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Carta a Luis
Buero
 
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Carta a Luis Buero
con motivo de haber leido un artìculo suyo en Infobae (
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=163003&IdxSeccion=100 ).
Desde ya muchas gracias.
Ana.
Hola, Luis...
Leí un artículo tuyo al que hace mención Infobae hace ya algunos días. Me lo
mandó un amigo a raíz de una conversación sobre hombres y mujeres que tuvimos
vía icq...Y contrariamente a lo que a lo mejor suponés, no te escribo para
quejarme por la abultada clasificación de mujeres disconformes que hacés
(disculpame, te puedo tutear, verdad?) sino para decirte que coincido
ampliamente con vos y que seguramente después de leerlo otra vez me encuentre
yo misma en alguno de los ítems que enumerás. Sé que esto puede merecerme
todas las diatribas que las huestes feministas hayan preparado para alguna
eventual desertora de la idea de "las mujeres al poder" o algo por el estilo,
pero me hago cargo...
Efectivamente, muchas mujeres no sabemos lo que queremos respecto de los
hombres. Algunas, con mucha suerte y viento a favor, sabemos lo que NO
queremos y esto no es para nada poco. Pero debo decirte que tanto para unas
como para otras, y al margen del grado de confusión que nos embargue, es
notorio que también la conducta masculina está ataviada con cierto dejo de
ambigüedad y muy frecuentemente nosotras somos las atribuladas al preguntarnos
también qué les pasa a los hombres.
Fijate un poco:
Solteros desde 25 para arriba dilapidan hormonas de mujer en mujer sin retener
no digo un número de teléfono, ni siquiera un nombre de tres letras. Jóvenes
de entre 18 y 25 años desisten de seducir a muchachas de su edad para correr
detrás de cuarentonas casadas, separadas, viudas o lo que viniere. Solteros de
40, sospechosamente solteros, siguen conviviendo con los padres, cuando no con
la madre viuda, sin hamago de querer ver qué pasa debajo de otra falda.
Casados, con una muchacha preciosa, inteligente, buena madre y buena amante,
se escurren en los brazos de cuasi-adolescentes porque sienten que les falta
la sal de la aventura que el matrimonio nos les deja avisorar porque todo es
demasiado seguro. Cincuentones empeñados en correrías con niñas que podrían
ser sus hijas o a veces sus nietas. Adictos a la soledad, a los domingos de
fútbol, al agujero entre dos piernas, a “la última palabra la tengo yo”, al
poder que da el manejo del dinero, al miedo a decir “te quiero” porque es una
zoncera romántica (esto no está en el manual de Zonceras Argentinas de
Jauretche??)…Y yo también puedo seguir hasta hacer una enciclopedia de los
especímenes masculinos con quienes las mujeres debemos lidiar a diario y que
nos escrutan desde los ojos del verdulero de la esquina hasta los del
profesional del arte de curar al que asistimos periódicamente. Porque la
salvajada o las tropelías a las que nos somete la estirpe hombruna no tiene
nada que ver con el grado de instrucción: una puede encontrar un caballero
disfrazado de recolector de basura y una bestia desconsiderada con título de
post-grado. Pero, mi estimado Luis, no todo está perdido. A lo mejor
inocentemente creo que es posible encontrar el alma gemela, dotada de la
suficiente dosis de humildad como para no creerse dueño de la “verdad” y con
el coraje necesario como para dejar que el corazón navegue y la razón
construya. Y por qué digo el "coraje necesario"? Porque muchas veces lo que no
nos deja poder establecernos en una relación con un “otro” es el miedo. Miedo
de sufrir, de que nos vean cómo somos cuando no estamos con maquillaje ni
manejando el coche, miedo de nuestras debilidades, de lo que actuamos y no
podemos sostener, de la calvicie y la celulitis. Y creo que no hay nada peor
que el miedo. Porque desconcierta, porque paraliza y porque nos hace escapar
del deseo de aventurarnos en el conocimiento de ese hombre o de esa mujer de
quienes nos vemos tan diferentes pero con quien en el fondo compartimos tanta
esperanza, tanta necesidad de que nos quieran, tanta miseria, en fin...tanta
humanidad. Y en este sentido tanto hombres como mujeres debemos hacer un mea-culpa.
Los unos con los otros y no los unos contra los otros.
Saludos.
Ana.
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Gentileza::
anafoye@ciudad.com.ar
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