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En Tránsito 
(La vida en ninguna parte)
fotografías de Daniel Merle

del 31 de mayo hasta el 16 de julio de 2000
Pared de ensayos fotográficos de la Alianza Francesa, Av. Córdoba 946
Visitas de Lunes a Viernes de 9 a 21hs. y sábados de 9 a 13hs

En tránsito

Hace algunos años un amigo me prestó un pequeño libro de André Kertesz llamado "Readings". Una colección de fotografías de personas leyendo en las más diversas circunstancias de la vida cotidiana. Esas imágenes, donde incluso había una fotografía tomada en Buenos Aires a fines de los años 50, quedaron grabadas en mi mente.Persistir en las propias obsesiones siempre me pareció una de las más grandes cualidades de un fotógrafo.

Como Walker Evans decía: "Mirar es la forma de educar el ojo, y más aún, mirar, espiar, escuchar, fisgonear. Morir conociendo algo. No estamos aquí por mucho tiempo".

Debido a mi profesión de reportero gráfico o a mi poca capacidad de concentración nunca pude agotar todas las posibilidades de un tema fotográfico que me interesara. El entusiasmo se desvanecía en algún momento y los reflejos del reportero funcionaban de inmediato: pasar rápido a otro tema.

Por otra parte nunca me sentí cómodo con la actitud clásica del reportero gráfico: un señor de aspecto excéntrico con sus cámaras en bandolera. Una presencia invasora.

El año pasado empecé a fotografiar en las calles tratando de seguir los buenos consejos de los grandes maestros de la fotografía callejera: Henri Cartier Bresson, Robert Frank, Leon Levinstein, Garry Winogrand, Louis Faurer. Y simplemente me dejé llevar por mis obsesiones en el mundo real y sus fragmentos: la lectura, las mujeres, los medios de transporte, gente en tránsito.

Como no podía dedicar tiempo especial para hacer salidas fotográficas, comencé a fotografiar mientras yo mismo estaba en tránsito hacia alguna parte. 

Una forma de superar un viejo conflicto: no tengo tiempo para hacer lo que deseo, luego no fotografío. La limitación del tiempo y del espacio se constituyó en el motor para trabajar. En el colectivo, el subterráneo, las calles, los aeropuertos, las salidas de los cines, espacios urbanos donde la gente espera. Siempre de paso. Fotografíar lo conocido y lo desconocido en los rostros de la gente sentada frente a mí un lunes a la mañana temprano rumbo al trabajo, o en la sala de pasajeros en tránsito en un aeropuerto, mirando la misma vidriera que yo.

Encontré las expresiones alertas de aquellos para quienes la ciudad es siempre ajena y saben que sus movimientos son imprevisibles; otros cuya actitud deliberada -"voy hacia tal lugar"; "debo llegar a tal hora"; "me esperan..."- denota una intención, un objetivo que imprime una tensión en la mirada, en la posición del cuerpo. Pero también hay un momento en que la persona en tránsito se abandona y descansa fatigada, decide olvidar su entorno. Es en esos momentos cuando queda al descubierto su vulnerabilidad. 

 

La falta de actitud, cuando se deja llevar (mientras lee su libro y está atento al pasar de las estaciones del subte), afloja la mirada, el cuerpo se distiende. La persona se abstrae, parece mucho más sola, está desconectada, es un momento de privacidad a pesar de estar rodeada de gente. Ya no es afectada por el medio.

Mi idea era lograr el más puro realismo a través de la mínima intervención sobre la situación a fotografíar. La intuición sobre la técnica y la composición, en la tradición de aquellos fotógrafos callejeros que trabajaban furtivamente sin que su presencia se hiciera consciente al sujeto.
¿Cuánto tiempo de nuestras vidas transcurre en tránsito? Hace unos años un amigo había hecho el cálculo de cuánto tiempo de su vida había pasado en ninguna parte, dentro de ascensores, desplazándose de un lugar a otro. La cifra era inquietante.

A veces, cuando miro los rostros de esas personas que fotografío, en ocasiones a menos de un metro de distancia, siento que llevo mi impunidad demasiado lejos. No sé quiénes son ni tampoco si están de acuerdo en que yo las fotografíe. Pero enseguida pienso: ¿es que acaso las estoy perjudicando? ¿No es necesario detenerse y vernos en este andar cotidiano? Es como mirarse al espejo, no se pide permiso y hay que registrarlo.

Lo único que espero es que comprendan la razón de mi intromisión: mostrar cómo se pasa la vida en estos extraños lugares públicos en una gran ciudad. Y sólo la fotografía puede ser el instrumento de registro. Porque está fija en un soporte. Es un objeto físico que podemos volver a mirar para ver algo que no vimos antes o para comparar como éramos y en qué podemos convertirnos. Es la única forma de detenerse en este mundo en tránsito.

Daniel Merle


 

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