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El amasijo
JUGANDO CON SIETE
ERRORES
(Donde se habla de ni una ni dau)
Por: John Argerich
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La vida es
generosa en diferencias, cuya constatación
conoce muchos grados de calentura. Porque hay
distintos tipos de observadores. Unos son
benevolentes, como el francés que resumió sus
impresiones de París en primavera con una frase
inmortal: "¡Vive la diference!". Pero también
hay otras yerbas. En un extremo está el fraile
Torquemada, implacable censor que fósforo en
mano, no dejaba pasar renuncio. "¡A la hoguera!"
fue su frase favorita, y Vd. puede imaginarse
las pulgas que calzaba. En la otra punta se
encuentra el testigo indiferente que inventó la
filosofía capitalista diciendo "¡Lessez
passer!", cuando los garcas de Wall Street
reventaban al sufrido laburante. Y entre ambos
extremos, hay una amplia gama de árbitros
aficionados, de juicio impredecible. Unos se
inclinan al detallismo, otros ni fú ni fá. Como
un juego pendular entre "¡Pará la mano, Negro!"
y "¿A mí, qué carajo me importa, che?" Tesis y
antítesis cuya síntesis dialéctica fue el juego
de los siete errores, que de pibe monopolizaba
mis mejores empeños. Y todas las tardes, no bien
aparecía "La Razón" por abajo de la puerta, mi
hermano y yo nos abalanzábamos sobre el
periódico, birome en bandolera. Entonces daba
comienzo la justa cotidiana. Abríamos el diario
en la última página, y era preciso encontrar los
yerros antes que la voz cantante de nuestra
hermanita menor recitara diez veces unos versos
infames inventados por nosotros en momentos de
enfermiza inspiración.
Ni una ni dau,
ni trau ni clau.
-decía el engendro-
Cinceta purreta,
castela chiváu.
¡Vaya a saber qué ideas peregrinas evocaría en
nuestras mentes infantiles ese fárrago de
palabras huecas ordenadas con cadencia rítmica!
Pero la tensión iba in crescendo al terminar
cada estrofa. Por fin, resultaba ganador el más
rápido, quien adquiría sobre su contrincante un
derecho de vasallaje atroz. Humillarlo durante
veinticuatro horas seguidas, llamándolo
"chauchón". Afrenta que éste debía bancarse
piola, hasta llegar el próximo número del
diario. Cortando clavos por que la suerte perra
cambiara de titular. Pero cuando invitábamos a
los amigos, no todo era paz.
-¡Ti faccio la vendetta! -decía el Pirulo
Bongiovanni cuando le iba mal.
Después, era mejor no cruzarse con él por la
calle. Vivo aporte de la tolerancia meridional a
nuestra cultura ciudadana. Mas como ocurre
siempre, de tanto darle a la pensadora, nos
fuimos otra vez al lado de los tomates. Yo
quería comentarles otra cosa, la trascendencia
del error ajeno. Porque hemos recibido quejas
sobre los últimos "Amasijos".
-¿A quién, le ganás, che fanfa? -dijo un lector,
cuando yo comenté que Buenos Aires se parecía a
Nueva York.
-¡Aprendé a dibujar, marmota! -dijo otro,
acusando que todos mis personajes tienen la
misma cara.
Y como todos patean al caído, las críticas
arreciaron.
-¡Escribí cosas más finas, boludo!
-¡Buscáte un dibujante en serio, che!
-¡Pínchese un ojo, don!
A pesar de ello, existe una verdad de a kilo:
Todo tiene cara y ceca. "A mal tiempo buena
facha", dice el refrán, así que yo decidí sacar
tajada del despiole. O sea encontrar algun
temita para el artículo de hoy, que me deje como
un bocho respetuoso del pensamiento ajeno,
aunque dicha especie patine rumbo al espacio, no
bien toca mi azotea. "Seamos prácticos", pensé,
porque llevando la crítica a terreno conocido,
se gambetea de local. Y en aras de tan sensible
empeño, me pasaron muchas ideas por el coco. La
más grossa fue que no se puede ir contra la
corriente. Así comencé a garabatear amasijos de
terror, para que se ensañaran con ellos,
haciéndolos sonar como arpas viejas. El bueno y
el malo, el lindo y el feo, prueba evidente de
que uno no es tan fanático como parece. De
mesejante entrevero nació la versión digital del
juego de los siete errores, que presentamos hoy.
Pero hay un detalle. Uno ya anda casi reblán,
para conformarse con llamar "chauchón" a quien
pierda la justa. Por eso opté por inventar un
sistema que, premiando el mérito crítico,
reduzca las puteadas contra un servidor. He aquí
dos dibujos, consistiendo el desafío en
encontrar sus diferencias. Tal esfuerzo será
retribuído con ocho grandes premios ocho, cuyo
detalle reseñamos a continuación:
Siete errores: Un formulario gratuito, para
suscribirse a esta página por un año, a tarifa
normal.
Seis errores: Tres hurras, dadas de pié por todo
el personal de nuestra redacción.
Cinco errores: Dos hurras nomás, y sin el dire.
Cuatro errores: Un recuerdo en las plegarias
vespertinas del autor.
Tres errores: Tarjeta de presentación para la
óptica "El buen vistazo".
Dos errores: Asociación vitalicia al Centro
Escandinavo de Chicatos.
Un error: Orden de entrega por dos paquetes de
"Aviváte" fuerte, en la farmacia vecina a su
domicilio.
Ningún error: Diploma de globero.
Y recuerden que la duración de esta prueba, se
mide repitiendo diez veces los versitos célebres
que transcribí al comienzo. Sistema que si hasta
ahora anduvo al pelo, no cambiaremos por
berretín de figurar.
Ni una ni dau,
ni trau, ni clau.
Cinceta purreta,
castela chiváu.
Las participaciones deben ser enviadas a este
medio informativo, marcando con buena letra en
el sobre "Premio Amasijo al ojo agudo". ¡Buena
suerte!
THE END


Copyright: John Argerich,
2003
john.argerich@telia.com
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de
siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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