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Luis
Buero
 
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¿Año 2005? ¡HÁGASE TU
VOLUNTAD!!
Por Luis Buero
Se aproxima el 31 de diciembre y
los seres queridos que nos rodean nos invitan a expresar mandatos, esperanzas,
profecías, y los anhelos para el 2005. El sueño del “borrón y cuenta nueva” es
a veces tan grande, que la racionalidad queda guardada en el desván por un
rato dominado por la ilusión y el efecto de la sidra. |
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Es hora de
encender velas y pedir a los ángeles que nos escuchen.
Pero no todo el mundo es religioso. Quien ocupa en mi familia la cabecera en
materia de estrategias supersticiosas es la tía Cristina. Ella es la
recolectora de todas las cábalas habidas y por haber. Días antes del fin de
año se sienta a la mesa de nuestra casa y entre sorbo y sorbo de té verde,
comienza a dictar su serie de recomendaciones:
“Cuando se acerque la medianoche hay que poner plata en los zapatos (supone la
prosperidad económica), sacar las valijas a la puerta de calle (el efecto será
tener un año lleno de viajes), sentarse y pararse con cada campanada a la hora
cero pero a su vez comer una uva con cada sonido”(esto hará que todos los
sueños se cumplan).
Hasta acá la tarea parece fácil, pero cuando la tía ve que se nos iluminan los
ojitos como si fuéramos niños, aprieta el acelerador y avanza con sus consejos
esotéricos:
“Luiggi, esa noche debés usar ropa interior roja, y además, ponértela al
revés; sobre el fin del año tenés que comer una cucharadita de lentejas, pero
nunca directamente de la olla donde las cocinaste, luego te recomiendo poner
un dólar doblado en forma de pirámide en tu billetera, colocarte una media al
revés y conseguirte patas de conejo, búhos de la suerte, el escarabajo
egipcio, la cruz de Caravaca o las figuras de porcelana de los elefantes con
la trompa hacia arriba”.
¿Tanto despelote para que se cumpla un mísero deseo? Me pregunto
inocentemente. Pero ella me interrumpe con un grito: “¡Ni se te ocurra barrer
el piso de noche, eso ahuyenta la fortuna!”
Siempre he pensado que algunas personas, como la tía Cristina, apelan a los
fenómenos metafísicos para creer que no tienen la responsabilidad total de sus
actos. También es cierto que cuando la realidad se vuelve agobiante, llena de
figuras persecutorias, sugestionarse con el hecho de que tirar sal para un
lado puede ayudarnos a solucionar un problema, se vuelve un mecanismo de
defensa y alivio inevitable en cierta gente. Pero estas argumentaciones
hechizadas por una esperanza casi infantil, son muy difíciles de combatir
cuando el llamado “inconsciente colectivo” está más que ansioso ante la
incertidumbre de lo que vendrá, y se refugia en símbolos de la fortuna que se
vuelven realidades sociales.
Y le seguimos rajando a los pobres gatos negros, no pasamos debajo de las
escaleras ni nos embarcamos ni casamos en día trece. Tal vez todas estas
recetas sean efectivas pero me cuesta memorizarlas.
Yo por eso al 2005 apenas le digo: “¡hermano, hágase tu voluntad!” .....y por
las dudas: ¡cruzo los dedos!
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Gentileza::
luisbuero [
luisbuero@tutopia.com ]
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