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El amasijo
CUENTOS DE
ARGENTINOS
(Donde se habla
del derecho de réplica) Por: John Argerich
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Poco después de
que nuestra entrega anterior ganara el espacio
cibernético, empezaron a llegar e-mails. ¡Bruta
ruptura de la siesta, con que se anunciaba el
1o. de Mayo! Es que nuestros "Cuentos de
gallegos" despertaron pasiones conflictivas. Los
mensajes de Buenos Aires eran en general
benévolos, salvo furiosas diatribas del Centro
de Almaceneros. Pero los de la Madre Patria,
¿para qué les voy a contar? Escribió todo el
mundo, presa de santa indignación.
Nos increparon, vapulearon, y crucificaron
cabeza abajo. En vista de lo cual hubo que
transar, para evitar ser calificados de
racistas. Y el precio de una paz con honor fue
durísimo: los aludidos querían ejercitar su
derecho de réplica. O sea, que publicáramos en
esta misma página los malévolos cuentitos de
argentinos con circulación en la península. Un
glosario de diatribas, tomadas al azar. El
renuncio no me gustó ni cinco, si he de cantar
la justa, pero cuando la mano viene tan bruta,
acaba en que sí o sí.
"Baciencia, baisano", dije para mis adentros,
"porque los pesos más grandes caen sobre las
espaldas más anchas". Y cargué mi cruz con el
dedo medio en alto. Pensando en la recontra como
decía Tomás. Reíte de Janeiro… ¿pero a quién le
ganás?
Cuentito No.1
Un argentino de apellido Cordero, radicado en La
Coruña, siempre andaba con problemas por su
insoportable complejito de superioridad. Y
ciento día sospechó que le vendría bien darse
una vuelta por lo del psicólogo. Primero pensó
ver a un connacional, de los muchos que ejercen
ese oficio, porque siempre hacen descuento. Pero
a lo mejor el cumpa andaba con idéntico
problema, así que finalmente decidió no correr
riesgos, y visitar a un graduado de la
Universidad de Vigo. Un petizo con el pelo
cortado al rape que le decían don Pepe.
-Soy el profesor Mouriño Torres, -dijo éste, con
mirada perdida.
-Atilio Cordero, servidor.
-¿Y qué le anda pasando, rapaz? Pero hable
rápido, porque solamente le quedan 45 minutos.
La cosa había empezado bien, y el paciente fue
tomando confianza. Concurría esperanzado a las
sesiones, pagando sin pedir crédito, y no faltó
nunca. Así pasaron los meses, y un buen día se
encontró por la calle con un paisano, conocedor
de su problema.
-¿Cómo te fue con el terapeuta, che?
-¡Estoy curado, man! El tratamiento salió unos
mangos, pero me curó la arrogancia. ¡Ahora vas a
encontrar pocos tipos tan agradables, simpáticos
y modestos como yo!
Cuentito No. 2
Cacho Pittaluga era un marplatense medio rubión,
que vivía en Málaga. Y optimista nato, se
compraba todos los viernes su billetito del
prode.
-¡Tirás la guita, pebete! -rezongaba su mamá.
Pero el destino tiene sus sorpresas, y una
vuelta la pegó ganando un millón de euros. Ahora
resultaba imperioso adquirir signos de estatus
que impresionaran a las relaciones. ¿Cómo? Nada
mejor que comprarse un blanco yate, como en las
películas. Pero mal dominara el hombre las artes
de navegar. Así que en su primera salida, se
perdió en pleno mar Mediterráneo. Desesperado,
lanza una bengala, y poco después aparece una
lancha de la Guardia Civil.
-¿Podemos ayudarlo en algo, señor?
-Vea oficial -dice el sudaca- intentaba regresar
a puerto, pero no lo encuentro. ¿Me puede decir
dónde está la costa?
-Veinte grados al este, amuras a estribor,
declinación sotavento.
La respuesta de Pittaluga fue fulminante.
-Pero che… ¿Por qué no te dejás de joder, y me
lo señalás con el dedo?
Cuentito No.3
Un asturiano, conocedor del mundo, dice a otro:
-¿Sabes cuál es la diferencia entre el cielo y
el infierno?
-Dímelo tú… ¡vive Dios!
-En el cielo los policías son ingleses, los
cocineros franceses, los mecánicos alemanes, los
amantes argentinos, y la adminsitración es
sueca.
-¿Y en el infierno?
-Allí los policías son alemanes, los cocineros
ingleses, los mecánicos franceses, los amantes
suecos y la adminsitración es argentina.
Cuentito No. 4
Un diálogo que escuchamos en la Gran Vía, entre
dos madrileños de sombrero y portafolios:
-¿Cómo se suicidan los japoneses, Paco?
-Haciéndose el hara-kiri.
-¡Qué sangriento! ¿Y los argentinos?
-Ellos tenen un sistema más prolijo.
-¡Cuenta, chaval!
-Se trepan a su ego, y saltan.
Cuentito No. 5
Cierta dama elegante de Barcelona entra la
pajarería, y quiere comprar un loro.
-¡Tengo tres, para ofrecerle! -dice el vendedor,
muy elocuente- Este es francés, y canta como
Maurice Chevalier. Cuesta mil euros.
-¿Y ese otro?
-Ese es español, toca las castañuelas, y sabe
muchos cuentos picantes. Así que lo vendo en dos
mil euros.
-¿Y aquel otro, medio flaco y desplumado?
-Ese es argentino, y si le gusta, son cincuenta
mil euros, señora.
-¡Sabrá hacer una barbaridad de cosas, con
semejante precio!
-¡Qué esperanza! Es un tronco, pero los demás le
dicen "jefe".
Cuentito No. 6
Cierto día veraniego, la policía municipal de
Fuengirola detiene un coche último modelo en el
Paseo Marítimo, por pasar dos luces rojas.
-¿Vd. es argentino, verdad? -dice el
motociclista.
Beto Gargiulo, que iba al volante, le echa una
mirada furiosa.
-¿Acaso nosotros somos los únicos que cometemos
infracciones, che?
El agente lo mira, mientras escribe la boleta.
-Pues no… -responde al fin- ¡Pero nadie más que
Vds.lo hace riéndose a carcajadas!
Cuentito No. 7
Un profesor de Sociología le dice a su colega
argentino, mientras toman asiento en el aula
magna de Salamanca.
-¿Sabes lo que informan las encuentas?
El otro, tomado por sorpresa, vacila antes de
contestar, sacándose los anteojos.
-No lo tengo presente…
-Que el 90% de los porteños se masturba en la
ducha.
-Hombre… ¿Y el otro diez por ciento?
-Esos cantan.
-¿Qué cantan?
-Tú no estás en el grupo, ¿verdad?
Cuentito No. 8
Según se comenta, para los argentinos cualquier
cosa que no sea argentina, es mala. Pues nada
puede competir con la excelencia de lo propio.
La mejor industria, las mejores vacas, las
pirusas más churras, qué se yo. Y como muesta,
valga este ejemplo. Una vuelta el Julito
Spadavecchia adquirió un microscopio brasileño
marca Bandeira dos Campos Verdes, que andaba
perfecto.
-¡Se ve que están en el Mercosur…! -decía.
Y tras este aporte a la cultura patria, me voy
al mazo. Tranquis, ¿eh?
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
john.argerich@telia.com
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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