez No. 5: Amor es mirar
hacia otra parte, cuando ella se
saca los dientes postizos y los
mete en un vaso de agua, antes
de dormir. Exquisitez No. 6:
Amor es dejar gozoso el café
donde uno para, con objeto de
concurrir al Salón del Reino, si
la patrona se hace testigo de
Jehová.
Exquisitez No. 7: Amor es evitar
cualquier gesto comprometedor
cuando (paseando con la señora)
se nos cruza un budín modelo de
exportación. Exquisitez No. 8:
Amor es, en plena crisis del
punto previo, fruncir la frente
exclamando "¿Viste qué
mamarracho, el saco que lleva
puesto, che?"
Exquisitez No. 9: Amor es pagar
con puntualidad de cronógrafo
suizo la plata que nos prestan
sus parientes, aunque el interés
sea usurario.
Exquisitez No. 10: Amor es no
ponerse en curda cuando hay
visitas, más que nada si vino la
familia política a celebrar una
fiesta íntima.
Exqusitez No. 11: Amor es
recordar cada aniversario del
primer cuerpo a cuerpo
regalándole flores, y
escribiendo un poema alusivo de
por lo menos seis estrofas que
rimen bien.
Exquisitez No. 12: Amor es
regalarle bombones caros,
después de toda trifulca con
destrozos en la vajilla.
Exquisitez No. 13: Amor es no
quejarse jamás si la comida es
poca, tiene pelos, está fría, o
resulta sencillamente inmunda.
Exquisitez No. 14: Amor es sacar
cada cuatro horas a Fifí para
que haga sus necesidades
fisiológicas, sin decirle "¡Vení
acá, perro de mierda!"
Exquisitez No. 15: Amor es
quedarse piola cuando ella
relata las virtudes del finadito
primer esposo, que en paz
descanse y que era una monada.
Exquisitez No. 16: Amor es ser
capaz de usar su cepillo de
dientes viejo, sin desinfectarlo
antes con solución de cloro al
75%.
Exquisitez No. 17: Amor es
evitar cualquier comentario
entusiasta, si nuestro club le
mete cinco pepinos al de ella,
en las eliminatorias del torneo
nacional. Exqusitez No. 18: Amor
es no roncar, si la señora es
persona de oído fino. Exquisitez
No. 19: Amor es volver todos los
días como balazo del laburo, sin
pararse siquiera a comprar el
diario, porque los maridos
engañan de 19 a 22. Exquisitez
No. 20: Amor es lucir con orgulo
aquella corbatita verde
tornasolada horrenda, que el
ángel de nuestras vidas nos
regaló para Navidad.
Todos se miraban apabullados con
tanto conocimiento, y empezaron
los comentarios. Hasta que,
vista la hora, Galíndez creyó
mejor retirarse a su domicilio.
"No hay logos sin praxis", dice
el refrán.
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidós medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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