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Entrevista P.
Antonio Cuadra: “No hemos hecho otra cosa que escribir
lo que soñó y no escribió Darío”
Floriano Martins
Iniciarenios nuestra conversación
hablando sobre el Movimiento vanguardista de Nicaragua, del cual
fuiste uno de sus fundadores. ¿Qué circunstancia rodeaba a la
Literatura Nicaragüense al surgimiento de los vanguardistas en 1928
y qué relaciones existían con otros poetas centroamericanos?
No sé cuáles son los mecanismos de la intuición poética que,
en ciertos momentos generacionales, imponen el rechazo de lo
anterior. Éramos un grupo muy joven pero nos unió, ante todo, el
oscuro sentimiento —que Hermann Hesse evoca en Demián de que un
mundo terminaba y otro nuevo surgía en violento parto. El Modernismo
estaba agotado y nos sentíamos llamados a fundar algo nuevo y
distinto. No solamente la poesía: ¡Todo nuevo! ¡Nos abrimos a todas
las corrientes vertiginosas del momento! Desde el surrealismo hasta
el Dadá. Pero ese momento de apertura y cosmopolitismo coincidió, en
Nicaragua, con una intervención extranjera, de Estados Unidos, con
la protesta armada de Sandino y, como es natural, con su reflejo en
nuestro movimiento literario que se vio patrióticamente presionado a
crear una literatura, nueva, es cierto, pero defensiva y afirmativa
de nuestra identidad nacional. Por esta peculiaridad de fusionar
Cosmopolitismo y Nacionalismo de nuestra Vanguardia, su mayor
similitud es con la SEMANA DE ARTE MODERNO de Brasil (de los dos
Andrades y de “Claxon”) y su proclama de “VOLVER A LAS RAICES”
brasileñas.
Fuimos más vocingleros y más unidos que los
vanguardistas del resto de Centroamérica, pero nos relacionamos con
los mejores, publicamos sus escritos y canjeamos publicaciones.
Miguel Ángel Asturias, Raúl Leiva, David Vela y César Brañas de
Guatemala; Salarrué, Guerra Trigueros y Hugo Lindo de El Salvador;
García Monge y Eunice Odio de Costa Rica, fueron —entre otros— los
que mantuvieron más estrechas relaciones con nosotros.
Tu ensayo “Introducción a la Literatura
Nicaragüense” (1980) cierra con una frase: “Una nueva épica abrió
sus puertas “ Evidentemente se refería a los acontecimientos de
1979. Pasados estos años, ¿cómo analizas hoy lo que en ese entonces
se denominó Nueva Época? ¿Qué rumbo tomaría la literatura
nicaragüense a partir de aquello?
Todo esperábamos que
se abriera una nueva época, pero solamente se cerró la anterior.
Parece que las grandes épocas creadoras no son revolucionarias sino
pre-revolucionaria. Fuimos como un hermoso y caudaloso río que, de
pronto, se sumergió en la frustración o en el exilio. Yo espero que
el fracaso obligue a rectificar y vuelva pronto a aflorar la
corriente perdida.
¿Crees con Octavio Paz que
“historia y realidad social de una época, es una proyección de su
arte y su Literatura”?
Voy a contarle una experiencia:
Nuestra revolución se pudo hacer porque iba adelante abriéndole
camino una poesía y un canto. Luego la revolución fue desviada
alevosamente: de tales desvíos anti-poéticos está llena la prosa de
la historia. Por eso Hispanoamérica hace su historia dando bandazos
entre la Utopía y el Exilio. Estoy de acuerdo con Paz. “El lenguaje
de cada época histórica —dice Oscar Milosz— adquiere su forma y la
determina gracias a la poesta. Es una misteriosa relación que
también Paz señaló al decir que no existiría Grecia sin Homero, pero
tampoco Homero sin Grecia. La poesía es la fundadora de los
arquetipos. En nuestra América es donde la lucha mítica de la Poesía
contra la Historia cuenta con un martirologio más numeroso.
¿Es posible afianzar que en la línea de los
poetas surgidos en tomo al Movimiento Vanguardista, Martínez Rivas
es el que más se destaca actualmente en Nicaragua?
Nicanor Parra, el chileno y Carlos Martínez Rivas (con más
poder poético) son los que abren los nuevos caminos de la poesía
post-nerudiana. Martínez Rivas es un peligroso nieto de Baudelaire
que acomete un poema como un crimen perfecto. Desgraciadamente su
“hobby” es tener al diablo encerrado en una botella.
En “Notas Críticas sobre Poetas Nicaragüenses”,
te refieres a Joaquín Pasos como un precursor de la Anti-Poesía de
Nicanor Parra. ¿Podrías ampliar un poco esto?
Los
principales componentes de la Anti-Poesía (nombre muy siglo XX, pero
poco afortunado) los anticipa o están en germen, diez o quince años
antes en la poesía de Joaquín Pasos: la desacralización del “yo”, el
uso de la fealdad y de lo prosaico, la burla seria, etcétera.
Lo que se acentúa luego en Parra, y lo mismo en Martínez
Rivas y en Cardenal, es el nivel oscuro kafkiano de esos elementos
como reflejo de la condición desolada, del hombre después de la
guerra y con la amenaza nuclear.
Una situación
que, por inevitable, se ha repetido siempre: No sólo tu poesía, sino
la de todos los integrantes del Movimiento de Vanguardia consiguió
escapar a la fiebre política, al cáncer de un patriotismo rancio, de
un didactismo sutil e inexpresivo. ¿Fundamentalmente a qué
atribuirías tal hecho?
Creo que el hecho de coincidir la
necesidad de crear una literatura nacional con la irresistible
atracción cosmopolita de las vanguardias: eso nos permitió un
equilibrio entre la tentación de la caverna y la de lontananza.
Añadiría otro gran peso en la balanza: a pesar de nuestros ataques,
éramos herederos de Darío, de su lección antiprovinciana de
UNIVERSALIDAD. Y otra importante ayuda: la ironía, ese alejamiento
del poeta del poema que permite el humor. No en balde nuestra
generación tuvo un genial maestro que cantó por todos nosotros
Drummond de Andrade: ¡Carlitos Chaplin!
¿Por que
afirmas que lo “americanos no puede expresar lo indio que lleva
dentro de sí a no ser recurriendo a la aventura lingüística y
onírica del surrealismo”?
Nuestro pasado occidental,
Siglo de Oro, Medía, Roma, Grecia se nos comunica por la escritura.
(Grecia nos habla desde la raíz de nuestras palabras). El indio
perdió ese puente. Tikal (nuestra Atenas maya) es nuestra Atenas
muda: no nos habla por lengua o escritura, sino, como el amor: por
silencios. El indio que llevamos dentro lo llevamos entre-dormido.
Se necesita un lenguaje onírico, un lenguaje cuyas asociaciones y
metáforas se salten lo racional, se salten el puente caído de la
lengua y nos comunique con ese mundo aborigen que está todavía vivo.
¿En qué sentido afirmas que Rubén Darío es el
único gran renacentista americano?
No el único sino el
último. El broche de oro. El termina y con él acaba la tradición
renacentista con sus cánones de belleza que identificaban belleza
natural y belleza artística. Pero es también quien coloca una carga
de dinamita de “estética acrática” —de rebelión contra la anquilosis
mental, contra el cliché verbal y el “molde único”—, carga que vuela
al dique y abre las nuevas libertades: las cinco muchachas de “Las
Dernoiselles d’Avignon” de Picasso, Egipto, Grecia, Roma, Asia,
Africa, la Vanguardia es el resultado de esa inundación de estilos y
edades y concepciones de lo Bello. Es la entrada violenta de lo
“moderno”.
Ya se ha dicho que ni poesía expresa
lo que Darío dejó en silencio. ¿Concordás además con tan acentuada
influencia de Darío en tu obra poética?
Me halaga, pero
lo creo exagerado. El silencio de un poeta es inefable. ¡Mucho más
el de Rubén Darío! Posiblemente los poetas de América que le
sucedieron no hemos hecho otra cosa que escribir lo que soñó y no
escribió Darío. Influye en mí como maestro: lo que trato de aprender
de él es su oficio. El antidariísmo inicial de la vanguardia fue
fecundo: nos permitió alejarnos de Rubén para no imitarlo, pero sin
perderlo de vista para poder continuarlo.
Asentirías con el poeta y crítico español José
María Valverde al apuntar en tu poesía aquello que él llama
“americanismo cristiano “?
También el americanismo de
Vallejo es profundamente cristiano, a pesar de que se afilió al
Partido Comunista. Luis Alberto Cabrales, mi compañero de
vanguardia, lo llama “marxista transido de Dios” y la caridad de
Vallejo tiene expresiones sólo. comparables con las de San Pablo.
Pero sí; estoy de acuerdo con Valverde. Lo cristiano afecta a lo
americano suavemente, pero definitivamente. Le da al hombre amor
para la vida y esperanza para la muerte. Pero sin beligerancia. Cada
día más desnudos. La situación de un cristiano ante un no cristiano
es la situación de un mendigo que dice a otro mendigo dónde
encontrar de comer. Un gran poeta católico de ustedes —Jorge de
Lima— decía en un poema que él tenía en sus dos manos las dos
hermanas de Betania: “la que escribe, la que trabaja, la que propaga
la palabra (Marta)y la silenciosa que sostiene tu frente fatigada “
(María).
Valverde me concede también esas dos manos: la
americana, que es la que escribe en lucha con la Historia, la mano
de la acción de la palabra contra el tiempo. Y la cristiana, que es
la que sostiene mi frente en la contemplación.
Ya
en 1959 se hablaba de una: “épica desmitologizada” como gran meta de
tu poesía. ¿La consideras plenamente cumplida? ¿Cantos de Cifar y de
la Mar Dulce y “El tiburón” serían los mejores ejemplos de esta
épica desmitologizada?
Una de las maneras de abordar el
mito en nuestro tiempo es desmitificándolo. El mundo no puede
subsistir sin mitos, pero cada época crea sus propias atmósferas
míticas que se gastan, como se gastan las palabras y las monedas por
el uso. Entonces hay que desnudar el Mito de sus adherencias
históricas: en Cantos de Cifar yo quería dar con Ulises antes de
Homero. El marinero que le mete a su mujer el cuento de los cerdos.
El marinero común y corriente de nuestro Gran Lago de Nicaragua. ¡Y
devolverle a la épica su humildad primera! “El tiburón” no es fruto
del mismo proceso. En mi luna de miel, bañándome en el Gran Lago con
mi esposa, nos atacó un tiburón del que logramos escapar, pero pude
ver sus ojos muy de cerca y me pareció que había descubierto la
mirada del Mal: un odio frío, la insensibilidad que parece inocencia
de tan perversa; el ojo de los torturadores y de los tiranos. El ojo
con que nos mira, con demasiada frecuencia, la Historia. El Tiburón,
por eso, asume en mi poema de Ronda del año, el papel mítico del Mal
en nuestra historia: es el Moby Dick de nuestras aguas dulces.
Has dicho que la gran Lucha del Poeta, ¡apalabra
del Poeta, es contra el tiempo. Aquello que Borges siempre refutó,
el tiempo, afirmando que los poemas resistirían más que las
ciudades. ¿Acaso le preocupa el futuro de lo que escribe?
Me preocupa salir victorioso de todas las muertes que me
asedian como ser mortal. No tanto el futuro de aquello que escribo
sino el futuro de lo que viví o soñé cuando escribía. Ser poeta da
derecho a tener la nacionalidad del mundo futuro, cuando cese mi
imaginación y comience la de Dios. La poesía es la palabra que
quiere alcanzar ese estado de resurrección: no es el lenguaje
original, como otros creen, sino el trans-final. Es el ensayo de lo
inefable.
¿Podríamos hablar un poco de tus
experiencias editoriales junto al CUADERNO DEL TALLER SAN L UCA S y
EL PEZ Y LA SERPIENTE?
Son dos tipos de revistas
completamente distintos. El Cuaderno del Taller San Lucas se hizó
con un sentido de comunidad y colaboración, de taller, de “cofradía”
cuando estábamos jóvenes y todavía agrupados y movidos por el
impulso del movimiento de vanguardia. Fue una publicación hecha, se
puede decir, a mano, con humilde sentido artesanal. (Ernesto
Cardenal se inspiró en esta obra o labor para sus talleres del
Ministerio de Cultura, pero no es lo mismo lo espontáneo de un grupo
amigo, a lo promovido burocráticamente por un Estado). La revista El
Pez y La Serpiente la fundé mucho tiempo después para que fuera el
órgano de un pujante producción literaria —como la nicaragüense—
pero que sufrió y sufre de grandes problemas editoriales. Pretendía
que fuera una publicación que alentara esa producción y la diera a
conocer en el mundo. Ha sido como una antología periódica del
quehacer artístico y literario de mi país.
¿Cuál
es la situación actual del periódico LA PRENSA y de su suplemento La
Prensa Literaria?
La espada de Democles.
¿Tendrías algo que agregar como remate de nuestra
conversación?
En un artículo reciente en homenaje a
DRUMMOND DE ANDRADE. GRAN POETA, GRAN AMIGO escribí: A mis amigos
poetas jóvenes llevo años aconsejándolos: ¡ojo con Brasil! Nos
andamos tal vez consumiendo la curiosidad en lo francés, o inglés, o
ruso, mientras ignoramos la maestría cercana de una gran literatura
paralela a la nuestra y llena de invenciones. Se nos cansarán los
ojos y no encontraríamos fácilmente un par en el mundo para
Drummond. (Pero ¿cuántas ediciones de su obra hay en español?). No
perder a Europa es todavía importante, pero cuando en el vecindario
nos dan su obra en Machado de Asís, un Guimaraes Rosa, un Drummond
de Andrade, vale la pena adquirir el pasaje de la lengua portuguesa;
¡¡no es poco el mundo que pone a nuestro alcance!!
(Originalmente publicada en la revista Andrómeda
de San José, Costa Rica, a finales de 1989). |
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