|
Los trovadores de antes
aconsejaban esmerarse en el
trato fino, así la hostilidad no
hacía estragos. Porque entre
nosotros la misma está siempre
en acecho, y es como una bola de
nieve. Empieza chiquitita, una
monada de linda, y al final te
aplasta. Pero con un poco de
cancha es posible ampliar los
márgenes de seguridad. Objetivo
que sólo exige quedarse tranqui
en el molde, sin victimizarnos
con mucho esfuerzo intelectual.
"Las familias sean unidas,
que ésa es la ley primera."
-decía un gaucho sabio-
"Pues cuando adentro hay pelea,
se las comen los de ajuera..."
Palabra santa. Vea, si no, la
tragedia que hubo en casa del
Fito Bancalari, por vivir todos
con la mostaza en el marote,
meta camorrear.
-¡Me duele la panza, che...!
-dijo ese valor, con cara de
circunstancias.
-¿Otra vez quejándote?
-¡Ma sí, nena! Son los ravioles
que hizo tu vieja, ayer.
-Con mi mamá no te metás,
atorrante, que gracias a ella
morfaste gratis durante cinco
pirulos, cuando decías que
estabas sin laburo, para vivir
de arriba.
-¿Morfar, decís? Esos fueron
niveles de supervivencia
intestinal, apenas. Lastre de
miseria, comida de chanchos,
¿capisci?
Ella lo miró de arriba a abajo
en el más profundo silencio.
Entrecerando los ojos, como
pronóstico de tormenta a corto
plazo.
-¡Andá a otro caño con tus
pensamientos profundos, Fito!
-dijo, dibujándose en su rostro
una mueca de insuperable
desprecio- ¡Andá a otro caño,
andá!
Y sin más argumentos, la señora
le arrojó con furia un huevo de
bataraza que estaba por freir.
Porque cuando se agarraba la
bronca, echaba mano a cualquier
cosa. Y el huevo, trazando una
impecable trayectoria balística,
hizo impacto contra la frente
altanera del ofensor. Quien,
presa de una onda expansiva
amarilla y chirle, retrocedió
confuso. Trastabillando,
diríase, pero ya volaba otro
envío, para ratificar su mala
suerte. Había entrenado
caminantes, y las suelas casi
vírgenes patinaron en aquel
enchastre. Durante partículas de
segundo, vio todo turbio.
Sobrevino luego un remolino, y
al estrellarse de marote contra
el suelo, hundióse en la más
impenetrable oscuridad. Con los
ojos inmóviles, como si lo
hubiera chupado un agujero
negro.
-¡Ay, se me murió el Fitito!
-lloraba, desconsolada doña
Carolina, en medio de una crisis
nerviosa- ¡Mi único amor...!
Por suerte, la oyó la vecina del
4º. "B", que vino corriendo en
batón, con las chuzas en la
cara, para ver lo que ocurría.
Parte por solidaridad, es bien
cierto, pero también como
antídoto contra el aburrimiento.
Pues era esposa de un pescador,
que cuando salía a navegar podía
pasarse semanas enteras dedicado
al oficio, o por lo menos así
informaba en casa. Más sola que
hongo de azotea, la pobrecita.
-¡Tranquila, señora! -dijo,
atraída por los gritos -Enfrente
vive un correntino, con fama de
manosanta. ¿Lo llamamos?
-Toda ayuda es buena, en los
momentos de prueba...
Al instante hacía entrada aquél.
Un gordito de ojos saltones,
llamado Plácido Arata
Zimbelkrewiectz. Auténtico
exponente del desprejuicio
genético que caracteriza a la
mesopotamia argentina.
-¡Güenas, chamiga! -susurró-
¿Ande tenés guardáu el fiambre?
-¡No sea fúlmine, por Dios!
-dijo la vecina, con ademán de
espanto, mientras se persignaba
tres veces.
-¡Un decir, nomás! -repuso el
hombre- Pero no se asuste, que
cuando uno piensa mal, las
sorpresas salen bien.
-¡Cuánta sabiduría, la de este
elegido! -pensó doña Carolina,
ávida siempre por detectar
señales del más allá- ¿Y cómo
hacemos para recuperarlo al
pobrecito, ahora?
-Muy fácil. Lavado e'trompa con
té de boldo, y un sapo verde
cortáu al medio sobre el gañote,
chei.
-Difícil conseguir esos
ingredientes en Suecia, ¿no?
-También camina una invocación a
la Difunta Correa, que es figura
internacional. Pero como todos
los santos cuando se ponen de
moda, ésta se ha vuelto medio
exigente. El trámite sale mil
coronas, que yo dejo al sereno
dentro de un poncho, hasta el
día siguiente. Si desaparecen,
la difuntita cobró, y el
paciente está curáu.
-¡Es mucha plata...! ¿Acepta
cheques voladores, también?
El hombre hizo un gesto de
disgusto.
-La ley de Dios los prohíbe
-dijo- porque hacen caer en la
tentación que los expertos
llaman "fondos insuficientes
acreditados en cuenta", señora.
-¿Pagarés, entonces?
Don Plácido puso los ojos en
blanco, sin contestar, aunque su
negativa era obvia. ¡Vaya
problema! Pero justito entonces,
llegó un par de descreídos, y
rompiendo el misticismo de las
negociaciones, llamaron al
hospital.
-Oiga, acá tengo un fulano en
cortocircuito. ¿Me manda una
ambulancia, che?
-¿Hay mosca para honorarios,
impuesto al valor agregado, y
tarifa kilométrica?
-Si no es mucho...
-Cuatrocientas rupias, por parte
baja. Pero como estamos
trabajando a reglamento, hay que
adornar al chófer, así va
rápido.
Doña Carolina estaba escuchando,
y su piedad hizo crisis.
-Sale más barato que el
correntino... -pensó, en voz
alta.
Llegados a este punto,
recordaremos un dicho popular:
"En todas partes se cuecen
habas". Y por miedo al offside,
Arata recurrió a un ardid tan
antiguo como el comercio.
-Esta semana también tengo
santos con oferta a mitad de
precio... -dijo.
Pero ya era tarde, porque las
fuerzas del mercado son más
rápidas que la liturgia. Poco
después, Fito Bancalari viajaba
rumbo al nosocomio. Una
estructura imponente, con varias
entradas de vehículos.
-Ha sido un desmayo largo. ¿Qué
le pasó al coso éste?
-preguntaron los tripulantes del
bólido, al partir.
-Tuvo un shock, por impacto
facial con rotura de huevos.
Y la ambulancia se perdió en la
noche, como una exhalación.
"¡Pobre diablo!", pensaba el
chófer.
-¿A dónde vamos?
-Huevos rotos, nos dijo la
señora -contestó el acompañante-
Sexología es portón 26.
Cuando la ambulancia se detuvo,
dos ursos de guardapolvos
blancos sacaron en vilo al
paciente. Y sin perder preciosos
segundos, fue puesto bajo los
reflectores de un quirófano
ultramoderno. El equipo médico
esperaba ansioso, mientras las
secretarias apretaban botones de
consolas electrónicas con
eficiencia sueca.
-Cuatro, tres, dos, uno...
¡empiecen!
-¡Qué organización! -dijo un
cirujano medio morochón que
hacía prácticas para regresar a
su país con gloria de
especialista.
-¡Basta de charla! -repuso una
colega- Actualicemos pronto los
registros, para ahorrarle gastos
a la Municipalidad.
-Hace cinco años había tantos
controles, que esta tarea tomaba
varios días.
-Las cosas han cambiado,
¿corrigieron el nombre, ya?
-De eso se ocupan las
computadoras.
A los pocos segundos, la noticia
era instrumento público,
debidamente registrado en el
Registro de Población, la
Dirección Impositiva, y el Banco
del Kattegatt. Tejemanejes del
destino, por los cuales un
malevo de Villa Urquiza mutó
personalidad. ¡Pero viera Vd.
qué linda estaba, luego de
crecerle el pelo y hacerse la
croquiñol!
-¿Va sola, churro? -le decían
los muchachos al verla pasar.
He aquí otro percance originado
por la presión presupuestaria.
Trabajar de atropellada, como
quien dice. Porque al Fito
Bancalari nadie le preguntó si
estaba de acuerdo. Lo intuyeron,
nomás, porque tenía puesta una
camisa rosada. Y como rara vez
hay dos sin tres, el incidente
se discutió muchísimo. Era mejor
prevenir que curar, así que
alguien puso un cartel en la
puerta del hospital junto al
juramento hipocrático:
"Después del alta, no se admiten
reclamos."
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en treinta medios, de
nueve países, existiendo una versión en idioma inglés.
* ** * *
Curriculum
vitae clic aquí
paginadigital |