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Restauración del altar de la iglesia de
San Bento en Olinda, Pernambuco y que será expuesta en
Nueva York.
Restauración del altar de la iglesia de San Bento en Olinda, Pernambuco y que será expuesta en
Nueva York.
PABLO CAMOGLI
Prensa en español
Fundación Joaquim Nabuco
Pernambuco-Brasil
UN ALTAR PARA EL MUNDO
Catorce metros de alto, trece toneladas de peso, doce
horas diárias de trabajo durante nueve meses y 53
cajas especialmente preparadas para mantener la temperatura y la humedad exactas para que nada se
deteriore en el largo viaje desde Recife, Brasil,
hasta Nueva York, son sólo los datos estadísticos de
un proyecto fantástico que está llegando a su fin en
estos días.
Se trata del altar mayor del monasterio de San Bento
de Olinda, Pernambuco, que ha ingresado en su etapa
final de restauración y que en un par de semanas
viajará a la Gran Manzana para ser expuesto en una
muestra de arte barroco en el museo Guggenheim. La inmensa estructura de madera de cedro, construída
entre los años 1783-86 supuestamente por el artista
pernambucano José Gomes de Figueiredo, fue restaurada
por un equipo
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de 30 personas del Laboratorio de
Investigación, Conservación y Restauración de
Documentos y Obras de Arte de la Fundación Joaquim
Nabuco.
Este equipo trabajó desde enero en cada una de las
etapas que se debió realizar sobre la obra y sobre las
tres figuras religiosas que acompañan el altar: la de
San Bento, la de su hermana gemela Santa Escolástica y
la de San Gregorio Magno. Cada uno de estas figuras
mide, aproximadamente, 1,60 de altura. El altar forma
parte del monasterio que fue construído a fines del
siglo XVI en lo alto de un cerro en Olinda. El costo de la restauración rondó los 700 mil dólares
y se realizó en conjunto con la Asociación Brasil
+500, de San Pablo.
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EL TRABAJO
Como si se tratara de un monumental rompecabezas, el
primer paso del trabajo de restauración consistió en
realizar un mapa de las 53 piezas que componen el
altar de madera. Esto era más que necesario, ya que
cada pieza debió pasar por un tratamiento especial y
era vital desarmar toda la estructura de catorce
metros de alto.
Luego los técnicos de la Fundación Joaquim Nabuco
debieron desinfectar e hinmunizar todas las piezas, ya
que estaban comidas por unos pequeños bichos que viven
dentro de la madera. A partir de allí comenzó el
verdadero trabajo de restauración artística.
Para esta etapa, quizá la más complicada de todas, fue
necesario realizar un estudio de cada pieza, para
mantener el volumen y la profundidad de cada una de
ellas y que no se perdiera la intención de
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artista a
la hora de realizar la obra.
Luego de esto se comenzó a trabajar en la recuperación
de cada pieza. Luego de una limpieza, en la que se
retiran los restos extraños a la pieza, pero en los
que se dejan todos los restos de pintura original, se
pasa a la aplicación de la nueva capa de pintura.
Arriba de esta nueva capa, se incorporaron las capas
de color oro, cada una con una tonalidad diferente
para dar la impresión de volumen y profundidad a toda
la obra. Esta última tarea se realiza como nivelamiento final.
Lo cierto es que el próximo día 20 la obra será
expuesta para la prensa local e internacional y luego
cada una de las 53 piezas será cuidadosamente guardada
en una caja térmica diseñada para la ocasión y de allí
embarcarán para Nueva York. En su viaje la acompañarán
algunos de los técnicos que restauraron el altar, dos
maceneros y un tallador.
Luego de permanecer durante cuatro meses en los Estados Unidos, la obra, que puede ser considerada de
estilo rococó, volverá a Recife, en donde será
sometida a un riguroso estudio para conocer las consecuencias del largo viaje y, sobre todo, si el
cambio climático no la dañó. Si todo sale bien, el
inmenso altar partirá hacia la otra sede del museo,
esta vez en Bilbao, España.
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