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¿Una ópera masónica, o simplemente
la fantástica magia de la música?
Mozart
El 30 de septiembre de 1791 se estrenaba en un teatro de los arrabales de Viena La flauta mágica, de Mozart. Desde entonces se ha buscado en forma febril develar un centenar de presuntos misterios iniciáticos de la obra, y cada palabra, cada figura, cada cuadro, cada melodía, ha sido objeto de innumerables interpretaciones en dirección diversa, para demostrar un determinado mensaje masónico.
Pese a todo, una comedia musical pensada hace más de dos siglos para un teatro popular de barrio -dirigida a un público que sólo pretende pasar un rato entretenido-, concebida para ser representada sólo un par de docenas de funciones, resultó sin embargo una genial obra maestra, la indiscutible piedra basal fundadora de la “ópera alemana”, como lo han reconocido nada menos que Beethoven y Wagner. De un vigor y una belleza musical fenomenales, verdadero caleidoscopio de la vida humana, La flauta mágica es al mismo tiempo sencilla y enigmática, cómica y elevada, primitiva y sabia, terrenal y sobrenatural, ingenua y filosófica.
Escrita por el amigo de Mozart Emanuel Schikaneder, actor, poeta, cantante, autor, director y propietario del Theater auf der Wieden, La flauta fue aclamada con gran éxito desde el primer día, cuando en el estreno en este teatro la dirigió el propio compositor desde el clave, como se acostumbraba en la época.
Efectivamente, tanto el autor como el compositor eran masones. Mozart era un miembro entusiasta de la logia vienesa “Para la beneficencia” desde hacía unos siete años, e incluso convenció y reclutó en ella a su padre. En la época de José II, “el emperador de la tolerancia”, sucesor de la emperatriz María Teresa, Viena estaba literalmente plagada de logias masónicas, pero que no tenían entonces carácter “subversivo”, ni en el plano religioso ni en el político, como en otros países. Leopold Mozart padre, por ejemplo, fue y siguió siendo siempre un creyente fervoroso y un católico militante.
Más allá de la simbología de los masones presente en la obra, La flauta mágica es esencialmente un cuento de hadas, una alegoría de la búsqueda de la felicidad por el hombre de pueblo, un cuento de una profundidad significativa, de carácter fantástico, sobre la amistad, la sabiduría y la verdad, de una gran humanidad y un encanto fascinante... Bah, pura magia.
Obertura
Aria de la Reina de la Noche (canta Sumi Jo)
O zittre nicht, mein lieber Sohn (canta Natalie Dessay)
O Isis und Osiris (canta Martti Talvela)
Johannes Chrystostomus Wolfgang Gottlieb Mozart nació en Salzburgo el 27 de enero de 1756. Nunca usó sus dos primeros nombres y Gottlieb, de acuerdo a su etimología, se cambió más tarde por Amadeus. Wolfgang Amadeus Mozart ya componía a los cuatro años, a los ocho era un concertista consagrado en toda Europa y a esa misma edad escribió su primera sinfonía.
Salvo una música sublime, pocas otras cosas hizo en serio. En sus breves, irresponsables y ligeros 35 años de vida fue autor de una obra musical celestial y revolucionaria, pródiga y prodigiosa.
La flauta mágica fue su última ópera. Dos meses después de su estreno, apenas pasada la una de la madrugada del 5 de diciembre de 1791, Mozart murió. Al día siguiente se realizó el sepelio. Muy pocos amigos acompañaron sus restos hasta el responso de la Catedral de San Esteban, pero ninguno siguió el carro que luego llevó el cuerpo del occiso al cementerio. Fue sepultado en una fosa común para menesterosos, cuya ubicación exacta nunca pudo establecerse. Lo que ocurrió entonces –ignorando la condena a los masones- lo imaginó así el poeta brasileño Manuel Bandeira [1886-1969]:
Mozart en el cielo
El día 5 de diciembre de 1791 Wolfgang Amadeus Mozart
entró en el cielo, como un artista de circo,
haciendo piruetas extraordinarias sobre un
miravolante caballo blanco.
Los angelitos atónitos decían: ¿Qué ha sido?
¿Qué no ha sido?
Melodías jamás oídas volaban en las líneas
suplementarias superiores de la pauta.
Durante un momento se suspendió la contemplación inefable.
La virgen lo besó en la cabeza.
Y desde entonces Wolfgang Amadeus Mozart
fue el más joven de los ángeles.
Agenda de reflexión
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