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El amasijo
INTRIGAS DEL MEDIO ORIENTE
(Donde se habla de fantasía e
inspiración)
Por: John Argerich
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-Los árabes son tipos
imaginativos… -decía Pepe
Murgiondo, mientras se ajustaba
las rodilleras.
-¿Ah, si? -contestó Diego
Sanguinetti desde el fondo del
vestuario.
"Poca bola", diría un
observador, al escuchar sus
palabras. Pero ese iba a ser el
comienzo de un diálogo llamado a
tener consecuencias.
-Mirá la literatura que dejaron
-siguió explayándose el Murgi-
¡Otra que los bolazos de 007!
Cuentos buenos como "Alí Babá y
los cuarenta ladrones", o "Las
mil y una noches"...
Entonces se acercaron el DT y un
morocho que iba probar de
arquero. Interesados en brillar
también como pensadores.
-No pierdan el tiempo hablando
macanas, che. Hay temas mucho
más graves, que afetan la
identidad nacional -dijo el
morocho, un tal Froilán, con
fama de rompedor, cambiando de
lado el escarbadientes que traía
desde Belgrano R, estilo
deportivo.
-¡Han agraviado a la patria!
-agregó
-Explicáte, please… -dijo un
coro de voces alarmadas.
-Pará la oreja, entonces. Según
un artículo de "O globo" que
estuve leyendo, el gotán en vez
de ser nuestro, había sido
primero andaluz, después
africano, y nos lo trajeron del
Brasil unos marineros borrachos.
Además dice que Gardel era
uruguayo, y los grandes
compositores más que nada
cariocas y paulistas. ¿Se
imaginan "Malena" cantado en
portuñol?
Los demás escuchaban afligidos,
porque con esa interpretación de
la historia, se desmoronaban los
pilares culturales de la patria,
y sólo el fútbol podía salvarnos
del escarnio internacional, lo
que hasta que aparezca otro
Maradona, es un sueño de verano.
-¿Cómo se llama el autor de esas
diatribas?
-No sé... -dijo el Froila, que
de tanto atajar penales a zabeca,
había perdido la memoria.
-Fantaseando así, debió ser
musulmán -Contestó Pepe
Murgiondo, con lo que regresamos
al tema inicial.
La charla iba poniéndose linda,
y era el momento del desquite,
para volver a brillar. Entonces
el Pepe acabó de luchar con las
rodilleras. Después, esgrimiendo
su mejor sonrisa, hizo un aporte
vocal:
-Alí bajaba la jaula, baisano
-dijo.
-¿Cómo, che?
-Que si Alí bajaba la buena
jaula, la buena jaula bajaba
Alí.
Un libanés que manejaba el
mionca en que fuimos a la
cancha, se sintió tocado en
algún resorte íntimo.
-¿Hablás árabe, che?
-No, pero cuando digo la
frasecita medio rápido, todos me
preguntan lo mismo.
-¡Oia mi dió! -comentó el turco,
de apellido Charpentier.
Y como el toña no peinaba un
cabello de gil, se le prendió la
lamparita.
-Después del partido, vamos al
café, para seguirla. Porque
tengo un asunto que te puede
interesar.
Salieron a la cancha bajo una
garúa helada, como para calar
los huesos. Así que salvo el
arquero, todos los jugadores
corrían como locos, para entrar
en calor. Pero con el embarre,
se perdieron los tiros más
segurola, y la hinchada tiraba
una bronca padre.
-¡Pataduras!
-¡Chantas!
-¿A quién le ganás, chauchón?
Por suerte, el referí estaba
medio engripado, y un estornudo
se le metió en el silbato, con
tanta precisión que paró en seco
el gambeteo, dando por terminado
aquel match cuando íbamos
ganando. Entonces los héroes
volvieron al vestuario, y allí
estaba Charpentier.
-¿Viste qué difícil es ganarse
el mango? -le dijo al Pepe, como
de forma casual, para agregar
enseguida:
-Esta noche vamos a hablar de
cosas menos sacrificadas que el
fóbal, che.
Se dieron una ducha para sacarse
el barro, porque con las patas
limpias es más fácil entrar a
los círculos de la alta
sociedad. Así fue como tras
dejar el camión estacionado en
lugar seguro, enfilaron al café.
-Te la chanto derechoviejo -dijo
el turco- Con los despioles del
Medio Oriente hay muchos que
quieren mandar ayuda
humanitaria. Vos sabés que en la
Argentina viven una barra de
árabes, y hasta tenemos la
mezquita mas grande de
Sudamérica.
-Seguro. Hasta hubo dos
presidentes de ese origen,
Leandro Alem y Carlos Menem.
Pero seré curioso ¿Cómo viene la
mano, che?
-Los muchachos del Club Social y
Deportivo Hizbollah piensan
traer un ayatola para que hable
en público. Entonces, cuando la
gente empieza a aplaudir, pasamo
la canastra, como en la iglesia.
Pero hay dos problemas. Uno, que
el viaje desde El Cairo a Buenos
Aires cuesta una porción. Y el
otro que los viejos se murieron,
y acá ya no queda ninguno que
pesque un pito de árabe, para
traducir. Entonces, por más
inspirado que sea el discurso
del ayatola, difícil que el
público se entusiasme. Dicho en
otras palabras, chau colecta.
Pepe Murgiondo estaba empezando
a intuir que Charpentier se
traía algo entre manos, y
preguntó con franqueza:
-Batí clarito qué pitos toco yo,
y cómo repartimos la mosca.
-Mirá pebete -dijo el turco- En
vez de traer un ayatola de la
loma del pepino, solucionamos el
problema con sentido práctico.
Vos te ponés una túnica negra
con un trapo en el coco, y
empezás a batir eso de que Alí
bajaba la jaula. Como nadie
entiende un belín, nosotros
traducimos lo que se nos canta,
y chau pichi. ¿Qué te parece?
-La idea no está mal, pero si
falla algo, terminamos en cana.
-Hay que prepararse bien. Yo te
aconsejo que esta noche vayamos
al biógrafo, así vemos "El
expreso Bagdad-Estambul". Esas
películas viejas son siempre
instructivas. Pero hay que
prestar mucha atención a los
detalles, ¿eh?
-¿Por ejemplo?
-La forma de vestirse de la
gente, cómo morfan, qué sé yo.
-Metéle. Yo después me las piro
al domicilio legal, y le doy
fuerte a la pensadora. Mañana te
contesto si funca o no.
-Choque los cinco, amigazo.
Fueron al cine, vieron la
película, y ésta dejó muchas
enseñanzas. Que a ningún árabe
bien nacido, sus esposas lo
despiertan con mate amargo. Que
en vez de chicle, los beduinos
mascan dátiles. Que su plato
favorito son las milanesas de
camello con papas suflé. Y una
punta más de asuntos prácticos.
Después del cine, Pepe se fué a
la pieza, para tirarse a torrar
un cacho. Pero con tanto balurdo
en la claraboya, dormir era
difícil, y estuvo fumando hasta
aclarar. Por fin cabeceó un par
de horas, pero cuando estaba en
lo más lindo, golpearon a la
puerta.
-¡Teléfono, che!
Era el turco Charpentier,
reclamando una respuesta. Y
medio de boleado por la noche en
vela, medio por ganas de
divertirse, y un poco por amor
al mango, Pepe dijo que sí.
"Gran acto de apoyo al pueblo
iraquí", decían los carteles.
"Con la presencia del ayatola
Ibrahim Al-Shamiya Abdullah Al-Eref
en persona, acompañado por un
gran elenco"
El salón de actos del club
estaba repleto, y cuando se
encendieron los reflectores,
apareció Murgiondo, con una
camisa blanca, barba postiza,
túnica negra y pañuelo de igual
color envolviéndole el marote.
La gente aplaudía, y él saludaba
con la mano derecha en alto.
Entonces le acercaron un
micrófono, y dijo:
-¡Si Alí bajaba la buena jaula,
la buena jaula bajaba Alí!
La concurrencia recibió sus
palabras con un aplauso cerrado,
y entonces el turco Charpentier
con sus amigos, empezaron a
pasar la canasta.
-Una ayudita, baisano.
-Sírvase.
-Que Alá se lo pague, don.
Y todo hubiera salido diez
puntos, de no aparecer un camión
celular, por obra de algún
ortiba metido en la vida ajena.
-¡Alí bajaba la buena jaula!
-decía el predicador.
-¡Buena jaula te espera a vos,
por engrupir a estos pobres
turcos! ¡Andá subiendo al mionca,
andá! -repuso un infiel con
uniforme azul.
Pepe Murgiondo quiso vivir la
historia, y de puro honesto cayó
en su ley. Del turco no podemos
decir lo mismo, porque se hizo
humo con la colecta. Así anda el
mundo en que nos tocó vivir.
Idealistas y avivatos, nada más.
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidós medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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