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El amasijo
LA MALDICION DE
LABURAR
(Donde se habla
de fruta fresca y frustración)
Por: John Argerich
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Cuando el chanta
de Adán se morfó la deliciosa, Eva lo miraba sin
pescar un belín del bolonqui en que se metían.
-¡Otro bocadito, macho! -lo alentaba la
serpiente.
Y él meta manducar, hasta que apareció el dueño
del árbol.
-¡Así quería agarrarte, afanándome la fruta,
desgraciado! -dijo Dios nuestro señor, con una
mueca de bronca.
-Barrunte el peso y me cobra, don… -repuso con
dignidad proletaria el primer hombre, sacando la
billetera.
-Tranquilo Venancio, que el horno no está pa'
bollos -le susurró Satanás- El problema no es
solamente llenarte la busarda de garrón. ¿Desde
cuándo vas del frutero en pelotas, decime, che?
Y al escuchar tales palabras, en la pareja
fundadora cundió un extraño sentimiento de
vergüenza, por su desnudez. Colorada como un ají
picante la abuelita, que dicho sea de paso,
estaba bastante bien.
-¡Ay, que muestro las partes íntimas de la
persona! -quejóse como un suspiro, sintiéndose
media orsái.
-¡Entonces se pone un bikini, doña, porque ésto
no es un camping FKK! -agregó la voz del
Espíritu Santo, 003 en familia, que relojeaba la
escena con el entusiasmo de las buenas causas,
tras el tronco de un ombú.
Y ella, que no había podido salir de compras por
lo reciente del Géminis, sólo atinó a taparse
los detalles más críticos de su personalidad con
una hoja de parra. O sea, el primer topless
conocido, como hubiera dicho el libro de Guiness.
Que para proyectos más ambiciosos apenas daba la
vegetación.
-¡Vaya desfachatez! -dijo un ángel patovica- ¡Ni
que el Paraíso fuera sucursal del Follies
Bergere!
Y sin más trámite, puso a nuestros mayores en la
vía pública, esgrimiendo su espada ígnea. Una
herramienta como para meterle pavura al mismo
jefe de bomberos.
-Se te acabó la farra, atorrante… ¡Andá a
laburar, ahora! -dijo desde lo alto de los
cielos el patrón.
Y pasaron los años, que no perdonan a nadie.
Hundiéndose en el recuerdo imperios, pestes,
guerras, campeonatos de fóbal, qué sé yo. Hasta
la mismísima Atenas 2004, donde les dimos el
pesto a los yonis del Dream Team. Demás está
decir que entre tantos fósiles, también quedó
atrás el bueno de Luca Pacioli, creador de la
contabilidad por partida doble. Que el Debe, que
el Haber, que lo que debería haber. Que lo que
deberiola haber. Y para profundizar el dilema,
inventóse la administración nacional. Allí
encontramos un valor que en su día marcó rumbos.
El Pirulo Locatelli propiamente dicho, ordenanza
del Ministerio de Economía e hincha furioso de
River Plate.
-¿Qué decís, pelado? -preguntaba Su Excelencia,
todos los días a las nueve y media de la
madrugada.
-Bien… ¿y usté, dotor?
Mientras tanto, entre los sufridos lectores de
este paladín digital, poco tardó en cundir el
desconcierto.
-El toña que lo escribe quedó de la nuca estas
vacaciones… -comentó un alma impaciente-
¡Explíqueme Vd. si habrá alguna relación entre
los relatos del Géminis y las güevadas que
escribe…!
-Será el sol fuerte, che.
Entonces intervine yo.
-Pluma, pluma, compañero -exclamé con autoridad-
que como dijo Marín, a cada chancho le llega su
San Martín.
Sentado así el precedente, iremos al grano. Y la
verdad del schnitzel (milanesa, en sueco) es que
tras varios años de ministerio, Pirulo se había
hecho un fanático del descanso incentivado.
Porque allí nadie te corre, siendo norma moral
la ley del tero. Paráte en una pata si te viene
la viaraza y acusás aceleración. O dicho en
román paladino: "El que trabaja ligero,
perjudica al compañero". ¿Pescaron lo que estoy
diciendo?
-Pacencia… -decía el Pirulo, cansado de
descansar.
Y no tenía en el bocho otra cosa que nostalgias
del paraíso terrenal, flor de paponia perdida
por culpa de nuestro antepasado más ilustre.
Porque hablando mal y pronto, eso era un
despelote. Nadie pagaba impuestos, y los vicios
salían gratis, morfándose tupido sin forzar la
osamenta. Le daba vueltas al asunto, pero la
frustración lo embargaba al no encontrar salida
a su dilema. Un planteo nada fácil. ¿Se puede
revertir la historia? ¿Sería posible inventar un
acto de desagravio como para que el dueño del
circo aceptara negociar la vuelta al pasado?
Concedamos que con la cruz, 002 nos haya
rescatado el alma para la vida eterna. Pero ese
planteo teológico por más que tenga gancho en el
clero, no satisface a nadie con ganas de
divertirse aqui y ahora.
-Lo importante es lograr en vida el estatus de
bacán -decía Locatelli- No un lugar destacado en
la fiambrería de Chacarita.
Y con tan negros pensamientos, el hombre se
frustraba desde tempranito a la mattina. Más que
nada por el dolor de la incomprensión, porque
Gladys sólo quería verlo laburar, para que
trajera guita al bulín. Que compráme una plancha
nueva. Que largá unos mangos para ir a la
peluquería. Que casi más no tengo una sola
pilcha que me quede bien.
-¡Me cache, con mesejante contubernio!-decía él,
asociando cualquier sospecha, como hacen los
políticos cuando hablan por la TV.
Monólogo que terminaba con una frase sutil, muy
de moda actualmente, en los discursos de la
derecha nacional:
-¿Entendés o no?
Y después de un silencio tenso, el Pirulo
ratificaba sus convicciones, puño en alto.
-¡Ni amordazado de pies y manos me van a hacer
callar, carajo!
-¿Callar lo qué? -le preguntaban los muchachos
del café.
-Las palabras del poeta -respondía ese valor,
sacando pecho- "Cualquiera tiempo pasado fue
mejor" ¿Entendés o no?
-Si, claro…
Y como en la vida todo llega, una mattina abrió
los ojos, y ahicito nomás estaba el ofidio.
Sentado en el borde de la cama, y mirándolo con
una manzana en cada mano, valga la licencia
literaria.
-¡Morfá, pebete…! -le decía con voz melosa.
Entonces él comprendió que, de tanto desear que
se revirtiera la historia, había ocurrido el
milagro. Pero a mal puerto iba por agua el garca
bíblico. Locatelli era un hombre íntegro, como
había demostrado tras tantos años de laburar con
chorros sin ensuciarse… ¡Y mirá si por medio
kilo de fruta iba a condenarse al laburo eterno!
Lo miró con sorna al bicho, y dijo de costado:
-¿Coimas a mí? ¡Rajá, cartón!
Después sacó fuerzas del julepe, y le puso una
patada al bulto, como para cobrar penal. "A Dios
rogando y con el mazo dando", hubiera dicho
Sancho Panza. Pero no todos comprenden las
sutilezas.
-¡Andá a patear a tu madre, pelandrún!-dijo la
Gladys despertando violentamente de un sueño
romántico y perfumado, en que corneaba al marido
con un artista de cine, como esos que salían en
Radiolandia.
Y el Pirulo Locatelli se quedó piola en el
molde. Tan poco había durado su ilusión de
volver al ayer para reconstruir la historia y
seguir después derecho viejo, sin otro berretín
que descansar.
Suerte podrida, ¿no?
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
john.argerich@telia.com
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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