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Lunfa
Agenda de Reflexión
El 21 de diciembre de 1962 se fundó la Academia Porteña del Lunfardo, para seguir la evolución del habla popular de Buenos Aires y revalorizar las expresiones culturales que se valen del léxico propio de la ciudad. Actualmente la preside José Gobello.
Por supuesto que el tango y el lunfardo ciertamente no son hermanos. El tango tiene sangre negra y el lunfardo la tiene gringa. La cepa lunfarda injertada al árbol del habla popular de Buenos Aires, en la que tan fuerte tallaban las voces y los giros campesinos, viene de los inmigrantes, sobre todo de los tanos. También es impropio hablar del tango como una unidad. El tango del compadrito -alegre, zafado, veloz en el baile y jacarandoso en el canto- no es el mismo tango del hijo de inmigrantes -triste, sentimental, reconcentrado en el baile, frecuentador de torvas historias de amores y traiciones en su letra-. Al primero lo personificó Angel Villoldo y al otro, Pascual Contursi. Si el lunfardo hubiera sido la mezcolanza del habla del compadrito con la del inmigrante, habría derivado en lengua mixta o en cocoliche. Pero, aunque la escuela pública, al afianzar el idioma nacional, impidió un desaguisado lingüístico, no pudo evitar que algunas voces oriundas del genovés o del napolitano, se prendieran a los labios del compadrito en los lupanares y los casinos, hasta mezclar voces europeas y de la campaña, como el caso del protagonista del tango Ivette, de Contursi: “¿No te traje pa tu santo / unos zarzos bien debute, / que una noche a un farabute / del cotorro le pianté?”.
El tango, tomado de los pies de los bailarines para llevarlo a los labios, comienza a tener letra cuando Contursi se la escribe. La primera, si no cronológicamente, al menos por su importancia, es la del tango Lita, rebautizado como Mi noche triste. Aquellos octosílabos memorables comienzan con un vocablo lunfardo, “Percanta que me amuraste...”. Sobre el modelo de Contursi, muchos otros letristas usaron el lunfardo, sobre todo Celedonio Flores, quien lo hizo con gran talento. Otras glorias de la pluma poética, sin embargo, prescindieron del vocabulario chúcaro, como Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo y Homero Expósito.
El lunfardo, en fin, constituye uno de los elementos que por derecho propio conforman las bases de nuestra identidad cultural.
Julián Centeya (1910-1974)
Guiso
Minga de fulería, siempre derecho,
de gurda trabajó, ni una mancada.
A mala que se dio le puso el pecho.
Pa él lo mismo todo que la nada.
En el haber del yorno, ni espantada,
la va de tranquilino, es laburante.
Nunca un anzuelo le mancó tentada.
Pobre de pobre le metió adelante.
Nada ganó al final con todo eso,
con la honradez, si no salió de queso,
y anda tirao, como pucho, por el piso.
Con un cacho de voz que fue un murmullo,
la otra cheno me dijo sin orgullo:
¡Pude ser chorro y no salí de guiso!
Con la olla, no
La iba de robreca y la fajaba,
salía de la zalipa de colores,
y de filo después la engatusaba:
¡Pa mí sos el amor de mis amores!
La mina laburaba en lo ‘e Bracera
y él se la empaquetó a lo propiamente.
La cosa fue que eya, la bolsera,
entró como chabona, dulcemente.
Y al volver una cheno de la timba
leyó en un pelpa: Estufa de marimba,
me pianto para siempre ‘e la fragoya.
que me fajés de cros, que vaya y pase,
pero batime, Negro... ¿ésa es tu clase?
¡Anoche me la diste con la olla!
Carlos de la Púa (1898-1950)
Hermano chorro
Hermano chorro, yo también
sé del escruche y de la lanza...
La vida es dura, amarga, y cansa
sin tovén.
Yo también tengo un laburo
de ganzúa y palanqueta.
El amor es un balurdo
en puerta.
Con tal que no sea al pobre
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida.
Tomá caña, pitá fuerte,
jugá tu cashimba al truco
y emborrachate, el mañana
es un grupo.
¡Tras cartón está la muerte!
Amasijo habitual
La durmió de un cachote, gargajeó de colmiyo,
se arregló la melena, y pitándose un faso
salió de la atorranta pieza del conventiyo...
Y silbando bajito, rumbió pal escolaso.
Packard
Era una mina bien, era un gran coche.
Era un Packard placero, era una alhaja:
Auto que siempre trabajó de noche
llevando siempre la bandera baja.
Pero un día la droga la hizo suya
y, en vez de cargar nafta, echó morfina,
y cerrando el escape por la buya
se fajaba debute en cada esquina.
Ayer la vi pasar... Iba dopada.
Y me sentí yo, curda, un santo Asís
al ver de su pinta abacanada,
pinta que fuera de auto de parada,
sólo queda, cual resto de chocada,
con los cuatro fierritos del chasís.
Iván Diez (1904-1960)
Soneto
La encontró en el bulín y en otros brazos...
Sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al tiburón: ¡hay que rajarse!
(El hombre no es culpable en estos casos).
Y quedando bien solo con la mina,
pidió las alpargatas y ya listo,
murmuró, cual si nada hubiera visto:
¡Cebate un par de mates, Catalina!
La mina, jaboneada, le hizo caso...
El tipo, saboreándose un buen faso,
la mateó, chamuyando de pavadas...
Y después, besuqueándole la frente,
con toda educación, amablemente,
le fajó ¡treinta y cuatro puñaladas...!
Daniel Garibaldi (1930-1984)
El umbral
Sí, ya sé... Perdí el tiempo en pajerías
y, creyendo gastarlo en cosas serias,
me vendí en cien mercados y en cien ferias
(mercadería entre mercaderías).
Compré con esa guita chucherías,
revendí fulerías y miserias.
Vacunao contra tifus y difterias
del alma, viví enfermo de alegrías.
Me alegraba escabiar con los amigos,
el calor de las hembras en los telos,
la lluvia afuera, el fato sin testigos.
Nunca me puse luto por mis duelos
y pagué en vida todos los castigos...
¡Dale, abrime la puerta de los Cielos!
El artesano
Yo soy aquel que ayer nomás batía
el verso mugre y la emoción ranera,
el que casi amasija a una mechera
que un mate le cebó con agua fría;
el que quilombizó la taquería
la vez que cayó en cana en la Tercera,
cuando escribió en una pared fulera:
“Quevedo volverá -La poesía-”;
el peonacho y el trompa de la rima,
el que apiló palabras a destajo,
el que en la viola fue bordona y prima,
y al fin de su jornada de trabajo,
siente que el mundo se le viene encima
y canta un mundo que se viene abajo.
Agenda de Reflexión.
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