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Caracol
vampiro
Cuando se hace la noche en el mar todo
cambia y las reglas, que regían durante el
día, se transforman para permitir el
descanso de los animales que dedicaron
todo la jornada al arduo trabajo de
conseguir alimento.
Los peces, en el largo camino de la
evolución, desarrollaron técnicas que los |
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mantuvieran
alejados de los depredadores durante el
momento del letargo. Estas técnicas de
defensa van sufriendo mutaciones
adaptándose a las necesidades y a los
cambios en busca de la invulnerabilidad.
Las técnicas de los depredadores también.
Así, a una defensa original le seguirá un
ataque no menos ingenioso, creando una
contienda evolutiva que se ha librado por
millones de años..
Una de las técnicas defensivas más
impresionantes a la hora del dormir es la
del pez loro. Este comedor de coral
segrega una baba mucosa que, partiendo de
la boca, cubre todo el cuerpo del animal
(ver Secreto nro. 57). Este estuche de
baba camufla el olor del pez. Además, por
ser muy sensitiva, si un depredador apenas
la rozara, el pez loro se despertaría
sobresaltado y se daría a la fuga. Un
elemento de defensa, sin duda,
sorprendente.
Pero esto no detiene al caracol vampiro
(Colubraria obscura) que tiene una boca
protráctil que actúa como una delgada
aguja. De esta forma el caracol puede
acercase al "estuche de baba" del pez loro
sin tocarlo, pasar la fina aguja entre la
intrincada red de baba sin tocarla y
clavarla en los labios del pez, su tejido
más blando, para extraer lentamente su
sangre y alimentarse con ella. Una técnica
increíble, sobre todo si se tiene en
cuenta que el ataque se desarrolla en la
oscuridad absoluta. Este ataque no afecta
en mucho al pez loro, salvo por una
posible infección, lo que en cierta medida
es una forma de cuidar la fuente del
alimento.
En cada rincón del inmenso mar la vida se
abre paso siempre en forma sorprendente.
Un pequeño animal puede ser el victimario
de otro que lo supere ampliamente en
tamaño y fuerza. No hay leyes ni jueces y
sólo una regla a seguir: permanecer con
vida hasta el próximo amanecer, cuando la
vida vuelva a desplegarse estrepitosamente
sobre el arrecife.
Tito
Rodriguez
Director
Instituto Argentino de Buceo
Photo: Mark Strickman |