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Jose
Cedron
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POEMAS
DEL LIBRO DE ESTE LADO Y DEL OTRO
PEQUEÑA COSA
Si no tuviera alas como tiene
si no hablar y cantara
si no fuera de fiesta de velorio
si no amara tus piernas como ramas de un
niño
si no tuviera acaso componentes
políticos
estaría diciendo que el corazón
es sólo el corazón
no esta mancha que cambia pasos bodas y
viajes
no este pájaro huido que carga una
maleta
pesada como pueblo
no esta sombra que emigra en mala hora
qué va.
PAISAJE
Se la vio desconfiada invadida ocupada
Se la vio con el pulmón izquierdo
perforado
Sin aire
Se la vio sin laurel sin tetas ni
balanza
Sin peatones y voces y terrazas
Sin aire
Se la vio glacial
Con el traje lustroso del código civil
Y los labios resecos guardados en la
boca
Se la vio con las llaves de las
catedrales invisibles
Se la vio sordomuda del pájaro frecuente
Entre la baba espesa
Mirándose en la huella de un pesado
zapato
En la penumbra sólo se alzaba su silueta
Alguna que otra bestia vigilando esa
quietud
Y ninguna otra cosa.
CRÓNICA ENTRE LÍNEAS
Sabíamos que había entrado al bosque
que su cabeza verde trataba de
confundirse
donde habita la vida con la naturaleza.
Sabíamos también que llevaba un antorcha
en la mano derecha. Y también que de día
este fuego no viene a iluminar, sino a
quemarlo todo y confundir el rastro.
Fue entonces que los pájaros dijeron
no es sitio de hacer nido de nacer de
quedarse
y cambiaron de vuelo entre las llamas.
Este bárbaro alzado rodeado por su fuego
ignora que al igual que las hojas
quemadas
ya no regresará de aquel fenómeno.
Este bárbaro no sabe nada de botánica
y tampoco ha leído una línea sobre el
metabolismo de la naturaleza, la
reproducción las cartas de amor, el filo
de una estrella
las leyes de la historia.
Este bárbaro.
CARTA A CASA
Ayer pensé o soñé que estaba en casa
Y te pensé o soñé como eras hace mucho
bajo un cielo que era también como hace
mucho
esas cosas de hombre de niño que uno
tiene.
Te soñé como eras cuando yo no era éste
y te pensé después, y anduviste girando
en
mi cabeza durante todo el día.
Esta mesa es tan chica
acá se desayunan con su ruido de jarros
las mínimas tormentas
acá llueve seguido y las noches se
llenan
de tazas negras.
A veces alguien canta para desocuparse
de las lágrimas
y a veces hay un ruido de final que me
roba
las pocas herramientas que reuní de a
poco
esa pequeña historia asomada en desorden
al reloj de la casa
los gajos que juntabas por los
alrededores
donde ha subido el polvo.
Injusto es este otoño oblibando a
cubrirnos
con las hojas que caen de esta miseria
que se pone a crecer
como el tiempo en las fotos amarillas
como las uñas.
LAS PALABRAS
No abandonar lo estrecho de este pozo
Le digo al animal que malvive pensando
En la arena que escarbas desde el muro
Todo es hondo, profundo
Escribes en la palma de una mano
Que se dio a la tarea de andar sobre
los pasos cortos de tu aliento
ellos hacen volar palabras en una hoja
rayada
buscan el aire donde llega
la punta de los dedos
el olor de la tierra mojado cuando el
viento
ese poco de suerte filtrado en este
otoño
para cumplir lo veinte al otro lado
y no voy a cantar
cuando al fin las porfiadas se abren
paso
entre la hierba espesa
y vienen a dictar bajo esta lámpara.
LA
CUESTIÓN
No hablo de aquellos golpes sobre el
frente
La cal tiza ese polvo en el revoque fino
El ladrillo y el hueco sobre el rostro
Sino detrás, debajo
Hondas bases de adentro.
A esta superricie traemos los límites
De esa profundidad
A estas mismas orillas indescifrables
El difícil enigma que nos hace dudar
(frente al espejo)
que esta mano es una mano
que ese ruido es la lluvia
y el sospechoso sigue en el fondo.
VII
a Daniel Lovecchio
Rafael Vásquez
Arnold Antonin
El río desafiante sube sucio
cuesta tanto nombrar reconocer lugares
desdibujados rostros
después de habernos dado su costumbre.
Si me cuesta el recuerdo de tu voz
y tal vez te suceda
bajo esta misma lluvia, este granizo.
Cara es esta verdad.
Danos buena memoria en este exilio,
patria
danos buena memoria
del que vende negocios asociando tu
nombre
del que remata
del ave de rapiña
de los intelectuales que tomaron
distancia
del aceite que emanan los peces muertos
en la orilla.
Estos son días de aguas no potables
de oxígeno manchado.
Danos buena memoria en este exilio,
patria
para tener memoria de todo lo que
hicimos
y no hicimos posible
de todo lo que haremos
y no haremos posible.
Danos buena memoria de los pasos
adviértenos sobre todo armisticio.
Danos buena memoria en este exilio,
patria
reflejos de felino para defendernos de
la serpiente
danos buena memoria a la conciencia
danos buena memoria
dependencia concreta, humana
de ella
y ninguna mejilla.
_______________________________________________
POEMAS DEL LIBRO ACTAS
*
Me desperté después de las pastillas
a las 4 y 50
cuando una voz en off anunciaba buen
tiempo.
Cielo limpio a un costado de tu rostro
recuerdo unos islotes que olvidé para
siempre
algunas nubes bajas rozándome el zapato
un hilo blanco al fondo; el horizonte,
creo.
Un ruido absurdo adentro de una taza
y muchos caramelos que saben a otro
idioma.
La escalera y el mar, el cerro enorme
la humedad y unos pocos borrachos en la
calle
un túnel y otro túnel
y tu mano por único testigo
de que llegué hasta aquí
en esta madrugada sin diario ni más
datos.
Caracas
*
En esta casa alguien vivió antes.
Dejó clavos de punta en las paredes
la forma de sus manos en un viejo jabón
olores a tabaco, el lavadero sucio.
Huellas poco confiables.
Vivió esperando un ruido que lo llame
desde el amanecer?
Lo imaginó esperando?
Lloró también de frente, aquí,
contra estas puertas?
Qué lloró cómo qué hizo
cuando el sol se le secó en el
horizonte?
Qué sintió de esta lluvia debajo del
papel?
Humedeció sus miedos el cielo de este
techo?
Dudó del calendario con las manos
cerradas?
Del amor?
Compró pan en el barrio y fue observado?
Vio sonrisas por él y no hacia él?
Nombró con el silencio?
De qué cielo llegaba?
Escribió cartas?
En qué idioma dijo, señor no puedo más?
Era extranjero acaso?
*
Las tinieblas terminan en tinieblas
que no terminan.
Jorge Guillén (Ley de sucesión)
Las piedras de las torres taparon los
volcanes
con el insospechado silencio de sus
cuerpos
los muros no murmuran el asombro al
creyente
(que después descubrimos entre los
saqueadores)
este largo silencio que obedece a las
ruinas
no mira, no cuestiona
duerme sobre el hastío de antiguas
desconfianzas
se deja acariciar como los mármoles.
México, DF. 1984
*
ARIES EN VACACIONES
En estas tres semanas apilé mis papeles
les di música, tiempo, versión libre a
sus faenas.
Me senté en el portal con mi café y los
libros.
Compré unos caramelos para alguien.
Por las noches di vueltas alrededor del
cuerpo (solamente un insomnio en tres
semanas)
me levanté y leí, llené mi cenicero, mis
vasos,
mi casa de palabras.
Nadie fue altisonante, repetido,
ridículo.
Sólo Stevenson dijo algo que no recuerdo
o su mal traductor le hizo decir
lo demás quedó aquí.
Después llegaron voces, intrusos en la
luz.
Por el mismo cristal donde pasó el amor
un día por mi frente, ahora el tiempo.
Tomé mi carretera de sal y te pensé.
Los pescadores no hablan en el amanecer
deciden con su tacto como en el mundo
ancho
profundo de los ciegos
sólo deslumbran con sus cuerpos
plateados.
Los vi desde la arena con las primeras
sombras
del sol sobre los muelles.
Comí frutas rosadas, amarillas.
Vi a la gente besarse, tomarse la
cintura, embriagarse ingenuamente.
Sin ruido, sin bochorno, cumplí años
conmigo.
Los mordí sobre el borde de una mesa
y recordé mi nombre como el único azar
que reconozco. No bebí a esa salud.
Un papalote alzaba su paz sobre el
absurdo.
Caminé unas cinco horas a pie, solo y no
lo
suficientemente solo, por valles
desiertos
y no lo suficientemente desiertos.
La arena estaba sucia. Leí, seguí
leyendo.
Abandoné dos libros aburridos en bares
y en hoteles, sin reproches.
Con otra compañía no hubiera sido fácil.
Tampoco contemplar un arco iris
que obviamente no voy a describir.
Mañana volveré, conversaré con alguien
cosas sin importancia.
De qué valdría hablar de un tren
carguero
blanco, en Matamoros, sin nada en la
emoción
del que pueda creerme.
Hace bien y hace un ancla el estar solo.
F.Kafka (Cartas a Felice)
*
a Saúl Ibargoyen
Un elefante espera la muerte en su
manada.
Camina por la tierra.
A veces lo acorralan.
La piel de un elefante tiene el mismo
espesor
que el metal de una bala calibre 35.
Para dar muerte rápida a la bestia
si el matador apunta
debe hacerlo con rifles de potencia
y mejor precisión.
Algunos animales han sido desplazados
de los ríos, sin consulta
y son muertos por hambre y sed
atacados también cuando dormían
y hay quienes fueron desaparecidos
por las grietas profundas de la tierra
en que vivían.
Para cazar un rinoceronte hacen falta
en tiempos de paz
unos diez hombres bien dispuestos
conocimiento del terreno
infraestructura logística y
como en el caso del resto de la especie
buenos tiradores.
Un rinoceronte puede resistir tanto
plomo
como un toro, si no se le acierta
en las partes vitales.
Un toro es capaz de no morir de espada
sino de cansancio.
Un desterrado espera morir en su manada.
Camina por la tierra.
La piel de un desterrado tiene el mismo
espesor
que la piel de sus perseguidores.
Sólo una diferencia lo separa de
aquellos animales
no se puede acabar con esa especie
engendra al que lo acosa
despierta tanto ruido.
*
Mis muertos no son dioses
cambian con el peso de los años
me levantan de noche a caminar con ellos
me hablan del futuro, entre cenizas
piden un vaso de agua a mitad del camino
alzan la voz las manos la mirada
furiosamente
discuten con la vida
no son dioses.
Mis muertos se llevaron la cordura
apretada en el pecho
y la respiración empedernida
su rostro lentamente de la mesa
una impotencia extraña entre los dedos.
Mis muertos no son dioses
no cargan con mi vida ahora ni nunca
pero viajan en todo mi equipaje
son una certidumbre, no una carga.
Mis muertos no son dioses.
*
a Mauricio Ciechanower
Nueve años después sobre iguales cabezas
la luz cambió de pasos ampliando el
mismo círculo. De su centro partieron
ojos que vieron juegos,
calles, octubres, humo, referencias.
El forastero duerme sitiado por
escombros
sabe que hubo pasado
trabaja, besa, duda del país que lastima
como el filo de un sueño entre los
dientes.
*
Cómo haría aquel hombre sin idioma
ni monedas de cambio/ ni mar/ ni luz de
aldea
ni el oro de los pobres soñado en la
taberna
ni una mancha salada de lluvia en el
sombrero
ni el tabaco mascado en el umbral
ni el aliento del frío/ ni el trébol del
abuelo
enterrado en el fondo del bolsillo.
*
ALICIA ALONSO Y EL BALLET NACIONAL
DE CUBA, EN PUEBLA
Usted salta, señora, y yo pongo la
primera palabra
en este verso.
Pero usted ya saltaba cuando yo era
aprendiz de
un país de maravillas.
Una vez y otra vez y otra vez más
usted salta, señora
pero yo no la veo, ¿o es que usted no
aparece?
Poca virtud en el aire de mis ojos,
señora.
Y aquella mano sola en la platea,
cómplice, levantada. Nada más que esa
mano en estos ojos.
Ahora cuesta mucho recobrar la emoción
variando la costumbre, porque soy de un
país
de maravillas. Se lo dije, señora.
De una generación que sólo usó las
flores
para decir adiós.
Y me voy del teatro con una nube verde
dormida entre los brazos
y usted sigue saltando, sin atender la
lluvia.
Recuerde que llovía.
No quiero oír a nadie comentar la
función
no quiero distraerme de que usted es de
este
mundo, y yo estoy en la tierra, y usted
salta, señora
aunque hoy no baile
usted sigue saltando, salta, salta.
Usted me debe un poema, créamelo.
*
DESHORAS
Haces mal en llegar improvisadamente.
Tus ojos son inquietos, dibujan
geografías
y hace un tiempo difícil, y abunda la
maleza.
Juguemos a las cartas, no hay nada que
apostar.
Los monumentos lloran de vergüenza
se quieren despedir
firmarían sin más trámite su olvido.
Podríamos armar un mundo de papel tamaño
oficio
donde entraran tus peces de colores
y mi resignación, pero no tengo planes.
Mi pecado es sincero
no deberías confiar en un oso polar
lo dije en otro libro
tienen cuentas pendientes todo el tiempo
duermen del lado opuesto al corazón
para que el aire silbe
y sobre el frágil hilo de la noche
pronuncian algún nombre de canción o
país.
Esta casa es pequeña, la gente se
incomoda
las palabras me roban muchas horas
y me extravío en ellas como un borracho
ciego
arrojado en un bosque.
Si vivieras aquí no tendrías teléfono,
sol,
canario flauta.
Los golpes de reloj sobre la pobre
suerte dan pavor.
Tus ojos son inquietos, seamos francos
la realidad ha crecido de peso como un
muerto
si me pasara algo ni testamento dejo
libros, perro, macetas no interesan a
nadie.
Podría cerrar tus planes con un beso de
miedo
y oscurecer también.
Podrían suceder muchas más cosas
qué pasaría después.
Es un tiempo difícil, te lo digo
se iría el presupuesto en aspirinas.
*
No hay nada que contarte que no sea la
lluvia
golpeteando sus dedos en mis doce
cristales.
Abril es un mes largo, querida, no sé
nada.
Desde el infierno escriben estos poemas
dicen que volveré, construiremos la casa
aunque lejos del mar, ellos confían
presionan el cerebro las arterias los
músculos
se obstinan, pero después lo niegan.
Nunca se acaba con ellos el margen de
sorpresas
usos palabras tuyas, los conoces
maldicen, se maldicen,
incomprensiblemente
contra los muchos cargos.
El peso de la historia les hace arder
los ojos
tener apocalípticas visiones.
Pretextan se arrepienten se contradicen
tanto.
Impresiona lo raro de sus cuerpos, como
de tuba.
El brillo de su voz, extraña y grave.
Sus pecados me agobian, indefendibles
son.
Difícil predecir qué pasará con ellos.
En estas condiciones no creas una línea
más que gitanos mienten.
*
LEY DE RESIDENCIA
Ojerosos y turbios como ladrones
frescos, luminosos de perdición, los
ellos
viven, extrañan, piensan en llegar.
El tiempo, a veces, pasa
cuando cierran la luz, como otro día, un
libro
que se reescribe solo por las noches.
*
Y la busqué en derrumbes, por lugares
ociosos
en zonas de calor, en otros rostros.
Los meridianos registraron su paso por
labios
desolados. Los últimos informes
precisaron
su estancia en la costa oriental. Frente
al golfo de Ninja los navegantes hablan
de sus cabellos negros cuando el rumbo
dudoso de los vientos se dirige hacia el
sur. Pocos libros me dan noticias suyas
cuando amanece vuelvo sobre ellos
verifico las rutas y corrijo la brújula
de punto.
Las nubes se contraen hay que seguir las
olas
me dijo Byrnes -un geógrafo noruego-
pero hacía tres días que estaba en la
taberna.
Con mis lentes oscuros presioné a unos
espías de la segunda guerra en una calle
céntrica de Dallas que me vieron
confusos, desconfiaron,
esgrimieron familia estar fuera de forma
la pensión.
Di el alerta en lugares extraños a mis
mapas:
el país de Talía, el macizo del Harz.
A veces me emociono al leer su nombre
en la madera vieja de los muelles
(cuando hay sol el tallado se refleja en
las playas).
Para su aparición organicé los peces más
plateados, aguas marinas, panes,
calabazas.
Por si fuera de noche en mis terrenos:
antorchas suficientes. Le daré una gran
fiesta.
Para mayor sorpresa verá su corazón
que aún flota en este cuerpo.
*
LOS AMANTES DEL PUEBLO
Se dice que llegaron hasta aquí en un
tren nocturno, con las lluvias de agosto
que cubren las sequías.
Su amor dio que fumar que beber que
decir.
Fue la cosa más grande después de la
mujer araña en los años cincuenta.
Eran irreverentes aquellos alaridos
incesantes se oían a la sombra del sol y
las vecinas
como una cosa oscura que espiar,
murmurar
y hubo anuncios de prensa y apagones en
las horas jadeantes. Los jóvenes del
pueblo imaginaban manos acariciando
labios, senos, caderas,
brazos como la furia de los dioses
esbeltos.
Interminables fueron esos días
que hasta la misma furia acabó
maldiciendo
los brazos del ejemplo, las bocas, las
caricias
pero ellos continuaron amándose en sus
potros
atáronse uno al otro los cuerpos y los
sueños
y las hierbas volvieron otra vez doradas
las sequías.
Partieron como nubes llamadas por
montañas.
Pájaros de cristal volteaban para
verlos.
*
Teníamos la tierra, la raíz de las
plantas,
los metales, la piedra.
Yo te amaba.
Teníamos ciudades, gobiernos,
sacrificios,
líderes, predicciones, guerreros,
bandoleros.
Teníamos rebeldes
teníamos las clases, la explotación, la
lucha de
las clases, la barbarie, las leyes.
Pero yo igual te amaba.
Sabíamos rezar, combatir, cosechar.
Sabíamos cazar, torturar y matar.
Sabíamos reír, llorar, besarnos.
Teníamos dioses, semidioses, reyes,
armas, madera. Teníamos pirámides y
chozas y enemigos,
hambrunas, desnudeces.
Pagábamos tributo.
Teníamos idiomas, dialectos, oraciones,
maíz, pueblos vecinos, rutas.
Sabías que te amaba.
Teníamos envidias, celos, muertes
absurdas,
casamientos, suicidios, crueldades,
sacerdotes.
Teníamos canoas, sectas, enfermedades,
pestes.
Teníamos artistas, cementerios, hijos,
mejillas,
putas, ceremonias.
Teníamos calendarios, promesas,
medicinas.
Teníamos hermosos nombres, ternuras,
incendios.
Solíamos tener sueños para volar, plumas
para volar. Sabíamos danzar,
embriagarnos, tallar,
darnos la mano.
Conocimos el paso de los tiempos
y de los vientos.
Teníamos pasado, presente y porvenir.
Adoramos al sol, entre otras cosas,
al escribir lo hicimos del lado del
poniente
le dimos a la piedra nuestras vidas
no teníamos ruinas
sabíamos quiénes éramos.
Después del desembarco de esos hombres
que fueron descubiertos
llegaron otros, y otros, y otros.
Aquí tuvimos barro, fuego, pájaros,
peces.
De esto hace mucho tiempo.
Nada ha podido hacer que no te amara.
*
Entre los jeroglíficos hallados en tu
almohada
enfrentarás la mueca de los días.
La distancia idealiza.
El sueño solamente demora esa costumbre.
Las miradas de entonces no quieren saber
nada.
La mano que aún extrañas acostumbró su
piel
al paso de tu ausencia.
*
Dejemos los anillos en su sitio
la gotera del baño, el esforzado sueño.
Escondamos la escoba, por favor
los trapos de cocina.
La borrachera diurna del vecino la
borro.
Tapo los viejos diarios con nuestro
desarreglo
el tiempo del reloj y de los trenes.
Cerremos las cortinas, las ventanas
permitamos que llegue la penumbra
que nada entorpezca el volumen de los
cuerpos
las líneas de la boca.
Ahora la puerta.
Por último el buen ojo abrazado a tus
vientos
y empezar a volar, aunque sea un
momento:
no estamos para nadie
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Gentileza:: jose cedron [
cedronjota@yahoo.com.mx ]
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