|
|
Un Carnaval muy largo,
por Berna D. Calvit.
- 27/2/04 (Panamá)
 
|
|
Un Carnaval muy largo
Berna D. Calvit
La cara bonita del Carnaval, la de hermosas empolleradas y bellas reinas luciendo lujosas vestimentas sobre vistosos carruajes, no ha desaparecido
Porque las palabras siempre han ejercido gran fascinación sobre mí, explorar el diccionario me resulta tan atractivo y divertido como a otros les resulta visitar el casino, ir de compras o al cine. A veces, como en una especie de safari, salgo a cazar palabras en el diccionario; lo abro al azar y leo palabras solo por el placer de leerlas y saber qué significan; no creo que voy a tener la oportunidad de usar zalacho, barrumbada, culombio o aforrecho, pero verlas allí, frente a mí, es como descubrir especies nuevas en el mundo de las letras y no es raro que el significado de una palabra me lleve a desear conocerla más a fondo; así supe que Carnaval, fiesta que precede al comienzo de la Cuaresma y se celebra en tales días con mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos, nace de carnem levare (en latín, quitar la carne). En esto de la parranda y el vacilón, parece ser que las ganas de relajo se ha podido documentar hasta la Babilonia de hace 4 mil años; ya en aquella época se hacía durante el Carnaval lo que ahora se hace durante todo el año: mofarse de las leyes, ridiculizar a la justicia, y conceder tratos especiales a los delincuentes. ¡Ahora es lo mismo pero peor! En 1525 Carlos V prohibió la celebración del Carnaval, pero llevó las de perder; las ganas de "soltarse el moño" durante cuatro días había prendido y así quedó hasta nuestros días, con la bendición de Baco y Eros, dioses consentidos en estas fiestas.
Tal vez por la cercanía del Carnaval también busqué en el diccionario la palabra pindín, que no recoge el diccionario; un pindín, bailado con la pareja adecuada es una sabrosa manera de mover el esqueleto, de agitar bien un romance, o de perdonar públicamente un delito. Pero exista o no en el diccionario, lo cierto es que el pindín es palabra que suena a alegría, quiebres de cintura y meneo de caderas. Aunque la celebración del Carnaval y el baile son muy compatibles, que Moscoso bailara, en la inauguración de una obra costeada con los fondos del gobierno, con el legislador Afú, el de los afudólares del soborno, desbordó el vaso del descaro; y fue agregarle ají chombo al asunto que además lo elogiara y le agradeciera su amistad y su "ayuda". Bien ganado se tiene el chaparrón de críticas que le han llovido a Moscoso. Al aprovecharse a fondo de la carta blanca que le dio el Tribunal Electoral -"sin fecha en el calendario" (ni horario) como dice la canción Caballo viejo- Moscoso casi ha dejado de ser la presidenta del país para, sin recato alguno, convertirse en jefa de campaña de su candidato e impulsora de los candidatos oficialistas (sin importar la calidad moral que tengan) que podrían asegurarle mucha tranquilidad después de dejar la presidencia. Pero en fin, en vísperas del Carnaval, y con lo mucho que le gusta la fiesta a la presidenta, cualquiera ocasión le viene bien para sacudir el esqueleto y un esqueleto presidencial, no se puede negar, no es cualquier esqueleto.
Durante cuatro días estarán dedicados al jolgorio del Carnaval los que todavía pueden resistir los excesos sin que se les resientan las articulaciones o el hígado. Los que ya "llenaron la cuota" de Carnaval en sus años mozos se dedicarán al descanso y a recordar, entre suspiros, lo buenos que fueron los carnavales de cuando no existían las discotecas móviles y en los toldos y clubes cantaban "en vivo y a todo color" los mejores del momento; cuando las comparsas eran vistosas y bien organizadas; cuando al caer la noche se iba a casa a cambiarse de ropa para salir, "con el ropero encima", a bailar con las mejores orquestas nacionales y extranjeras y por qué negarlo, con Baco y Eros haciendo de las suyas. Esos carnavales fueron dando paso al Carnaval que, huérfano de apoyo gubernamental, hoy parece ser propiedad y creación de la televisoras. En las tarimas ofrecerán, como en años anteriores, el espectáculo de premios y exposición para las chicas que mejor muevan el trasero y menos ropa lleven; salvo uno que otro cantante reconocido, es de esperarse que los rellenos serán de escasa calidad y mucha ordinariez. Como en años anteriores las cámaras se empeñarán en destacar lo que llaman "la realidad" de nuestra sociedad: jóvenes embriagados tirados en el suelo y vomitando por el exceso de alcohol; rapeadores cantando obscenidades en medio del griterío de la muchachada que les hace coro; parejas confesando intimidades, etc. Afortunadamente la cara bonita del Carnaval, la de hermosas empolleradas y bellas reinas luciendo lujosas vestimentas sobre vistosos carruajes no ha desaparecido a pesar de la andanada de chabacanería y mal gusto que prima en estas fiestas.
Con el entierro de la sardina el Miércoles de Ceniza simbólicamente se enterrarán los pecados cometidos durante el desenfreno del Carnaval, catarsis pasajera que servirá para aguantar lo que viene después: seis meses de un gobierno agónico que en sus estertores ha perdido completamente la visión y la razón. Un gobierno que ha sido un largo Carnaval de casi cinco años.
La autora es comunicadora social
bdcalvit@sinfo.net
NUESTRA AMÉRICA
nuestramerica-subscribe@yahoogroups.com
http://mx.groups.yahoo.com/group/nuestramerica/
Gentileza::
Guillermo C. Cohen-Degovia cohen_degovia@hotmail.com
igital
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|