Cooperativismo y conciencia: No mas deberes sin derechos ni derechos sin deberes. - 7/11/02 (Argentina)

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Cooperativismo y conciencia: No mas deberes sin derechos ni derechos sin deberes.

Me resulta claro que no existe un único modo de iniciarse como cooperativista, aunque sí muchos emprendimientos organizados con tales formas.
Se puede empezar por necesidad, al no tener otra alternativa, que supongo es el caso más común; otros porque intuyen que es la forma más probable de lograr un objetivo. Tal vez son muchos menos, los que se inician, proyectando en el cooperativismo, la concreción- aunque parcial- de nobles ideales. 
Pero, no es inoportuno mencionar que, en nuestro país- y no es el único- hay quienes toman las formas cooperativas para encubrir viejos modos de explo-tación, esto ocurre sobre todo en las seudocooperativas de trabajo; así también en otras de crédito con fines usureros, y en las que combinan a ambas, explotación y usura (algunos bancos por ejemplo). De éstas prácticas, en gran parte, surgen el temor y el recelo hacia el cooperativismo por parte de los trabaja-dores, más el insuficiente conocimiento de los enunciados sobre esta herramienta solidaria y colectiva.
En cuanto a los principios y fines del cooperativismo, no es tan importante en qué condiciones o porqué un ser humano se acerca a una actividad cooperativa, sí es imprescindible que, en el proceso hacia el objetivo común, sea permeable a ciertas pautas básicas relacionadas con aquellos principios: solidaridad, mutualidad, autogestion, responsabilidad, honestidad etc.; es lo mínimo que debemos exigirnos colectivamente. 
Y es verdad que, para llegar a esas condiciones básicas, no alcanza con la concreción del objetivo material buscado; por lo menos esto parece ser lo que sucede, muchas veces, con gran parte de los involucrados en prácticas cooperativas.

Considero que, el concretar prácticas con formas cooperativistas (aún con ciertos resultados materiales) por sí solas no generan conciencia colectiva profunda; de que pertenecemos a una clase social y que debemos construir nuestra propia cultura, en la producción (trabajo) vivienda y medio ambiente (comunidad solidaria), estudio (acceso común al conocimiento). 
Es la acción ideológica constante y la práctica como prédica de ejemplo, de aquellos "idealistas" que quieren una sociedad igualitaria, la que aporta a la generación de esa conciencia y por ende de verdaderos cooperativistas; de que pertenecemos a una clase determinada, mayoritaria, y que ser conscientes del poder que anida en nosotros, de despertarse, nos salvaría de las condiciones abismalmente injustas en que vivimos. 

Condiciones padecidas no sólo porque los de arriba son explotadores, indiferentes e inmorales, sino también porque nosotros estamos seriamente influenciados, como clase trabajadora y pueblo en general, precisamente por sus pautas culturales: ideales de vida (que de hecho se nos niega), individualismo, creencia de que la explotación es como una ley natural etc.
Es ir más allá de la necesidad individual y de las formas cooperativas para acceder, sin desmerecer esto, a la conciencia de las necesidades colectivas y del poder que nos otorga escalar a esa instancia. Y que nos permite encontrarnos con las herramientas más efectivas del cooperativismo, o sea, su esencia. 
El verdadero cooperativismo es una construcción que pertenece a la base de una sociedad futura y que en parte se puede comenzar a construir hoy, y es por eso que tiene "carácter de semillero" de aquella construcción social.

Para cierto "Progresismo", que realiza un cooperativismo tan particular, quizá todo esto sea inviable en la práctica ya que realizan otra, pero, si dicen querer ayudarnos en nuestros intentos deberán estar dispuestos a correr la misma suerte que cada uno de los socios cooperativistas, desde el que barre hasta el "ingenieri" de la cooperativa. Entre otras cosas, porque los trabajadores no hemos de organizarnos de ésta forma para autoexplotarnos al mismo tiempo que crear una nueva "raza de gerentes" acomodados.

El cooperativismo es parte de una contracultura a la sociedad y propiedad individualista de los capitalistas. Por eso en materia de organización del trabajo y posesión de los medios de producción, ya sea para elaborar cualquier tipo de riquezas, la lucha no es por ser propietarios a la vieja usanza de la desigual sociedad actual, sino por ser usuarios individuales y colectivos de los beneficios, y responsables, en las mismas dimensiones, de todas las labores de nuestra propiedad cooperativa. 

Se trata de que, como trabajadores solidarios, seamos protagonistas de la construcción de una conciencia y su correlato, la acción para una conquista, que nos permita vivir espiritual y mate-rialmente en condiciones dignas de un ser humano.
Lo que debemos proponer es, plasmar lo mejor de la cultura humana, bienes materiales y conocimiento regidos co-múnmente por los trabajadores, y esto se logra con sacrificio(lucha y aprendizaje), dignidad(honestidad y conciencia) y cono-cimiento(estudio y práctica). Para una sociedad autogestionaria, colectiva e igualitaria. 

Y nadie, excepto quienes se benefician con nuestras penurias, puede negar que esta concepción de la vida y la economía de la sociedad humana, es hoy la alternativa con mayor perspectiva para la solución a nuestros problemas. Y no porque se trate sólo de ideas que en sí son nobles y justas, sino también, porque es una necesidad colectiva, urgente e histórica de nuestra clase social y nuestro pueblo.
La deserción de la clase patronal, de-muestra que ya nada tienen para ofrecer, excepto miseria. Que ya han tenido su posibilidad histórica y hoy no pueden regir un proyecto de país, aún con sus propias "reglas de juego" capitalistas. A tal punto han desertado que siendo una clase explotadora no tienen capacidad ni si-quiera para explotarnos.
Habrá que ver si los trabajadores somos capaces de imaginar y concretar un proceso de construcción, en la produc-ción y en los otros órdenes de la sociedad, hacia la justicia social definitiva. Por ahora es más que nada una necesi-dad, que algunos pocos transforman en realidad.

En conclusión, si es que se puede definir en pocas palabras al verdadero coope-rativismo, se podría decir que: coopera-tivismo es la conciencia y la acción de que tenemos y debemos cumplir con derechos y deberes por igual, según la capacidad y necesidad de cada ser humano. 



¡Qué dignidad la de aquél animal! (La llama) que se niega a transportar una excesiva carga y que recién lo hará siempre y cuando, la misma, contenga el peso adecuado y esté bien acomodada. 


Andrés Guacurarí.

 

Noviembre 2000. 
Corrección Julio 2002 

 

* * * * * * *

 



Informe de la situación 


El desarrollo naturalmente anárquico del capitalismo mantuvo siempre la desigualdad entre las naciones creadas otrora por la propia burguesía, entonces revolucionaria.
De ahí la gran diferencia, coloniaje de por medio, entre los países centrales y los periféricos.
Ante un nuevo avance del capital sobre el trabajo, durante esta etapa neoliberal, lograron no sólo excluir a amplias masas de trabajadores, fundamentalmente en las naciones más débiles, sino también "anexar" completamente muchos países a su imperio, o desecharlos en su defecto. 
Claro que esto no ha ocurrido siempre mansamente por parte de ninguno de ambos círculos (Central y periférico) como así tampoco entre las clases dominantes y dominadas, principalmente, en las naciones secundarias.
Así " Las guardias pretorianas universales", Boinas verdes y/o Cascos azules, muchas veces usaron y usan su poderío militar para poner a raya o doblegar a las naciones no tan dóciles y a priori más débiles. O como en los casos de estas naciones donde sus clases dominantes siguen tratando de disciplinar absolutamente a sus respectivos pueblos en pos de una gobernabilidad que les es necesaria, para que los de abajo no pongan en riesgo los privilegios que aún usufructúan merced a su papel de "administradores" locales del imperialismo y a pesar del conjunto de contradicciones derivado de la crisis capitalista.
En nuestro país en particular, hace ya tiempo, la llamada burguesía nacional ha perdido capacidad hasta de explotarnos- lo que denota su obsoleta "existencia"- mucho menos aún de resolvernos el conjunto de problemas que genera su sociedad capitalista subdesarrollada. 

Toda burguesía de país periférico, en mayor o menor medida según la nación de la que se trate, ha nacido naturalmente atrofiada y la nuestra es el ejemplo más tragicómico a la vez que doloroso para nuestro pueblo y su clase trabajadora.
De ahí que nuestras clases dominantes, a través de las últimas décadas, hayan perdido su capacidad de mantener aunque sea cierta soberanía e independencia económica reales y otros poderes que hoy los tiene, directa o indirectamente, los grupos capitalistas transnacionales.

Así es que en los últimos años sufren una acelerada descomposición de su poder político y su gobernabilidad se encuentra por momentos en "jaque", ante los empujones de las masas populares organizadas y las relativamente espontáneas como las del 19-20 de Diciembre de 2001.
Pero ¿ Esta situación local puede ser adjudicada a ciertos países centrales? 
Algunos sucesos europeos o estadounidenses ¿ Los hace equiparables a nuestra situación?
¿ Asistimos a una bancarrota del imperialismo y el capitalismo a escala universal?
¿ Estamos en presencia de una situación revolucionaria?
Los deseos y la realidad para que se correspondan, no pueden ser arrastrados hacia un punto de contacto como si se tratasen de la relación que hay entre el buey y un arado. Ni dependen de la pura voluntad.
Algunos pretenden que sus aspiraciones se hagan realidad aunque muchos tengamos la certeza de que sus análisis y su política están fuera de ella.
Parecen pretender que la realidad acuda a sus deseos como la marea al acantilado. Cuando es al revés, nosotros debemos acudir a la realidad predispuestos a ejecutar la política necesaria a la viabilidad de nuestros anhelos como pueblo por sobre los "antojos sectarios"; de ahí se desprenderían las construcciones y los instrumentos que necesitamos colectivamente para la concreción de nuestros deseos. 

¿Cuál es entonces nuestra situación como pueblo y nación?
En primer lugar no existe una fuerza política y social de carácter burgués capaz de resolver la crisis pacíficamente y/o dentro del marco capitalista local, como sucedió luego de la crisis del '29 y la posguerra, con el keynesianismo que abarcó también a los países periféricos y se manifestó con amplitud en nuestro país. 
Lo paradójico y trágico es que, tampoco estamos ante la existencia de una clase trabajadora con capacidad revolucionaria, lo suficientemente organizada, en definitiva, dotada de los elementos necesarios como para romper las barreras del sistema y construir una alternativa al mismo, con vistas a otra sociedad. Aún existe un número importante de trabajadores con empleo y que recién empiezan a despabilarse de su letargo, pero aún en su gran mayoría bajo la dirección de dirigentes sindicalistas socios del sistema y ambos aspectos conforman una realidad que no deberíamos obviar. 
El campo popular no ha logrado construir los instrumentos y la subjetividad necesarias como para dotarse de una estrategia política común que le permita además de subsistir, encaminarse hacia una situación de ofensiva estratégica. Los que pretendemos cambios revolucionarios no hemos sido capaces de resolver positivamente las carencias políticas, que también son ideológicas y que no son novedosas en su mayoría.
A menos que pretendamos que nuestras organizaciones son las masas de nuestro pueblo, organizadas y lo suficientemente capacitadas política, ideológica, económica y militarmente para resolver tal encrucijada. Presuponiendo además que este pueblo a la vez ya posee su vanguardia.
No existe un pueblo unido detrás de un proyecto común, asimilado y motorizado por él mismo. Por supuesto, quienes tendríamos que esbozar tal proyecto político-social no hemos sido capaces de cumplir con tal menester. A menos que algunos consideren que en sí mismos son la encarnación de tales necesidades políticas organizativas de nuestro pueblo. Total, desde lo abstracto, el hombre es capaz de regalarse las cosas más inverosímiles.

Es decir, nuestro pueblo sobrelleva una situación paradójica: sufre la crisis más dramática del último siglo, después de haber conocido una vida digna* y ante semejante retroceso no encuentra cómo superar el "entuerto" a sabiendas que el régimen y sus instituciones ya no los representan. Pero no tiene claridad hacia qué, cómo y por dónde marchar en procura de resolver sus problemas, y tampoco han asumido que tal objetivo, instrumento y camino aún inexistentes, no aparecerán espontáneamente. Indudablemente, las condiciones subjetivas,** necesarias para transformar tal paradoja en certeza revolucionaria, no están a la altura de las condiciones materiales de nuestra existencia como pueblo. ¿ Y qué de las "vanguardias"? Aquí sí nos encontramos ante la evidencia de un crimen político-social paradigmático, una verdadera enciclopedia ilustrada sobre lo que no hay que hacer si se quiere aportar a un proceso de liberación. 
En los últimos meses, sobre todo los más próximos a diciembre de 2001, amplios sectores de nuestro pueblo, por diferentes motivos, salieron a protestar y reclamar por sus reivindicaciones económicas y en algunos casos políticas; y lo que más experimentó como propuesta de tales sectores fue el tironeo desde diferentes "orgas" donde cada uno en desmedro del otro le ofrecía la "mejor solución" a sus problemas, en lo que fue una especie de "feria de las vanguardias". 
También jugaron un papel notable quienes no estuvieron muy activos en esos días de crisis política e institucional. 
Como si aquello fuese poco, a la vez que el mismo sistema nos tira sus propios muertos, regalándonos aliados provenientes de los sectores medios, el "obrerismo sectario" de algunas "orgas" los "rechazan" por burgueses, de la misma forma que en otro momento catalogaron de lúmpenes a sectores desempleados que luego serían los protagonistas de luchas y organizaciones no poco notables y a las cuales finalmente abordarían, para recién entonces y sólo ante este hecho autoproclamarlas y autoproclamarse como la actual vanguardia del movimiento popular. 

Otro aspecto a tener en claro es que, precisamente quienes deberían echar luz sobre las masas desconformes y expectantes, convalecen crónicamente de la incapacidad para construir una política común para el campo popular y revolucionario, quiero significar que: como ningún otro sector de nuestro pueblo, por su responsabilidad, aún carece de las condiciones subjetivas para aportar a una situación revolucionaria por su arraigada ceguera política e ideológica a la vez que una falta, pareciera a veces que total, de sentido común.

Claro está que quienes adolecen de semejantes patologías pueriles viven en el microclima de sus organizaciones unicentristas y a lo sumo pasean por construcciones que sólo son extensiones de aquellas y que así y todo a veces les cuesta controlar cuando, en algún grado, se masifican.

Mis modestas conclusiones: no asistimos a una bancarrota del imperialismo y el capitalismo a escala universal, por lo menos en esta etapa. Sin embargo a escala local el sistema, por su gran dependencia, se encuentra más débil que nunca y el régimen "democrático" por sí mismo no es garantía de gobernabilidad para los sectores dominantes. 
No estamos en presencia de una situación revolucionaria, por más que las condiciones materiales en las que vivimos no encuentren comparación con otras épocas, por lo miserables. Es más, si no hay un avance de las condiciones subjetivas en el ámbito latinoamericano y mundial, podemos vivir en decadencia aún por varias décadas todavía. Acaso no ocurre esto en varios países de Asia, Africa y América. 
No existe tal situación revolucionaria, al menos para aquellos que pensamos que la revolución, en todo caso, es obra de los pueblos y su vanguardia concreta. Vanguardia que el pueblo erige "caprichosamente", independientemente de la voluntad y los deseos que podamos tener algunos. No existen las condiciones subjetivas en nuestro pueblo para que madure y asistamos a una situación de esas características, y esta carencia también abarca a las fuerzas organizadas del mismo, sean o no realmente revolucionarias, esto aún está por verse. Antes debemos lograr la unidad política del campo popular y revolucionario que sirva de motor de un proyecto de ruptura con el sistema para un cambio social; que nuestro pueblo perciba la posibilidad del poder en el mismo, lo tome en sus manos y apueste a través de él a una victoria conducente hacia sus anhelos. 
Es decir, habrá correspondencia entre las condiciones objetivas y subjetivas si somos capaces de construir un movimiento político revolucionario de todos los trabajadores y el pueblo y si estos sujetos políticos-sociales abordan y concretan todas las formas de lucha como para sostener tal situación revolucionaria y producir la ruptura con el sistema hacia una sociedad nueva. Esa debe ser la política a la que debemos apostar todos los que pretendamos la revolución.
Para esto, me asocio a aquellos que consideran que hay que librar una fuerte batalla contra el "obrerismo sectario" que nunca ayudó a gestar ninguna revolución en el mundo. A sus socios los "deterministas" del proceso histórico, muchas veces y ahora nuevamente autoproclamados, implícita o explícitamente según el caso, como la vanguardia.
Así también acompaño la idea de aquellos que consideran el actual fenómeno de masas iniciado en Diciembre de 2001, como un proceso de características potencialmente revolucionarias y sobre el cual considero que puede tener avances y retrocesos, pero de ninguna manera como plantean algunos que, los trabajadores no están a la defensiva sino todo lo contrario, poco menos tienen la iniciativa estratégica conducidos por su partido obrero y revolucionario donde por lo tanto el poder está a la orden del día.
Insisto, el infantilismo de algunas sectas las hace tan permeables a la pura abstracción que son capaces de regalarse los deseos y méritos más irracionales.

*Nivel de vida como nunca antes habían experimentado las masas populares, con la estructura económica-social del 1° y 2° gobierno peronista y su progresiva desaparición hasta el 76, no sin resistencia de aquellas mismas multitudes que soportarían hasta incluso la muerte y/o la desaparición en el intento por mantener su bienestar, implicando en muchos casos también, anhelos superiores; como los de una sociedad socialista. 
** Se refiere al elemento consciente de la realidad objetiva. El sujeto colectivo consciente de su rol en la transformación histórica de la realidad social. Conciencia, conocimiento, voluntad, acción.
Andrés Guacurarí. 9 de octubre de 2002



Gentileza:: Cristina Castello [ cristinacastello@fibertel.com.ar ]


  

 

 

 

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